Relatos de amor, discrepancia y contraste

Te propongo un reto: compartamos historias bonitas, de superación, de salud, de amistad, de valentía, de risa, de libertad, de amor en medio de la contradicción, de alegría en medio del caos, de compasión en medio de la discrepancia.

Aquí comparto algunas historias que resultarán inspiradoras y bellas para algunas personas o que enfadarán a otras. ¿Observas o juzgas? Esta es la dualidad en la que vivimos. ¡Gracias por leer estos relatos de amor, discrepancia y contraste!

Incluiré nuevos relatos en esta misma entrada.

Pequeñas alegrías y momentos fugaces

Cada vez que salgo de casa a caminar le pido al universo que me despeje el camino.

Mi intención es sonreír mucho y ofrecer la mejor de mis sonrisas a las personas que van sin la mascarilla puesta en el parque.

Hoy somos bastantes: ancianos, adultos y algún niño. Unos caminan bajo los árboles, otros descansan en los bancos, una pareja de cincuentones juega al ping pong. Los jóvenes juegan al baloncesto. Un par de mujeres y hombres corren. Una pareja de sesentones camina: él, sin mascarilla; ella, se la pone y se la quita.

De entre los árboles aparece un elegante abuelo vestido de camisa de lino blanco y pantalón largo. Lleva la mascarilla en la mano y me mira a los ojos. Le sonrío con la más profunda ternura y él me devuelve la sonrisa con reverencia.

“Eres un valiente y estás sano, a salvo”, le bendigo en silencio y él mantiene su mirada y asiente como si leyera mi mente, mientras nuestros caminos se cruzan y nuestros corazones se tocan en un momento fugaz.

 

Flechazo

Vi algo maravilloso un lunes. Nueve meses esperando este momento. El ginecólogo te puso sobre mi vientre y tú levantaste la cabeza y me miraste con esos ojazos de otro mundo para hacer brotar de los míos lágrimas de felicidad, mi pequeño gran amor

Ver en instagram.

Amor sin palabras

Álvaro tiene ocho años y es autista. Leo, mi hijo de once, juega con él en su casa a veces porque es amigo de su hermano.

Una tarde, su madre me llama y me dice: “tu hijo es un ángel. Hay que ver la ternura con la que trata a Álvaro, la paciencia que le tiene. Es una bendición”.

Por eso, el día que Álvaro se me acerca en el patio y, al saber que soy la madre de Leo, me da un beso en la mejilla, me invade una serena alegría, una creciente gratitud, una inmensa satisfacción.

Álvaro no usa ni necesita palabras para expresarse. Un beso sorpresa es más que suficiente para avivar la luz del amor que ha encendido Leo.

¡Gracias, amor!

 

Alegría en medio del caos

Somos vecinas desde hace catorce años y nos encontramos en el patio de la urbanización muy de vez en cuando. Hace cuatro años, su marido le prohibió tener amigas.

Cada vez que nos encontramos, nos abrazamos, si él no está con ella. Esta vez, soltamos lo que llevamos en las manos y nos damos un delicioso abrazo apretado. Con los ojos cerrados y con las mejillas pegadas sin mascarillas, nos olfateamos y hacemos ruiditos, como lo hace una madre con su bebé.

“Déjame verte”, me dice con ojos ávidos y me separa de ella agarrando mi brazo con la delicadeza de una bailarina de ballet. A mí se me enciende el corazón porque sigue viva después de dos intentos de suicidio y de años de maltrato. Ella decidió seguir con él, y aunque no comparto su decisión, la respeto.

Ella, que no tiene trabajo fijo, ahora vende mascarillas de tela personalizadas y limpia peluquerías varias veces al día. Yo, que uso la mascarilla por obligación, lo menos posible, le deseo lo mejor.

¡Que vendas muchas!, le digo de corazón. Ella es un amor y se merece el cielo.

“¡Si vieras todo lo que vendo, es la locura!”, me dice con una sonrisa de anuncio publicitario mientras abre las bolsas llenas de mascarillas de algodón de distintos colores y precios.

“No quiero que me multen”, dice mientras se pone una mascarilla de algodón azul celeste salpicada de estrellas blancas.

Y, a pesar de que ahora ya no veo su bella sonrisa, por primera vez en cinco meses, me alegro de esta locura que estamos viviendo.

 

Discrepancia compasiva

Ha pasado más de un mes desde que nos vimos por última vez y noto los cambios en él. Huyó de la ciudad con su familia en busca de la naturaleza porque quería libertad y casi enloquece durante el confinamiento.

Ahora tiene miedo y no lo acepta. Se ha dejado convencer por la narrativa alarmista bombardeada a través de los medios y rechaza todo lo que no concuerde con ella. Me decepciona.

Cuando le digo que en España la curva de muertos está plana desde mayo, que la mascarilla sobra al aire libre y que no hay rebrotes sino falsos positivos me llama polarizada sin darse cuenta de que él también lo está, por muy neutral que quiera ser.

Me duele verlo hundirse en la oscuridad. Creí que estábamos en el mismo barco. No me escucha y por eso me callo.

«Mañana me hacen la PCR», dice tirando de su cabello enredado entre sus dedos, y siento su ansiedad que viene de lejos y se condensa como la escarcha que cae en un frasco de agua recién agitado. Necesita ese trabajo nuevo que le acaba de salir. Necesita que el resultado del PCR sea negativo. Tiene miedo a enfermarse y a dejar a su familia desamparada.

“Me han enviado el protocolo de seguridad, es un tocho enorme”, balbucea hundiendo y negando con la cabeza entre sus manos. Y sé que va a acatar a raja tabla todo lo que le pidan aunque no le guste.

«No me puedo creer que tantos gobernantes se hayan puesto de acuerdo para limitar nuestros derechos solo por poder y dinero», niega frunciendo el ceño. Siento, en el tono de su voz, la lucha interna de los demonios que él mismo ha creado y que solo él puede desvanecer.

Se distrae para evitar ver su propio vacío. Atenta, le escucho con el corazón y en silencio. Nada que yo diga o haga podrá cambiar el curso de sus pensamientos que revolotean como aves rapaces alrededor de su presa.

Decido no volver a tocar este tema espinoso. Pensamos distinto. Vivimos en dos realidades paralelas. Lo acepto, respiro, espero. Veo en él a un niño asustado y me invade la ternura. Y cuando se despierta la compasión en mí, deseo que él también la sienta por su propio bien.

 

Humanidad

Madame V. es profesora de francés desde hace 15 años. Hoy es el primer día de clases de un nuevo curso después de meses de confinamiento y vacaciones.

Hoy es un día distinto y raro. Y como todos están enmascarados, dice a sus jóvenes estudiantes: «Vamos a quitarnos las mascarillas unos minutos porque quiero que nos veamos las caras y nos presentemos».

Los niños y niñas se las quitan de inmediato, y madame V. los mira uno a uno intentando memorizar sus rasgos y sus nombres mientras asiente con una gran sonrisa traviesa. Ella dirige la sinfonía de sonrisas y miradas cómplices tras las mamparas de cristal que los separan. Y durante esos siete minutos de libertad, respiran a sus anchas, se miran y reconocen la belleza de su propia humanidad.

 

El círculo de mujeres valientes

Mi mano derecha que hacia abajo da, reposa sobre tu mano izquierda que hacia arriba recibe. Sentadas en círculo, alrededor de una vela, sentimos el contacto, el calor de la piel y la vibración de nuestra energía. El aroma del té verde con fresas y de las galletas de coco recién salidas del horno acaricia nuestras fosas nasales.

Nos abrimos a compartir lo que salga en ese momento y a escucharnos con el corazón y sin juzgar. Recuperamos el contacto físico, la cercanía, la familiaridad, la confianza, la risa, la ternura, las ganas de vivir, el gran valor de la maternidad, la necesidad de reflexionar, el gozo de una tarde entre amigas, el placer de respirar en libertad.

Recuperamos en privado lo que nos arrebata el colectivo por temor a un virus. Desencarcelamos las sonrisas, activamos el corazón y disfrutamos del tacto.

Y así, cogidas de las manos, tejemos una red de solidaridad que da la cara y se expresa desde la profundidad y la alegría. Porque para eso hemos nacido, para gozar de la vida en libertad.

Somos valientes: nos abrazamos, nos damos dos besos, nos damos la mano. Da igual haber venido en metro. Las mascarillas, el gel y la distancia personal son elementos de una pesadilla de la que hemos despertado. Estamos sanas y así seguiremos porque sabemos que el poder del amor diluye el miedo y cualquier enfermedad.

