Relatos de amor, discrepancia y contraste

Te propongo un reto: compartamos historias bonitas, de superación, de salud, de amistad, de valentía, de risa, de libertad, de amor en medio de la contradicción, de alegría en medio del caos, de compasión en medio de la discrepancia.

Aquí comparto algunas historias que resultarán inspiradoras y bellas para algunas personas o que enfadarán a otras. ¿Observas o juzgas? Esta es la dualidad en la que vivimos. ¡Gracias por leer estos relatos de amor, discrepancia y contraste!

Incluiré nuevos relatos en esta misma entrada.

Pequeñas alegrías y momentos fugaces

Cada vez que salgo de casa a caminar le pido al universo que me despeje el camino.

Mi intención es sonreír mucho y ofrecer la mejor de mis sonrisas a las personas que van sin la mascarilla puesta en el parque.

Hoy somos bastantes: ancianos, adultos y algún niño. Unos caminan bajo los árboles, otros descansan en los bancos, una pareja de cincuentones juega al ping pong. Los jóvenes juegan al baloncesto. Un par de mujeres y hombres corren. Una pareja de sesentones camina: él, sin mascarilla; ella, se la pone y se la quita.

De entre los árboles aparece un elegante abuelo vestido de camisa de lino blanco y pantalón largo. Lleva la mascarilla en la mano y me mira a los ojos. Le sonrío con la más profunda ternura y él me devuelve la sonrisa con reverencia.

“Eres un valiente y estás sano, a salvo”, le bendigo en silencio y él mantiene su mirada y asiente como si leyera mi mente, mientras nuestros caminos se cruzan y nuestros corazones se tocan en un momento fugaz.

 

Flechazo

Vi algo maravilloso un lunes. Nueve meses esperando este momento. El ginecólogo te puso sobre mi vientre y tú levantaste la cabeza y me miraste con esos ojazos de otro mundo para hacer brotar de los míos lágrimas de felicidad, mi pequeño gran amor

Ver en instagram.

Amor sin palabras

Álvaro tiene ocho años y es autista. Leo, mi hijo de once, juega con él en su casa a veces porque es amigo de su hermano.

Una tarde, su madre me llama y me dice: “tu hijo es un ángel. Hay que ver la ternura con la que trata a Álvaro, la paciencia que le tiene. Es una bendición”.

Por eso, el día que Álvaro se me acerca en el patio y, al saber que soy la madre de Leo, me da un beso en la mejilla, me invade una serena alegría, una creciente gratitud, una inmensa satisfacción.

Álvaro no usa ni necesita palabras para expresarse. Un beso sorpresa es más que suficiente para avivar la luz del amor que ha encendido Leo.

¡Gracias, amor!

 

Alegría en medio del caos

Somos vecinas desde hace catorce años y nos encontramos en el patio de la urbanización muy de vez en cuando. Hace cuatro años, su marido le prohibió tener amigas.

Cada vez que nos encontramos, nos abrazamos, si él no está con ella. Esta vez, soltamos lo que llevamos en las manos y nos damos un delicioso abrazo apretado. Con los ojos cerrados y con las mejillas pegadas sin mascarillas, nos olfateamos y hacemos ruiditos, como lo hace una madre con su bebé.

“Déjame verte”, me dice con ojos ávidos y me separa de ella agarrando mi brazo con la delicadeza de una bailarina de ballet. A mí se me enciende el corazón porque sigue viva después de dos intentos de suicidio y de años de maltrato. Ella decidió seguir con él, y aunque no comparto su decisión, la respeto.

Ella, que no tiene trabajo fijo, ahora vende mascarillas de tela personalizadas y limpia peluquerías varias veces al día. Yo, que uso la mascarilla por obligación, lo menos posible, le deseo lo mejor.

¡Que vendas muchas!, le digo de corazón. Ella es un amor y se merece el cielo.