 

Escribir para sanar en positivo y manifestar la realidad deseada

¿Te escuchas cuando hablas? ¿Has sentido en tu cuerpo el efecto de las palabras propias y ajenas? ¿Qué sientes cuando alguien te dice que no?

¿Sabías que los titulares negativos consiguen un 63% más de atención que los positivos? Las noticias, la publicidad, la propaganda, el marketing saben apretar ahí donde te duele. Y después de captar tu interés, inyectan emoción al problema para que compres o hagas algo.

Si te fijas, aprendemos a hablar y a pensar dentro de una familia, una sociedad y una cultura. Repetimos esquemas y programaciones de manera automática. Además, tendemos a hablar en negativo y eso es contraproducente.

¿Lo habías notado?

Por eso hoy te propongo escribir para sanar en positivo. Cuando transformas tu diálogo interno, cambias lo que ves fuera.

Pensar, hablar y escribir en positivo es un enfoque que te ayuda a manifestar la realidad que sí quieres.

Como te conté en artículos anteriores, el acto de escribir es terapéutico y ofrece múltiples beneficios como desahogarte, aclarar la mente y facilitar la toma de decisiones.

Hoy comparto un ejercicio transformador. Para que funcione hay que practicar. Lo primero es tomar consciencia (salir del modo automático) para luego cambiar de hábitos y así alinear idea, palabra y emoción.

Nota: todas las emociones son bienvenidas y nos muestran algo de nosotros mismos. Lo importante es lo que hacemos con ellas. Validar las emociones es sacarlas a la luz, sentirlas y luego limpiarlas. Una herramienta para honrar las emociones negativas y liberarlas es el EFT tapping (técnica basada en la acupuntura china).

¿Sabías que las emociones negativas también son creativas?

El poder de las palabras

Las palabras tienen poder: algunas hieren, otras sanan. Pueden unir o separar.

Además, definimos la realidad con palabras. Las palabras que elegimos para narrar nuestras experiencias son importantes.

Lo que te cuentas es lo que te crees y lo que crees es lo que creas.

¿Sabías que los insultos verbales, las quejas y las amenazas de violencia dañan el cerebro? ¿Cómo te estás hablando? ¿Qué te dices cuando te equivocas?

Las palabras más importantes que vas a escuchar en tu vida, las que tienen el mayor impacto, son las que te dices a ti mismo/a. —Marisa Peer.

Esas palabras que te etiquetan, ¿las escogiste tú o alguien más lo hizo y tú te lo creíste? ¿Te atreves a quitarte las etiquetas?

Cada palabra, cada lengua, cada estructura tiene una vibración distinta.

¿Sabías que el cerebro procesa mal las frases negativas?

Si tu hijo/a grita y para que se calme tú le dices levantando la voz: “¡No grites!”, le estás dando un doble mensaje negativo e incoherente.

El “no” acompañado por un tono de voz contradictorio: otro grito. El cerebro bloquea el «no» y se queda con el «grita». Entonces vas a tener más de aquello que querías evitar.

El poder de las palabras. Palabras mágicas. Acuarela N.M. Parga

Si tu hijo/a grita, es mejor decir de manera calmada: “por favor, (aquí el nombre del niño/a), baja la voz”.

También puedes decir: para, deja de, evita, mejor haz X, qué tal si.

Lo mismo pasa cuando enuncias tus deseos en negativo: «no quiero enfermarme», «no me gustan los conflictos». ¿Qué va a pasar? Que sin darte cuenta estás programando tu cerebro para enfermarte y para tener conflictos.

Recuerda: Ahí donde pones tu atención, pones tu energía.

Di lo que sí quieres. Pon tu atención en todo lo que sí deseas manifestar, escoge estar a favor de y tu vida fluirá más fácil.

El cerebro es literal por eso hay que escoger con pinzas todo lo que nos decimos.

¿Y para poner límites?

El no es útil para definir tus preferencias, para delimitar tu espacio, para evitar caer en distracciones. A veces es necesario un: «no, gracias».

Es distinto decir no a expresarse en negativo.

 

Ahora vamos a hacer un rápido ejercicio para sentir las palabras en el cuerpo.

Para un momento y respira profundo varias veces. Conecta con tu cuerpo y sus sensaciones.

Di en voz alta: no a la guerra.

¿Cómo reacciona tu cuerpo con esta frase?

¿Sientes una ligera contracción en alguna parte, tal vez en la boca del estómago, en la mandíbula? ¿Tu cuerpo se inclina?

 

Ahora, di en voz alta: sí a la paz.

¿Cómo reacciona tu cuerpo con esta frase?

¿Sientes una expansión en el pecho? Como si hubieras soltado tensión o peso…

 

¿Sabías que el orden de las palabras altera el resultado?

Así es. El orden de las palabras tiene un impacto emocional en las personas. Por ejemplo:

“La paella estaba deliciosa, pero engorda”.

“La paella engorda, pero estaba deliciosa”.

Son dos frases compuestas por las mismas palabras que no dejan el mismo sabor de boca. Lo último que se dice se percibe como más importante que lo anterior.

¿Por qué? Porque el pero borra lo que está antes.

Todos los «pero» te alejan de tus sueños.

 

Además, el orden al presentar una estadística influye en la reacción y puede ser una forma de manipulación. ¿Te habías dado cuenta?

 

Escribir para sanar en positivo

Este es un ejercicio de escritura terapéutica que requiere un mayor nivel de consciencia y de atención.

A veces es más fácil identificar el lenguaje negativo en las personas que nos rodean que en nosotros mismos.

Así que un primer paso sería observar y escuchar con atención a las personas con las que hablas y lo que lees para identificar cómo estructuran las frases y cómo podrían expresarse en positivo.

Ejercicio 1: Cambia tu lenguaje, mejora tu vida y causa un efecto positivo

Premisa: podemos cambiar los modelos de realidad de causa-efecto. Si estás esperando, no estás creando. Puedes causar un efecto en ti y en tu entorno.

Para modificar la programación de tu mente inconsciente, tiene que haber un cambio fisiológico, de lenguaje y de comportamiento (energía).

La gente que tiene una visión nítida de lo que quiere conseguir es la que lo consigue.

Objetivo: prestar atención a la forma en que hablamos y cambiar algunas frases del negativo al positivo para cambiar el efecto.

¿Cómo?

Transforma estas frases para causar un efecto positivo.

Ejemplo 1:

Frase negativa: No puedes esperar la riqueza para sentirte rico y próspero.

Frase positiva: En el momento en que comienzas a sentirte abundante y digno estás generando riqueza.

 

Ejemplo 2:

Frase negativa: No quiero enfermarme.

Frase positiva: Gozo de buena salud y cuido lo que como, lo que pienso y lo que hago para mantenerme sano/a. Confío en mi sistema inmune.

 

Ejemplo 3:

Frase negativa: No olvides hacer esto.

Frase positiva: Recuerda hacer esto.

 

Ejemplo 4:

Copywriting negativo: ¿Estás harto/a de perder dinero en publicidad?

Copywriting positivo: ¿Quieres invertir mejor tu dinero y magnetizar con otra consciencia?

 

¿Cómo transformarías las siguientes frases para causar un efecto positivo?

No puedes esperar el éxito para sentirte empoderado/a.

No puedes esperar una nueva relación para sentir amor.

No puedes esperar tu curación para sentirte agradecido y completo.

No puedes esperar un momento místico para sentir asombro.

 

Ejercicio 2: Quema lo que te impide elevarte

Premisa: la limpieza interior pasa primero por identificar todo lo que contamina tu entorno y tu relación con los demás para después liberarte de eso.

Objetivo: identificar lo que no quieres y lo que sí quieres en tu vida.

¿Cómo?

Paso 1: Escribe a mano en una hoja A4 todo aquello que ya no quieres en tu vida, todo lo que te pesa, lo que quieres cambiar, lo que te haría bien soltar. Haz una lista detallada de todos los «no quiero…» y cuando hayas terminado, quémala.

Paso 2: Escribe a mano en tu agenda y de manera positiva todo lo que sí quieres en tu vida, lo que quieres que crezca, tus sueños, tus deseos, describe tu mejor versión. Revisa esta lista varias veces por semana y mira si estás haciendo algo para avanzar en esa dirección.

La vida es como un globo aerostático. Para subir más, hay que saber soltar lastre y arrojar por la borda todo lo que nos impide elevarnos. Raphaëlle Giordano.

 

Ejercicio 3: Bellas instantáneas

Premisa: Observar la realidad desde otra perspectiva te ayuda a abrir la mente a nuevas posibilidades. Todo depende del filtro con el que ves tu realidad. Entrenarte en ver lo positivo hace que cada vez veas y aprecies más lo bello, amable y divertido que te rodea.

Objetivo: entrénate para ver lo bello, amable y divertido.

¿Cómo?

En casa o cuando salgas, en lugar de concentrarte en lo desagradable, feo, irritante, etc., intenta fijar la atención en lo agradable, bello, reconfortante, gracioso. Y cuando tengas un rato describe eso que te ha gustado del día.

Por ejemplo, «esta mañana el amanecer ofreció un hermoso espectáculo. Las nubes de un rosa pálido acariciaban el azul bebé del cielo como si fueran enormes motas de algodón».

 

 

Cambia los pretextos por propuestas.

Cambia la queja por la apreciación.

Deja de preocuparte y refuerza el estado mental que sí te funciona.

 

Al elaborar nuestros textos y frases de una manera diferente, nos abrimos a vivir de una manera distinta. Esta es una clave de pensamiento creativo para vivir la vida que queremos.

Creer y crear están a solo una letra de distancia.

Usa un lenguaje poderoso que abra posibilidades para ti.

¿Te atreves a soltar los viejos paradigmas y a pensar para manifestar?

¿Te ha sido útil?

Por favor, comparte este artículo con alguien a quien pueda interesarle.

¡Gracias!

Consciencia del cambio

El cambio está sucediendo y es necesario. La pregunta para ti es: ¿tienes consciencia del cambio?

Crisálida, dibujo a lápiz. N.M. Parga

¿Cómo vives en un mundo cambiante?

¿Cómo vives el cambio energético dentro de ti?

¿Cómo permites estos cambios en tu vida?

¿Dejas que sucedan con facilidad y gracia?

 

Tu percepción lo cambia todo

¿Juzgas lo que sucede o solo observas? Los condicionamientos de tus padres, sociedad, etc. te han moldeado por mucho tiempo.

¿Cómo vives en cada momento lo que ocurre?

¿Reaccionas?

Reaccionar es reproducir de manera automática un programa instalado en tu primera infancia. Estás en estado de alerta y en modo supervivencia. Es como apretar un gatillo. Te haces parte del problema. Este es el viejo paradigma.

¿Respondes?

Te dices: «elijo la respuesta que voy a dar y decido de manera consciente a lo largo del día». Eres consciente y estás en modo: «disfruto de la vida ahora. Pase lo que pase soy capaz de mantenerme en mi centro y en mi paz».

Al elegir cómo reaccionas ante lo que sucede, ejerces tu libre albedrío. Eres parte de la solución y del nuevo paradigma. Es un acto voluntario y consciente de irradiar amor.

El crecimiento espiritual más importante no ocurre cuando estás meditando o sobre una estera de yoga. Sucede en medio del conflicto, cuando sientes frustración, rabia, miedo y estás haciendo lo mismo de siempre, y de pronto te das cuenta de que tienes la opción de hacerlo de otra manera.

El cambio está sucediendo.

Como sabes, en el 2012 hubo un gran cambio energético y astrológico marcado en el calendario Maya. Algunas personas lo sentimos en nuestros cuerpos. Yo tuve un ictus, estuve a punto de morir y luego de unos días comencé a tener un mayor grado de consciencia y conexión con la fuente.

Para sanarme necesitaba generar nuevas conexiones cerebrales. Por ello, comencé a hacer cosas nuevas y diferentes todos los días. Y eso me facilitó abrirme al cambio y ser más flexible.

El cambio se está acelerando. La transformación de la humanidad se está acelerando. En el exterior vemos caos, incertidumbre, sistemas obsoletos que no funcionan. Necesitan desintegrarse para ser recreados con una energía más amorosa como base.

Nosotros también lo necesitamos. Si nos apegamos al pasado, a nuestra antigua forma de ser y nos resistimos al cambio, la vida será más difícil, nuestro sistema interno se romperá.

Sin embargo, el cambio es fluido al aceptar que dentro nuestro hay una consciencia superior mucho mayor de lo que hemos vivido hasta ahora, y que esa consciencia nos está esperando para que le permitamos expresarse a través nuestro.

Hay nuevas energías solares que están iluminando la Tierra. Durante el confinamiento mundial, estas energías atravesaron el velo de polución de las ciudades para llegar a nuestros corazones y activar partes dormidas o bloqueadas de nuestro código genético. Toda la galaxia está en movimiento para este cambio galáctico que desintegra la 3D y que cierra ciclos de cientos de millones de años. —Miyo Fiel.

Somos más de lo que nos han contado. Somos multidimensionales. A medida que cambiamos nuestra percepción y juicios, esa superconsciencia se manifiesta a través nuestro y la magia sucede.

La magia es algo que ocurre sin que la mente entienda cómo.

La magia es el funcionamiento diario de la existencia. —Alcazar.

Al comenzar a fluir con nuestra energía, al introducir más consciencia en las pequeñas decisiones de la vida, en la forma en que nos movemos a través de la vida, hay más y más magia.

Nuestra vibración se eleva con gentileza y mientras eso sucede, hay más y más consciencia y magia. Descubrimos partes de nosotros mismos que no nos imaginábamos.

La energía del cambio nos puede asistir con nuestra intención de permitir que el cambio se manifieste con elegancia y suavidad lo que significa la «no resistencia».

La intuición como guía

Amémonos a nosotros mismos lo suficiente para confiar en lo que nos transmita la intuición porque ella es la superconsciencia que nos guía en el camino individual, es el espíritu que fluye a través nuestro. Esa guía está disponible en cualquier momento si nos relajamos lo suficiente para sentirla y escucharla. Permitamos que nuestra intuición sea más importante en nuestras vidas.

La intuición es una certeza libre de emoción, de mente y de impulsividad. Es una instrucción clara y pacífica.

Todo lo que te cause duda, separación o malestar viene de la mente egóica.

Es importante desconectar de la política, de las noticias, de la tele, del miedo, dejar de darles importancia y atención. Separarnos de eso y enfocarnos más en lo que sucede en el interior, en la intuición.

La intuición es la clave. El amor propio es lo que permite conectar más con la intuición.

Sintámonos, sintamos nuestra energía. Sintamos las respuestas.

Siente las vibraciones en el cuerpo mientras lees estas palabras.

Somos amados. Somos un regalo. Somos agentes de cambio al permitir el cambio.

Con nuestra presencia irradiamos energía alrededor sin esfuerzo. Las emociones también se contagian. ¿Qué energía o emoción estás irradiando en cada momento?

Cambiamos el mundo solo por el hecho de ser y de permitir volvernos más conscientes, más amorosos, más intuitivos.

Es tiempo de navegar sobre la ola del cambio y conocer nuestro verdadero ser. Es tiempo de soltar viejos paradigmas y programas, energías oscuras y pesadas. Es tiempo de atrevernos a brillar con luz propia.

Cambiar es ser más grande que la memoria de tu cuerpo. Es superar el acondicionamiento a vivir en el pasado. Es dejar comportamientos automáticos e inconscientes en una rutina que se adquiere a través de la repetición: los hábitos.

The past is not the future. Turn the page and see it as different. El pasado no es le futuro. Pasa la página y date cuenta de que es diferente. —Kryon.

Si tu cuerpo está en piloto automático, ha perdido su libre albedrío por un programa. No está creando su realidad personal. El entorno controla cómo se siente y cómo piensa.

Cambiar es ir más allá de lo conocido y ser valientes.

En el momento en que tomas una decisión diferente entras en el río del cambio, en lo desconocido. El siguiente momento será impredecible. Entras en la incertidumbre que es el estado perfecto para crear algo nuevo.

La mejor manera de predecir tu futuro es creándolo. […] En el momento en que sientes abundancia y dignidad estás generando riqueza. En el momento en el que haces tuyo el sentimiento de empoderamiento te estás encaminando hacia el éxito. En el momento en que te enamoras de ti misma/o y de la vida crearás un igual. Y en el momento en que comienzas a sentir gratitud comenzará tu curación. En el momento en que sientas asombro por la vida tendrás una experiencia mística. Eso es causar un efecto. —Dr. Joe Dispenza.

 

Ejercicio de escritura terapéutica

¿Es posible tener el trabajo, la vida o la relación de mis sueños?

Cuando te haces esa pregunta enciendes el centro de creatividad en tu cerebro, el lóbulo frontal, que es el director de la orquesta. Abres nuevas posibilidades y creas una intención. Le das a tu cerebro una probada del futuro.