“¡Si vieras todo lo que vendo, es la locura!”, me dice con una sonrisa de anuncio publicitario mientras abre las bolsas llenas de mascarillas de algodón de distintos colores y precios.

“No quiero que me multen”, dice mientras se pone una mascarilla de algodón azul celeste salpicada de estrellas blancas.

Y, a pesar de que ahora ya no veo su bella sonrisa, por primera vez en cinco meses, me alegro de esta locura que estamos viviendo.

 

Discrepancia compasiva

Ha pasado más de un mes desde que nos vimos por última vez y noto los cambios en él. Huyó de la ciudad con su familia en busca de la naturaleza porque quería libertad y casi enloquece durante el confinamiento.

Ahora tiene miedo y no lo acepta. Se ha dejado convencer por la narrativa alarmista bombardeada a través de los medios y rechaza todo lo que no concuerde con ella. Me decepciona.

Cuando le digo que en España la curva de muertos está plana desde mayo, que la mascarilla sobra al aire libre y que no hay rebrotes sino falsos positivos me llama polarizada sin darse cuenta de que él también lo está, por muy neutral que quiera ser.

Me duele verlo hundirse en la oscuridad. Creí que estábamos en el mismo barco. No me escucha y por eso me callo.

«Mañana me hacen la PCR», dice tirando de su cabello enredado entre sus dedos, y siento su ansiedad que viene de lejos y se condensa como la escarcha que cae en un frasco de agua recién agitado. Necesita ese trabajo nuevo que le acaba de salir. Necesita que el resultado del PCR sea negativo. Tiene miedo a enfermarse y a dejar a su familia desamparada.

“Me han enviado el protocolo de seguridad, es un tocho enorme”, balbucea hundiendo y negando con la cabeza entre sus manos. Y sé que va a acatar a raja tabla todo lo que le pidan aunque no le guste.

«No me puedo creer que tantos gobernantes se hayan puesto de acuerdo para limitar nuestros derechos solo por poder y dinero», niega frunciendo el ceño. Siento, en el tono de su voz, la lucha interna de los demonios que él mismo ha creado y que solo él puede desvanecer.

Se distrae para evitar ver su propio vacío. Atenta, le escucho con el corazón y en silencio. Nada que yo diga o haga podrá cambiar el curso de sus pensamientos que revolotean como aves rapaces alrededor de su presa.

Decido no volver a tocar este tema espinoso. Pensamos distinto. Vivimos en dos realidades paralelas. Lo acepto, respiro, espero. Veo en él a un niño asustado y me invade la ternura. Y cuando se despierta la compasión en mí, deseo que él también la sienta por su propio bien.

 

Humanidad

Madame V. es profesora de francés desde hace 15 años. Hoy es el primer día de clases de un nuevo curso después de meses de confinamiento y vacaciones.

Hoy es un día distinto y raro. Y como todos están enmascarados, dice a sus jóvenes estudiantes: «Vamos a quitarnos las mascarillas unos minutos porque quiero que nos veamos las caras y nos presentemos».

Los niños y niñas se las quitan de inmediato, y madame V. los mira uno a uno intentando memorizar sus rasgos y sus nombres mientras asiente con una gran sonrisa traviesa. Ella dirige la sinfonía de sonrisas y miradas cómplices tras las mamparas de cristal que los separan. Y durante esos siete minutos de libertad, respiran a sus anchas, se miran y reconocen la belleza de su propia humanidad.

 

El círculo de mujeres valientes

Mi mano derecha que hacia abajo da, reposa sobre tu mano izquierda que hacia arriba recibe. Sentadas en círculo, alrededor de una vela, sentimos el contacto, el calor de la piel y la vibración de nuestra energía. El aroma del té verde con fresas y de las galletas de coco recién salidas del horno acaricia nuestras fosas nasales.

Nos abrimos a compartir lo que salga en ese momento y a escucharnos con el corazón y sin juzgar. Recuperamos el contacto físico, la cercanía, la familiaridad, la confianza, la risa, la ternura, las ganas de vivir, el gran valor de la maternidad, la necesidad de reflexionar, el gozo de una tarde entre amigas, el placer de respirar en libertad.