Te invito a que respondas esa pregunta por escrito y a mano. Imagina cómo sería la vida de tus sueños. ¿Qué ves? ¿Qué haces? ¿A qué huele? ¿Qué sonidos escuchas? ¿Hace frío o calor? ¿Montaña, desierto o playa? ¿Hay luz o sombra? ¿Qué sabor te deja esa experiencia? ¿Tienes una sensación de ligereza o de pesadez? ¿Qué pasos das para llegar hasta ahí? ¿Qué aprendes o experimentas por el camino? ¿Qué cambios necesitas?

Las excusas para el cambio

El cuerpo: «No tengo ganas. estoy cansado, me duele la cabeza». Usas los sentimientos como un barómetro para el cambio y así te alejas de las posibilidades.

El entorno:  seduce para volver a la realidad actual. «Tengo que, debo…».

El tiempo: «No había/tenía suficiente tiempo».

 

¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿La muerte? La muerte es la solución biológica de la vida para recrearse de nuevas maneras. La vida está llena de pequeñas muertes, de pequeños y grandes duelos.

El primer paso para cambiar es ser la consciencia que observa el programa. Es darte cuenta de tus pensamientos, acciones y comportamientos automáticos.

Podemos aprender y cambiar en un estado de dolor y sufrimiento. También podemos aprender y cambiar en un estado de alegría e inspiración.

¿Cuál escoges?

Referencias

Dispenza, Joe. Rewired. What is change? Gaia

KRYON- Channelling, «Magnetics«, Youtube, 21-dic-19, Alcazar, Min: 8:27-25:30

Escribir para sanar la mascarada unidos

Método capicúa, © Nohora Morales Parga

Miro al reloj digital: son las 7:27 a. m. Vuelvo a mirar: son las 5:35 p. m. Desde hace unos cuatro meses, cada vez que miro el reloj, los números me muestran el mismo patrón: ¡capicúa!

Un número capicúa se lee igual de derecha a izquierda que de izquierda a derecha. Los términos equidistantes son idénticos y al hacer una sucesión capicúa se dibuja una curva.

Una curva… ¿a qué te recuerda?

«Cap i cua» del catalán, significa cabeza y cola. Dos partes distintas de un mismo cuerpo. Dos visiones y experiencias opuestas de una realidad colectiva.

¿Cuál es mi punto de vista? ¿cuál es el punto de vista del otro? ¿Qué nos une? ¿Qué nos separa?

Nuestro punto de vista, nuestras creencias y nuestra experiencia sobre la gestión del Covid-19 nos ha dividido, por lo menos, en dos grupos antagónicos. Y en esto, tienen mucho que ver los medios de comunicación.

En los extremos están los policías/delatores de balcón y los regañones del camino versus los que hacen denuncia agresiva en contra de las medidas tomadas.

En medio estamos los que usamos la mascarilla lo menos posible y porque toca en lugares públicos cerrados, para que nos dejen entrar al supermercado, por ejemplo, en los países en los que es «obligatoria» solo cuando no puedes guardar un metro y medio de distancia.

¿Sabías que si tienes ciertas enfermedades tienes derecho a caminar al aire libre durante el confinamiento?

¿Sabías que si tienes asma y problemas respiratorios no es obligatorio el uso de la mascarilla (tapabocas, bozal, etc.)?

En los dos casos necesitas un certificado médico y mucha serenidad. Te mirarán mal, te reñirán a gritos por no cumplir con la norma, te impedirán el acceso a las tiendas y al transporte público. También te pueden multar.

Surrealista…

Si vives en Australia, por ejemplo, esto no aplica. Allá no hubo confinamiento estricto y solo usan la mascarilla los que tienen síntomas y dieron positivo en la prueba. Es otra cultura y otro nivel de consciencia.

¿En qué mundo quieres vivir?

Yo quiero vivir en un mundo de amor, de respeto y de libertad. Yo quiero vivir en un mundo de paz, de alegría y de abundancia. Un mundo en el que haya agua potable, comida y energía para todos. Sé que el primer paso para crear ese mundo es comprender al que piensa distinto a mí y dejar de juzgar.

La clave es comprender al que piensa distinto a mí y dejar de juzgar.

En el fondo, todos los seres humanos tenemos las mismas necesidades. Es solo que las prioridades y las estrategias para satisfacerlas son distintas. Para una persona que defiende el uso obligatorio de la mascarilla prima la seguridad. Una persona que camina por el parque sin mascarilla defiende su derecho a la libertad.

 

Escribir para sanar la mascarada unidos, método capicúa

Gracias a los números he creado el método capicúa. Hoy, el tema de este ejercicio de escritura terapéutica es la mascarada de la mascarilla obligatoria (tapabocas, bozal, como le llamen en tu país).

Un tema candente que revuelve tripas, aviva o ahoga voces y enciende pasiones entre los puntos de vista opuestos. Cada día que pasa la crispación y estrés social va en aumento y esto lo podemos cambiar.

El objetivo de este ejercicio es analizar las distintas visiones y tratar de encontrar puntos en común desde los que podamos crear una convivencia más amena para todos gracias a la empatía.

¿Cómo?

Vamos a hacer el ejercicio de ponernos en los dos extremos por turnos.

Primero, «CAP» para dar argumentos en cada caso.

Segundo, «CUA» para atacar al opuesto.

Y tercero, «I» para encontrar lo que nos une y crear sin destruir.

Te voy a dar algunos ejemplos que he leído en las redes sociales o que me han contado amigas que han vivido de cerca el contagio. He escogido los menos extremistas.

Tu parte del ejercicio es ponerte en las tres posiciones y añadir algo más.

 

Nota: Es un ejercicio de escritura privado.

Te invito a compartir aquí algo constructivo para la «I» que nos une.

 

1. «CAP»: ¿Por qué hago lo que hago? ¿Por qué creo lo que creo?

A favor del uso obligatorio de la mascarilla

Tengo miedo a enfermarme y a contagiar a mis seres queridos.

Incluso, tengo miedo de que se enferme mi gato. Los coronavirus matan a los gatos.

Me da ansiedad pensar que puedo morir asfixiada porque el virus ataca los pulmones.

Necesito trabajar para poder pagar mis gastos. Trabajo de cara al público. Si a mí me obligan a usarla, a ti también.

Me pongo la mascarilla por amor a mis padres y abuelos. Creo que así los protejo.

Creo en lo que dicen las autoridades (políticos, OMS, medios de comunicación, policía) aunque se hayan contradicho varias veces. Confío en ellos. Es muy difícil gobernar en estas circunstancias.

Miro la televisión y sigo las noticias para informarme. Les creo.

No me siento controlado ni sumiso ni manipulado. Uso la mascarilla porque creo que sí sirve, que lo hago por proteger a otros y por empatía.

Creo que la mascarilla me protege de virus distintos y es el mejor método para prevenir el contagio. Lo dicen cientos de estudios. ¡Todo el mundo debería usarla!

Es una pandemia. Una tragedia. El virus es muy contagioso y mortal. El sistema sanitario está saturado porque la gente no respeta las normas de seguridad.

¿Hipoxia? Yo trabajo en la industria alimentaria y uso guantes, gorro y mascarilla todos los días durante ocho horas desde hace años. ¿De qué se quejan?

Yo soy una persona solidaria y creo que lo mejor que puedo hacer es ponerme la mascarilla aunque no me guste. Creo que así hago parte de la solución.

Me indignan todos esos egoístas que van por la calle sin mascarilla. Yo soy una adulta que contribuye a la seguridad de la sociedad y me gustaría que los demás también lo hicieran.

La mascarilla debería ser obligatoria hasta que saquen la vacuna.

El uso de la mascarilla es una cuestión de salud pública. No usarla podría ser letal.

Te he dado algunos ejemplos, ¿qué podrías escribir tú aquí?

 

 

En contra del uso obligatorio de la mascarilla

Nos han educado en una sociedad en la que si tienes síntomas gripales, te tomas un antigripal y te vas a trabajar y a contagiar a todos y ahora, ¿me obligáis a llevar la mascarilla en todas partes y sin síntomas?

Estoy sana. Como verduras, frutas y productos ecológicos no procesados. Mi sistema inmune es fuerte. Hago ejercicio a diario. Medito. Estoy libre del contagio y si me enfermo de cualquier cosa, será leve. ¿Por qué me tratan como si tuviera ébola?

Mi padre de 86 años se contagió de Covid-19 en marzo. Estuvo tres semanas en el hospital. Nos hicimos las pruebas. Ni mi madre de 84 años ni yo tenemos el virus ni anticuerpos a pesar del contacto cercano y sin ninguna protección.