Recuperamos en privado lo que nos arrebata el colectivo por temor a un virus. Desencarcelamos las sonrisas, activamos el corazón y disfrutamos del tacto.

Y así, cogidas de las manos, tejemos una red de solidaridad que da la cara y se expresa desde la profundidad y la alegría. Porque para eso hemos nacido, para gozar de la vida en libertad.

Somos valientes: nos abrazamos, nos damos dos besos, nos damos la mano. Da igual haber venido en metro. Las mascarillas, el gel y la distancia personal son elementos de una pesadilla de la que hemos despertado. Estamos sanas y así seguiremos porque sabemos que el poder del amor diluye el miedo y cualquier enfermedad.

 

Escribir para sanar en positivo y manifestar la realidad deseada

¿Te escuchas cuando hablas? ¿Has sentido en tu cuerpo el efecto de las palabras propias y ajenas? ¿Qué sientes cuando alguien te dice que no?

¿Sabías que los titulares negativos consiguen un 63% más de atención que los positivos? Las noticias, la publicidad, la propaganda, el marketing saben apretar ahí donde te duele. Y después de captar tu interés, inyectan emoción al problema para que compres o hagas algo.

Si te fijas, aprendemos a hablar y a pensar dentro de una familia, una sociedad y una cultura. Repetimos esquemas y programaciones de manera automática. Además, tendemos a hablar en negativo y eso es contraproducente.

¿Lo habías notado?

En positivo

Por eso hoy te propongo cuidar la forma en que hablas y escribir para sanar en positivo. Cuando transformas tu diálogo interno, cambias lo que sientes y ves fuera.

Pensar, hablar y escribir en positivo es un enfoque que te ayuda a manifestar la realidad que sí quieres.

Como te conté en artículos anteriores, el acto de escribir es terapéutico y ofrece múltiples beneficios como desahogarte, aclarar la mente y facilitar la toma de decisiones.

Hoy comparto un ejercicio transformador. Para que funcione hay que practicar. Lo primero es tomar consciencia (salir del modo automático) para luego cambiar de hábitos y así alinear idea, palabra y emoción.

Nota: todas las emociones son bienvenidas y nos muestran algo de nosotros mismos. Lo importante es lo que hacemos con ellas. Validar las emociones es sacarlas a la luz, sentirlas y luego dejar que se esfumen. Una herramienta para honrar las emociones negativas y liberarlas es el EFT tapping (técnica basada en la acupuntura china).

¿Sabías que las emociones negativas también son creativas? Eso depende de ti.

El poder de las palabras

Las palabras tienen poder: algunas hieren, otras sanan. Pueden unir o separar.

Además, definimos la realidad con palabras. Las palabras que elegimos para narrar nuestras experiencias son importantes y programan o afectan nuestro subconsciente.

Lo que te cuentas es lo que te crees y lo que crees es lo que creas porque le das tu energía.

¿Sabías que los insultos verbales, las quejas y las amenazas de violencia dañan el cerebro? ¿Cómo te estás hablando? ¿Qué te dices cuando te equivocas?

Las palabras más importantes que vas a escuchar en tu vida, las que tienen el mayor impacto, son las que te dices a ti mismo/a. —Marisa Peer.

Esas palabras que te etiquetan, ¿las escogiste tú o alguien más lo hizo, y tú te lo creíste? ¿Te atreves a quitarte las etiquetas?

Cada palabra, cada lengua, cada estructura tiene una vibración distinta.

¿Sabías que el cerebro procesa mal las frases negativas?

Si tu hijo/a grita y para que se calme tú le dices levantando la voz: “¡No grites!”, le estás dando un doble mensaje negativo e incoherente.