Aquellos que imponen la mascarilla a los demás, ¿cuántas horas las usan al día y a qué temperatura ambiental?

No le tengo miedo a la enfermedad ni a la muerte. Quiero disfrutar cada día de mi vida en libertad. La vida sin libertad no es vida. Mi libertad de caminar al aire libre sin mascarilla no pone en peligro tu vida.

El uso de la mascarilla de forma continuada es dañino para la salud física y mental.

No me gusta que me controlen ni que me impongan medidas drásticas, desproporcionadas e injustas. ¡No estamos en el medioevo ni en la dictadura China!

Creo que lavarse las manos con agua y jabón (suponiendo que tienes acceso a agua potable) y mantener la distancia es mucho más efectivo que usar la mascarilla.

La mascarilla no protege de los virus. Lo dicen cientos de estudios. Todo lo contrario, enferma. Hagamos una investigación con las cajeras de los supermercados. ¿Cuántas sienten dolor en el pecho desde que la usan varias horas al día? Este dolor y la tos seca son síntomas de pleuresia (inflamación de la pleura que reviste los pulmones).

He visto varios vídeos de distintos médicos, virólogos, epidemiólogos de diferentes países y todos ellos afirman que la mascarilla no protege de ningún virus, solo retiene gotas de saliva y partículas. Además, produce hipoxia, reacciones cutáneas, tos. La humedad de la mascarilla es un foco de infecciones, gérmenes y hongos.

No creo en lo que afirman los políticos ni los medios de comunicación. Dicen negro y después blanco. Manipulan las estadísticas y los datos. Malinterpretan los informes científicos. Borran la información que va en contra de sus intereses. ¿Para qué? ¿Qué hay detrás de esta cortina de humo?

Es maquiavélico culpabilizar y atemorizar a los ciudadanos, ahora se ensañan en contra de los jóvenes (y sanos). El sistema sanitario está saturado por los recortes a la sanidad en los últimos diez años. ¿En qué se están gastando nuestros impuestos?

Ni mascarilla obligatoria ni vacuna obligatoria. Los médicos y expertos que aparecen en las noticias trabajan para las farmacéuticas, que venden remedios, pruebas y vacunas. Si dicen la verdad, se quedan sin trabajo. Es una mafia.

Este no es el primer virus ni será el último. Según las estadísticas del INE, en España, de enero a mayo de 2017 hubo más muertes que en el mismo período de 2020. ¡Investiga!

Tengo asma. Cuando camino con la mascarilla puesta me da mareo, tos, náuseas, me asfixio.

Soy sordomuda. Necesito ver las bocas de las personas para leer sus labios. Ahora que todos usan la mascarilla estoy incomunicada.

El uso obligatorio de la mascarilla es un experimento político de sumisión y adiestramiento. «Adhesión y obediencia para evitar el castigo/multa». La mascarilla es una herramienta para inocular el miedo, para masificar y manipular a la muchedumbre. ¿Qué viene después?

«Llevar puesta la mascarilla todo el tiempo ‘por si acaso’ es como llevar puesto un condón todo el tiempo ‘por si acaso’». Copiado del perfil de un médico en Twitter.

La doctora Natalia Prego ha denunciado varias veces, entre otros temas, que no hay epidemia ni necesidad de usar mascarilla fuera de un hospital, que sí es un lugar de contagio. Además, los PCR dan falsos positivos.

Estés o no en contra, escribe algunos argumentos para no usarla.

 

2. «CUA»: ataco al que no hace o cree lo que yo hago o creo 

Esta es la parte de desahogo y es privada. Escribe, sácalo de ti y rómpelo si quieres.

A favor del uso obligatorio de la mascarilla

Los que no usan la mascarilla son unos inconscientes, descerebrados, egoístas que no les importa el bien común.

Ellos creen en conspiraciones, mira que acusar a Bill Gates de querer vendernos su vacuna y un microchip de control que se instala bajo la piel para reducir la población y esclavizar a los que queden vivos.

¡Son unos terraplanistas, conspiranoicos, anti-5G, antivacunas!

«¡No llevar mascarilla no es de valientes sino de insolidarios!» escribió una famosa escritora en su columna semanal.

¿Cuál hipoxia? Ridículos. La mascarilla no aumenta la absorción del propio CO2, ¡qué va!

«Si llevo la quirúrgica y me cruzo con alguien sin mascarilla me la quito ostensiblemente: lo llamo morir matando». Copiado de twitter.

Tú crees que la mascarilla no sirve, yo creo que sí protege.

 

En contra del uso obligatorio de la mascarilla

Los que usan la mascarilla son unos borregos, covidiotas, subnormales, hipocondríacos, miedicas, adoctrinados, teleprogramados.

No leen, no se informan de otras fuentes que no sean las mismas de siempre.

¡Qué miedo tienen! ¡Cómo se dejan manipular! ¿De verdad creen que la mascarilla les protege?

¿De verdad creen que esta vacuna es inocua y efectiva? Por ahí no es. ¡Despierten!

¡Qué absurdo! Estamos en un parque con metros de distancia personal no dentro de un bus atestado. ¿Por qué me obligan a usarla al aire libre?

Si te la quieres poner, póntela. Ah, ¿la egoísta soy yo porque no hago lo que tú quieres que haga y no lo que yo necesito? ¿Te estoy obligando a quitártela?

Yo estoy sana. ¿Quieres que me ponga la mascarilla todo el tiempo?: ¡matasanos!

Pedirle que se ponga la mascarilla a un anciano que necesita una bombona de oxígeno para respirar es un crimen.

 

3. «I»: encontremos lo que nos une

Llegados a este punto, respiremos profundo, varias veces. Estés del lado que estés, te parecerá que tienes la razón y que el otro se equivoca.

Inhala. Exhala con ruido: aaaah. Mientras exhalas, suelta todo lo que has leído, escrito o dicho antes. Suelta y deja que se vayan todas esas emociones densas.

A mí me ha costado un poco hacer este ejercicio de enfrentamiento. ¿Y a ti?

Ahora es necesario ir al interior, prestar atención al corazón y dejar de señalar hacia afuera. Respira profundo y cierra los ojos un rato.

¿Ya?

¿Escuchas el latido de tu corazón y la canción de tu alma?

Señalar hacia afuera es muy fácil. Decir y escribir palabras agresivas y denigrantes en las redes sociales empeora la situación.

Donde pones tu atención, pones tu energía. Eso que alimentas, crece.

Alimenta tu amor, tu calma, tu alegría en lugar de intoxicarte con tu miedo, tu rabia, tu frustración.

El reto es mirar hacia dentro todos los días, cuidar los pensamientos, las emociones, las palabras que salen, las acciones que dejan una huella en este mundo. El reto es liberarnos de prejuicios, etiquetas y críticas. Dejar de juzgar.

Si eres de las personas que dicen: «o todo o nada», es probable que abandones aquí. Si sigues, te lo agradezco.

¿Qué tenemos en común?

En el fondo, tenemos las mismas necesidades básicas, aunque nuestras prioridades sean distintas. Lo que crea el conflicto son las estrategias para satisfacer esas necesidades.

En el fondo, amamos y queremos ser amados. Cuidamos y queremos ser cuidados. Solo que cada uno/a lo hace a «su» manera.

En el fondo, queremos vivir en paz, reírnos, comer rico. Queremos comprobar que la vida y la muerte tienen sentido.

 

Y hablo de la risa porque el hecho de reírnos juntos puede demostrarnos que estamos unidos, y puede borrar el miedo. En este post te cuento todos los beneficios de la risa.

La risa, como la gratitud, es muy poderosa. ¡Ríete!

¿Tienes lápiz y papel a mano? Escribe qué más podemos tener en común.

Por ejemplo, a todos nos han enseñado a juzgar. Vemos y escuchamos lo que nos reafirma nuestra propia creencia. Todos le tenemos miedo a algo.

¿Qué es lo que nos mueve: el amor o el miedo?

Todos sentimos amor y miedo en distintas proporciones y circunstancias.

La persona que se pone la mascarilla y quiere que sea obligatoria puede hacerlo para proteger a un ser querido. Lo hace por amor y por miedo. La mascarilla le da seguridad.

La persona que camina al aire libre sin mascarilla quiere disfrutar de la vida. Se ama a sí misma tanto como para defender sus derechos, su salud, su libertad. Teme a un estado totalitario que impone mascarillas, pérdida de privacidad, vacunas, controles, etc. Sabe que la mascarilla es un timo.

Qué tal si…

Que tal si nos calmamos un poco y llegamos a un acuerdo.

Que tal si apagamos la tele y nos sintonizamos con la frecuencia del amor.

Que tal si nos informamos mejor y comprobamos las fuentes a través de otras vías.

¿Gritar a la abuela que te increpa porque no llevas la mascarilla sirve de algo? ¿Qué tal si respondes amablemente: «sí, señora» y te vas sin más?

¿Regañar al niño asmático que no lleva la mascarilla con 38 grados a la sombra te hace sentir mejor? ¿Qué tal si te alejas con tu mascarilla puesta y dejas a la gente en paz?

Y si no llevas mascarilla, ¿qué tal si te cubres la boca cuando toses y estornudas?

¿Contestar a la periodista/escritora que hace apología de la mascarilla cambia su forma de pensar? No. Ella cree que tiene toda la razón. Ella cree que así presta un servicio. Ella se considera solidaria. Sus seguidores, también.

Ojos que no ven, corazón que no siente. —Refrán.

Qué tal si observamos lo que sucede con cierta distancia emocional para evitar disparar nuestros gatillos internos y así dar una respuesta pacífica.

Truco: respira profundo durante varios minutos antes de responder.

Qué tal si dejamos de desacreditar y tergiversar en las redes a las personas que no piensan como nosotros, científicos y médicos incluidos.

Qué tal si escuchamos y respetamos la decisión ajena aunque sea contraria a la nuestra.

Qué tal si cuidamos las palabras que salen de nuestra boca. ¿Para qué herir cuando podemos respetar?

Qué tal si flexibilizamos las normas en los países más estrictos: en sitios cerrados es recomendable usar mascarilla. Al aire libre, somos libres de usarla o no. Sin juzgar, sin multar ni insultar al que la usa o no.

Qué tal si en lugar de quejarnos buscamos una solución legal o una alternativa de soberanía ciudadana. Tenemos libre albedrío. La autoridad de los gobiernos no es ni debe ser ilimitada.

Tenemos derecho a defender nuestros derechos. Ya se están creando asociaciones civiles en España, con este fin (Médicos por la verdad España, Ciudadanos por la verdad). Y hay grupos para fomentar la soberanía en salud, alimentación y energía que no atacan al sistema y sí crean alternativas.

Además, hay una comisión de investigación extraparlamentaria multidisciplinar, en Alemania. Y una comisión, de más de dos mil médicos y abogados en Italia, ha demandado penalmente a la OMS, al gobierno italiano y a los asesores sanitarios del gobierno.

En este momento, tienes la opción legal del certificado médico. Sin embargo, gracias a la Ley de Protección de Datos, la policía no tiene por qué saber cuáles son tus enfermedades. Esa es información privada. El certificado se utiliza para recurrir alguna multa.

También puedes recurrir todas las multas y demandar por abuso de poder. El documento de declaración responsable de autoexención solo debe rellenarse y presentarse para recurrir una multa, según Luis de Miguel de la Asociación Scabelum Consumidores

¿Lo sabías?

¿Cuál es mi verdad? ¿Cuál es tu verdad? ¿En dónde se cruzan nuestras verdades?

¿Cómo encuentro mi paz cuando me obligan a hacer algo que no quiero?

¿Cómo guardo mi serenidad cuando me siento atacado/a? ¿Reacciono o respondo en calma?

Responder desde la paz, la conexión y el respeto es el reto. Mantener una higiene interior de pensamientos y emociones es crucial.

Escribir para conocerse y aclararse es el primer paso.

Te animo a escribir y a reflexionar.

Si quieres aumentar tu serenidad, te recomiendo meditar. Ahí te lo dejo.

Y te envío un luminoso abrazo de paz, pienses lo que pienses.

¡Muchas gracias por haber llegado hasta aquí!

¿Hiciste el ejercicio de escritura?

Por favor, comparte y/o déjame un comentario constructivo. 👇👇👇

 

Artículos de escritura terapéutica:

Escritura terapéutica, ejercicios, claves e ideas para superar el estrés

Escritura sanadora: 7 ejercicios para sentirte mejor

Escribir para sanar: 5 ejercicios de escritura terapéutica

 

Referencias

Entrevista a la doctora Natalia Prego, eltorotv.com, 27-jul-20 Únete al grupo de médicos por la verdad España: 677 572 759

Cuentatucaso.com PDF descargable para rechazar el test rápido de coronavirus. 23-abr-20

Coleto, Luys. Qué hacer si te sancionan por no llevar la mascarilla, elcorreodeespana.com 2-ago-20

Documento para la exención del uso de la mascarilla, elarconte.com, 16-jul-20

Morales, Marco. Sobre la psicología del uso de las máscaras. Youtube. 16-jul-20, 3 min.

Padovani, Isabelle. Le masque de la discorde. Youtube, 10-jul-20, 48 min.

Revisa las cifras actualizadas de distintos medios oficiales como: worldometers.info/coronavirus/

Comisión de investigación extraparlamentaria sobre corona en Alemania, Youtube, 8-jul-20, 29 min.

Escritura terapéutica: ejercicios, claves e ideas para superar el estrés

Ante la incertidumbre y en momentos de crisis, ¿sientes miedo, ansiedad, estrés? Expresar tus sentimientos y pensamientos por escrito te puede aliviar.

Yo escribo para expresar lo que siento desde niña y te aseguro que me ha servido mucho; sobre todo para sacar la rabia, la frustración y la tristeza, sin hacer daño a nadie.

La escritura expresiva es terapéutica porque te permite desahogarte cuando no quieres o no puedes hablar de lo que te está pasando. Y es una forma de parar de rumiar pensamientos repetitivos que te causan ansiedad, estrés y tristeza.

Como compartí en artículos anteriores, escribir calma y aclara la mente, te hace organizar tus pensamientos en una estructura coherente y te ayuda a encontrar un sentido.

Nota: La escritura no reemplaza el tratamiento de un psicólogo o de un médico. Si te sientes mal, lo mejor es pedir ayuda a un profesional de la salud.

Escritura terapéutica: ejercicios, claves e ideas para superar el estrés

Parece increíble que moléculas inertes de ácido ribonucleico rodeado por una corona de proteínas con fósforo puedan originar una pandemia, poner patas arriba nuestro estilo de vida y hacernos reflexionar.

Ante la incertidumbre, el aislamiento y el exceso de noticias, algunas personas se dejan contagiar por la preocupación, el estrés y el miedo. Así reducen a la mitad la protección del sistema inmune y nublan la capacidad de decidir y actuar.

Si estás bajo los efectos del miedo (estrés, ansiedad, preocupación), recuerda:

1. El miedo es una emoción primitiva con una función puntual. Si te quedas en el miedo, te enfermas. Eres capaz de soltarlo, aprender y dejarlo atrás.

2. La risa vence al miedo y eleva la vibración. El sentido del humor hace que cualquier situación sea más llevadera.

3. Todo pasa. Esto también pasará.

4. «No nos afecta lo que sucede, si no lo que nos decimos a cerca de lo que sucede». —Epicteto.

5. Al cerrarse una puerta, la vida siempre abre una ventana. Presta atención y sal a través de ella cuando la veas. Despierta.

6. Mantener la calma y hábitos saludables te permite disfrutar de mejor salud y tomar decisiones acertadas.

7. Somos naturaleza y tenemos la capacidad de sanar y regenerarnos.

8. «Tu mente solo responde a dos cosas: tus imágenes mentales y tu diálogo interno. Y esto crea tu realidad. Prueba a decirte: Tengo habilidades extraordinarias para sobrellevar cualquier cosa». —Marisa Peer.

9. Eres capaz. Eres suficiente. ¡Tú puedes!

10. Esto que está pasando es una invitación a mirar hacia adentro.

 

Aprendamos a vivir con menos y a cuidarnos mejor.

Es una invitación a mirar hacia dentro, a escuchar los mensajes de nuestro cuerpo, de nuestra alma. Así que desconecta todo aquello que te distrae y escribe.

1. Escribe cuál es tu situación y qué es lo que te preocupa

Primero, saca todo eso que te hace sentir malestar. Cada caso es distinto.

Pienso en los niños que viven en familias conflictivas y su lugar seguro era el colegio. En las mujeres maltratadas que descansaban un poco cuando su pareja estaba fuera de casa. En los que recogen las basuras. En las personas que trabajan en los supermercados.

En las personas que han perdido seres queridos en estos días y no han podido despedirse como hubieran querido. En los que están enfermos y necesitan caminar al aire libre sin ser juzgados e insultados desde las ventanas. En los que han perdido su trabajo o no pueden abrir su negocio. En todo el personal sanitario que trabaja mucho, por poco y con alto riesgo, incluso sin la protección adecuada en muchos casos.