El “no” acompañado por un tono de voz contradictorio: otro grito. El cerebro bloquea el «no» y se queda con el «grita». Entonces vas a tener más de aquello que querías evitar.

El poder de las palabras. Palabras mágicas. Acuarela N.M. Parga

Si tu hijo/a grita, es mejor decir de manera calmada: “por favor, (aquí el nombre del niño/a), baja la voz”.

También puedes decir: para, deja de, evita, mejor haz X, qué tal si.

Lo mismo pasa cuando enuncias tus deseos en negativo: «no quiero enfermarme», «no me gustan los conflictos». ¿Qué va a pasar? Que sin darte cuenta estás programando tu cerebro para enfermarte y para tener conflictos.

Recuerda: Ahí donde pones tu atención, pones tu energía.

Di lo que sí quieres. Pon tu atención en todo lo que sí deseas manifestar, escoge estar a favor de y tu vida fluirá más fácil.

El cerebro es literal por eso hay que escoger con pinzas todo lo que nos decimos.

¿Y para poner límites?

El no es útil para definir tus preferencias, para delimitar tu espacio, para evitar caer en distracciones. A veces es necesario un: «no, gracias».

Es distinto decir no a expresarse en negativo.

Ahora vamos a hacer un ejercicio para sentir las palabras en el cuerpo.

Para un momento y respira profundo varias veces. Conecta con tu cuerpo y sus sensaciones.

Di en voz alta: no a la guerra.

¿Cómo reacciona tu cuerpo con esta frase?

¿Sientes una ligera contracción en alguna parte, tal vez en la boca del estómago, en la mandíbula? ¿Tu cuerpo se inclina?

Ahora, di en voz alta: sí a la paz.

¿Cómo reacciona tu cuerpo con esta frase?

¿Sientes una expansión en el pecho? ¿Te relajas? Como si hubieras soltado tensión o peso…

¿Sabías que el orden de las palabras altera el resultado?

Así es. El orden de las palabras tiene un impacto emocional en las personas. Por ejemplo:

“La paella estaba deliciosa, pero engorda”.

“La paella engorda, pero estaba deliciosa”.

Son dos frases compuestas por las mismas palabras que no dejan el mismo sabor de boca. Lo último que se dice se percibe como más importante que lo anterior.

¿Por qué? Porque el pero borra lo que está antes.

Todos los «pero» te alejan de tus sueños.

Además, el orden al presentar una estadística influye en la reacción y puede ser una forma de manipulación. ¿Te habías dado cuenta?

Escribir para sanar en positivo

Este es un ejercicio de escritura terapéutica que requiere un mayor nivel de consciencia y de atención.

A veces es más fácil identificar el lenguaje negativo en las personas que nos rodean que en nosotros mismos.

Así que un primer paso sería observar y escuchar con atención a las personas con las que hablas y lo que lees para identificar cómo estructuran las frases y cómo podrían expresarse en positivo.

Ejercicio 1: Cambia tu lenguaje, mejora tu vida y causa un efecto positivo

Premisa: podemos cambiar los modelos de realidad de causa-efecto. Si estás esperando, no estás creando. Puedes causar un efecto en ti y en tu entorno.

Para modificar la programación de tu mente inconsciente, tiene que haber un cambio fisiológico, de lenguaje y de comportamiento (energía).

La gente que tiene una visión nítida de lo que quiere conseguir es la que lo consigue.

Objetivo: prestar atención a la forma en que hablamos y cambiar algunas frases del negativo al positivo para cambiar el efecto.

¿Cómo?

Transforma estas frases para causar un efecto positivo.

Ejemplo 1:

Frase negativa: No puedes esperar la riqueza para sentirte rico y próspero.

Frase positiva: En el momento en que comienzas a sentirte abundante y digno estás generando riqueza.

Ejemplo 2:

Frase negativa: No quiero enfermarme.

Frase positiva: Gozo de buena salud y cuido lo que como, lo que pienso y lo que hago para mantenerme sano/a. Confío en mi sistema inmune.