Pienso en los adolescentes que darían cualquier cosa por estar con sus amigos ahora. En los peques que necesitan salir a correr al aire libre. En las personas que echan de menos a sus amores.

También pienso en las personas afortunadas que viven en la abundancia y vibran alto, pase lo que pase. En las que meditan, ríen y elevan la vibración del planeta. En las que se conectan a la solidaridad, sin juicios. En las que hacen que este mundo sea mejor.

¿Cuál es tu situación? Escribe de manera automática y si han salido muchas emociones negativas, rompe o quema esa hoja.

2. Escribe un diario

¿Cómo te sientes hoy?

¿Qué te apetece o no hacer?

¿Cuál es tu situación actual?

¿Qué te gustaría cambiar de ella?

¿Cómo te sientes después de ver noticias alarmistas o comentarios desagradables en las redes?

¿Cómo te sientes cuando te desconectas de todo eso y te conectas con tu bienestar?

¿Qué puedes hacer hoy por ti y por los demás?

3. Escribe qué puedes aprender de lo que está pasando

Tal vez, esta situación nos está enseñando a vivir con menos y a cuidarnos más; a tener paciencia; a pensar qué es lo que realmente necesitamos.

A pensar qué es lo importante; qué queremos de la vida, del trabajo; qué relaciones y conexiones estamos creando; cómo nos impactan los pequeños detalles; cómo podemos ser más considerados y responsables con nosotros, con los otros, con la Tierra.

Muchas personas quieren volver a la normalidad cuanto antes. En este mundo de desigualdades insostenibles… ¿a qué aspectos o partes de la «normalidad» quieres volver?

 

En cuarentena aprendemos que la libertad es comer con una amiga, pasear bajo los árboles, tomar el sol, ir al cine o al teatro, viajar y descubrir una fruta nunca antes vista, tomar cañas en una terraza. Por eso, cuando la libertad regrese, le pediremos menos cosas a la vida. Y agradeceremos los pequeños detalles que nos llenarán de sentido. #EsteVirusLoParamosUnidos

4. Escribe qué puedes apreciar o agradecer en este momento

Quizás así decidamos por fin olvidar lo que nos falta y concentrarnos en lo que sí tenemos; agradecer y apreciar los gestos amables, lo que nos rodea por insignificante que parezca, la belleza y la solidaridad que brota en medio de la crisis.

Escribe un diario de gratitud o, cada noche, piensa en cinco cosas que quisieras agradecer cuando estás en la cama antes de dormir.

Agradece, cada día, a las personas que te rodean (familia, trabajo) por algo que hagan o por lo amables que son.

Todas las mañanas, al despertar o cuando desayunas, da gracias por un nuevo día lleno de oportunidades.

Enfócate en lo que va bien en lugar de darle importancia a lo que va mal. Aprecia lo que ya tienes.

Disfruta de las pequeñas cosas: una sonrisa, un beso, un abrazo, el atardecer…

Incluso, agradece las dificultades porque son lecciones de vida. Estas experiencias se repetirán hasta que aprendamos a apreciar lo que nos hace únicos.

Agradecer y apreciar hace que nos sintamos mejor. ¡Pruébalo!

Claves de escritura terapéutica

Las siguientes son algunas claves de escritura terapéutica que da el profesor Jamie Pannebaker, de la Universidad de Texas en Austin y autor de varios libros, entre ellos: Expressing Writing: Words That Heal y The Secret Live of Pronouns: What Our Words Say About Us 

✔️ Pregúntate: ¿cuánto tiempo ha pasado desde que sucedió lo que te afecta? ¿Horas, días, meses, años?

✔️ Comprométete a escribir por lo menos cuatro días seguidos durante veinte minutos. Busca el momento más apropiado para ti.

✔️ Escribe sin parar durante esos veinte minutos (escritura automática). Esto es para ti, nadie va a mirar si hay errores de puntuación, sintaxis y ortografía. Otra opción en grabar un audio.

Ideas para mejorar el proceso

✔️ Encuentra las conexiones de lo que te afecta con otras áreas de tu vida (salud, trabajo, familia, relaciones, etc).

✔️ Reconoce e identifica tus emociones.

✔️ Cuenta una historia con inicio, nudo y desenlace.

✔️ Cambia de perspectiva. Los que más se benefician de la escritura son aquellos capaces de ver lo sucedido con otros ojos.

✔️ Cuando escribas, hazlo con cercanía. Es personal e íntimo, no un reporte para la aseguradora.

Hábitos saludables de autocuidado

Además de escribir, hoy te invito a soltar el miedo, a vivir con menos, a cuidarte más y a darte cuenta de lo maravillosa que es la vida. Enfoca tu atención en lo saludable, en lo gratificante.

Cuidarnos mejor significa tener hábitos saludables. Ya lo habrás oído y leído mil veces:

🧡 Nútrete con alimentos locales, ecológicos, sin procesar. La vitamina C, D, el zinc y los champiñones fortalecen el cuerpo ante los virus.

🧡 Respira profundo, lento, consciente.

🧡 Duerme y descansa. Disfruta de la quietud. Durante el sueño nuestras células se regeneran.

🧡 Haz ejercicio en casa (estiramientos, yoga, baile, cardio). El movimiento reduce el estrés en el cuerpo.

🧡 Medita o practica la atención plena en el momento presente.

🧡 Ríete mucho, la alegría eleva la vibración y fortalece el sistema inmune.

🧡 Cuida tus palabras y tus pensamientos. Tienen un impacto mucho mayor del que percibes.

🧡 Sé más tolerante y paciente contigo y con los que te rodean.

🧡 Genera acuerdos para convivir, trabajar y estudiar en espacios reducidos.

🧡 Mejora tus hábitos de higiene de ahora en adelante: lávate las manos con jabón, guarda una distancia y cuando tosas o estornudes, tapa tu boca o nariz con un pañuelo. Eso es respeto.

🧡 Para mantener la calma en momentos de crisis, ayuda hacer planes a corto plazo y centrarse en el día de hoy.

Sé el cambio que quieres ver en el mundo, Mahatma Gandhi

Un abrazo y un aplauso para ti.

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Referencias

Barker, Eric, How to Deal With Anxiety, Tragedy or Heardache – 4 steps from research, Time, November 18, 2014

Escribir para sanar: 5 ejercicios de escritura terapéutica

Escribir para sanarEl acto de escribir es terapéutico. Escribir para sanar es una herramienta que nos puede servir para expresar y canalizar nuestras emociones cuando nos sentimos bloqueados o desbordados.

La escritura es la forma visible de nuestras ideas, emociones, sensaciones, deseos, problemas, expresados en palabras. Al plasmarlas en una hoja las soltamos, las liberamos y así permitimos que nuestra mente descanse.

Nota: La escritura no reemplaza el tratamiento de un psicólogo o de un médico. Si te sientes mal, lo mejor es pedir ayuda a un profesional de la salud.

Beneficios de la escritura

Cuando escribimos para nosotros mismos, la escritura nos permite desahogarnos, desbloquear emociones, conocernos mejor y mucho más.

Organizar el caos y encontrar el sentido

El hecho de escribir ayuda a que ordenemos los pensamientos de forma coherente, dando por tanto esta sensación de “sentido” a lo que sucede. Al aclarar nuestras ideas es más fácil identificar una situación que estemos viviendo y de la que no seamos conscientes.

Avanzar y encontrar soluciones

Al escribir podemos definir unos objetivos (específicos, medibles, alcanzables, importantes) con unos plazos dentro de un plan de acción. Este acto, en sí mismo, nos dará la sensación de logro.

Reconocer conflictos existentes

Al escribir sacamos a la luz lo que sentimos, los pro y los contra de una situación o de una relación y podemos explicarnos aquello que antes no habíamos entendido. Al reconocer el conflicto, la escritura rompe con la repetición de los pensamientos negativos. Es decir, dejamos de rumiar.

Y vistos algunos de sus beneficios, también me gustaría compartir algunos ejercicios en los que podemos escribir para sanar, soltar y sentirnos mejor. Antes, tengamos en cuenta que:

Las palabras tienen poder: algunas hieren; otras, sanan. Con las palabras podemos hacer reír o llorar, animar o desalentar a alguien. Las palabras que elegimos para narrar nuestras experiencias vitales son importantes. Es nuestra decisión escoger y cuidar bien las palabras que utilizamos para comunicarnos con nosotros mismos y con los demás. Parafraseando al filósofo Luis Castellanos.