Ejemplo 3:

Frase negativa: No olvides hacer esto.

Frase positiva: Recuerda hacer esto.

Ejemplo 4:

Copywriting negativo: ¿Estás harto/a de perder dinero en publicidad?

Copywriting positivo: ¿Quieres invertir mejor tu dinero y magnetizar con otra consciencia?

¿Cómo transformarías las siguientes frases para causar un efecto positivo?

No puedes esperar el éxito para sentirte empoderado/a.

No puedes esperar una nueva relación para sentir amor.

No puedes esperar tu curación para sentirte agradecido y completo.

No puedes esperar un momento místico para sentir asombro.

Expresar la misma idea de manera + positiva:

La vida es una lucha … + la vida es una aventura.

Es un fracaso … + es un ensayo.

Es un error … + es una lección.

Es un obstáculo …es un reto.

Es una dificultad …es una oportunidad.

Me gustaría, necesito …quiero.

Soy viejo/a …tengo experiencia.

Soy incapaz de hacerlo …¿cómo puedo lograrlo?

Voy a intentar …lo voy a lograr.

Es difícil …es formador.

Es estresante …es estimulante.

No está mal …está bien, genial, me gusta.

Tiene suerte …es tenaz.

Ejercicio 2: Quema lo que te impide elevarte

Premisa: la limpieza interior pasa primero por identificar todo lo que contamina tu entorno y tu relación con los demás para después liberarte de eso.

Objetivo: identificar lo que no quieres y lo que sí quieres en tu vida.

¿Cómo?

Paso 1: Escribe a mano en una hoja A4 todo aquello que ya no quieres en tu vida, todo lo que te pesa, lo que quieres cambiar, lo que te haría bien soltar. Haz una lista detallada de todos los «no quiero…» y cuando hayas terminado, agradece, suelta y quema o rompe la lista.

Paso 2: Escribe a mano en tu agenda y de manera positiva todo lo que sí quieres en tu vida, lo que quieres que crezca, tus sueños, tus deseos, describe tu mejor versión. Revisa esta lista varias veces por semana y mira si estás haciendo algo para avanzar en esa dirección.

La vida es como un globo aerostático. Para subir más, hay que saber soltar lastre y arrojar por la borda todo lo que nos impide elevarnos. Raphaëlle Giordano.

Ejercicio 3: Bellas instantáneas

Premisa: Observar la realidad desde otra perspectiva te ayuda a abrir la mente a nuevas posibilidades. Todo depende del filtro con el que ves tu realidad. Entrenarte en ver lo positivo, lo bello, lo que disfrutas hace que cada vez veas y aprecies más lo bello, amable y divertido que te rodea.

Objetivo: entrénate para ver lo bello, amable y divertido.

¿Cómo?

En casa o cuando salgas, en lugar de concentrarte en lo desagradable, feo, irritante, etc., intenta fijar la atención en lo agradable, bello, reconfortante, gracioso. Y cuando tengas un rato describe eso que te ha gustado del día.

Por ejemplo, «esta mañana el amanecer ofreció un hermoso espectáculo. Las nubes de un rosa pálido acariciaban el azul bebé del cielo como si fueran enormes motas de algodón».

Cambia los pretextos por propuestas.

Cambia la queja por la apreciación.

Deja de preocuparte y refuerza el estado mental que sí te funciona.

Al elaborar nuestros textos y frases de una manera diferente, nos abrimos a vivir de una manera distinta. Esta es una clave de pensamiento creativo para vivir la vida que queremos.

Creer y crear están a solo una letra de distancia.

Usa un lenguaje poderoso que abra posibilidades para ti.

¿Te atreves a soltar los viejos paradigmas y a pensar para manifestar?

¿Te ha sido útil?

Por favor, comparte este artículo con alguien a quien pueda interesarle.

¡Gracias!

Artículos relacionados

Escribir para sanar, cinco ejercicios de escritura terapéutica