Nota: todos los ejercicios a continuación son solo para ti. Comparto algunos ejercicios que practico y otros que he leído en libros o en blogs de psicología o para escritores.Escritura terapéutica

5 ejercicios de escritura terapéutica

1. Sácalo de ti

Este es el recurso más rápido y efectivo para encausar las emociones que nos desbordan.

  1. En una hoja en blanco, escribe a mano lo primero que se te pase por la cabeza, sin borrar, sin tachar, sin el freno del juicio o de la vergüenza. Puedes escribir palabrotas, insultos, lo que quieras. Se trata de vaciarte de emociones negativas.
  2. Quema o corta en trocitos ese hoja. Este es un acto simbólico para soltar esas emociones.
  3. Ahora, en otra hoja, escribe cómo te gustaría sentirte, cómo te gustaría que fuera la situación en ese mismo instante. No hace falta romper esta hoja.

2. Escribe una carta

Escribir una carta nos permite aclarar y descubrir nuestras emociones, liberarlas para intentar solucionar un conflicto. Este ejercicio es solo para ti. Después puedes guardar o romper la carta.

La carta de desahogo

  1. En un folio, escribe a mano por qué estás enfadado/a, qué es lo que te molesta de una situación o persona. Deja salir toda la ira que tengas.
  2. Ahora cuéntale a esa persona qué es lo que te causa tristeza, lo que te hace sentir mal o te ha hecho daño. Mira dentro de ti, sin acusar.
  3. Escribe qué miedos o temores identificas bajo esa rabia o tristeza. Qué es lo que te causa temor de esa situación.
  4. ¿Has metido la pata? ¿Has dicho algo que no debías? ¿Hubieras podido reaccionar de otro modo ante esa situación? ¿Hubieras querido utilizar otras palabras? Escríbelo.
  5. Ahora reconoce todo aquello que quisieras agradecer a esa persona. ¿Por qué la aprecias? ¿Qué te gusta de ella? ¿Qué te ha hecho feliz? ¿Qué has aprendido? ¿Qué te ha aportado esa situación o persona?

La carta para hacer las paces

Otra versión de este ejercicio es escribir una carta a una persona que te haya lastimado con el fin de reconciliarte con ella. También puedes hacer las paces contigo si has hecho algo que no querías o de lo que te arrepientes.

  1. Cuéntale cómo te sentiste, sin reproches. Dile cómo te hubiera gustado haber sido tratado/a. Cómo hubieras preferido que fuera la situación. Las palabras tienen poder: algunas hieren; otras, sanan. Ten cuidado.
  2. Después mete la carta en un sobre y pon tu nombre y las iniciales de tus apellidos en el remitente, y en el destinatario pon el nombre del destinatario, y échala a un buzón. Este ejercicio es un acto simbólico por lo que esta carta no lleva ni sello, ni ninguna dirección.

La carta al niño/a que fuiste

Esta carta puede ayudarte a desahogarte, perdonarte, aprender a comprenderte y quererte.

  1. Recuerda al niño/a que fuiste. ¿Qué le gustaba? ¿Qué le alegraba? ¿Qué le daba rabia o tristeza? ¿A qué le temía? ¿De qué era capaz? ¿A qué jugaba? ¿Qué quería ser de mayor? ¿Cuál era su sueño?
  2. Muéstrale tu cariño, tu agradecimiento, tu perdón, tu orgullo, tu comprensión, tu apoyo. Eras pequeño/a y no entendías todo lo que te pasaba. Ahora con ojos de adulto, puedes explicarle sus incógnitas infantiles y reconfortarle.

La carta para leer en tu funeral

Este ejercicio es muy potente porque te hace reflexionar sobre lo que es de verdad importante en tu vida, qué quieres, qué valoras, qué te gustaría hacer antes de morir. Se supone que es una carta para ser leída en tu funeral.

  1. Busca un rato de tranquilidad y, preferiblemente a mano, escribe a las personas a las que quieres dejarles un mensaje o una petición. Comparte una historia que no conozcan o de la que te sientas orgulloso/a. Cuéntales una anécdota divertida para que te recuerden con una sonrisa en sus labios. Expresa palabras de amor y gratitud a las personas que amas. Recuerda que están tristes porque ya no estás con ellos.
  2. Puedes guardarla o destruirla.

3. Reconstruye un recuerdo

Revive alguna anécdota de tu vida que quieras recordar de una forma más amable, puede ser de la infancia o de la adolescencia. Para tomar distancia, escríbela como un relato en tercera persona y haz que el protagonista sea diferente a ti (género, edad, algún rasgo significativo).

Y si no quieres cambiar de protagonista, intenta ver lo sucedido desde otro punto de vista. Quizás puedas comprender mejor las reacciones de otras personas o lo que aprendiste de esta situación. Tal vez veas, escuches o sientas algo que antes no habías visto, escuchado o sentido.

4. Haz una lista o un diario de la gratitud

Como te comentaba en artículos anteriores, escribir un diario de la gratitud ofrece múltiples beneficios para tu salud física y mental. Una lista de agradecimientos nos ayuda a sentirnos mejor, más abundantes y a relativizar los problemas.

  1. Haz una lista de todas esas pequeñas cosas que te hacen sonreír, sentirte a gusto, cómodo/a, feliz. Desde el hecho de haber nacido hasta que hace buen tiempo y brilla el sol. Puedes agradecer por las personas que hay en tu vida, un café con las amigas, una comida en familia, la salud, el amor, algún pequeño logro. Lo que quieras.
  2. En una libreta y por la noche, puedes escribir tres o mas cosas por las que te sientas agradecido/a ese día.

5. Escribe la vida que quieres

Este es un ejercicio de PNL (programación neuro-linguística) y de visualización. Podemos programar nuestra mente con las palabras para crear una realidad como si fuera una profecía autocumplida.

  1. En un folio en blanco, describe, con lujo de detalles, la vida que quieres: tu trabajo ideal, la pareja de tus sueños, la casa que quieres, tu salud, tus logros profesionales, deportivos, artísticos. Cuanto más concreto y específico, mejor.
  2. Escríbela en presente, como si ya la estuvieras viviendo. Puedes adjuntar fotos y volver a escribirla tantas veces como sea necesario para fijarla en tu mente como una realidad.
  3. Puedes leer ejemplos reales de este ejercicio y más información sobre PNL en Poder sin límites de Tony Robbins.

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Referencias:

Robbins, Tony. Poder sin límites. La nueva ciencia del desarrollo personal. Ed. Peguin Random House. Barcelona, 2015.

Escritura sanadora: 7 ejercicios para sentirte mejor

Escritura sanadora

Escribir sobre las emociones, sentimientos y experiencias positivas mejora el estado de ánimo. Está comprobado. El acto de escribir nos hace buscar cierta coherencia, nos invita a la autoexploración y nos da la sensación de sentido. Nos conecta con nuestra sabiduría interior.

Primero, hemos de parar, mirar hacia adentro y reconocernos, para materializar en palabras escritas aquello que pensamos o sentimos.

¿Sabías que los seres humanos tenemos entre 60.000 y 70.000 pensamientos diarios? Y no somos conscientes de la mayoría de ellos ni del poder que tienen.

Los pensamientos pueden enfermarnos y, cuando los cambiamos, también pueden sanarnos. —Dr. Joe Dispenza.

Los seres humanos tenemos la costumbre de fijarnos en lo que nos cuesta, en lo que nos falta, en todo lo que no. Y resulta que hacerlo nos aleja más de aquello que queremos y del estado de plenitud.

Por eso, hoy vamos a hacer el ejercicio de fluir y recuperar esa sensación de entrar poco a poco en una vibración de bienestar. Y para ello te propongo siete ejercicios de escritura.

Es tu decisión sacar el tiempo y la disposición para sentirte mejor. Es tu decisión cambiar el hábito de la queja por el hábito de la apreciación. Tú decides crear o no. Tú decides vivir momentos de alegría y ser feliz. Tienes el poder de cambiar tu perspectiva.

Cuando cambias la forma en que miras, las cosas que miras cambian. —Dr. Wayne Dyer.

Escritura sanadora: 7 ejercicios para sentirte mejor

Hoy te invito a que pongas tu atención y foco en todo aquello que aprecias, que te gusta, que te hace sonreír, que te hace feliz.

Cierra los ojos, relájate y respira profundo.

Piensa en todo lo qué te alegra la vista, el olfato, el gusto, el tacto, el oído, el corazón.

Recuerda qué te gusta hacer, qué es lo que más aprecias de la gente, de los viajes, del lugar en el que vives, de las relaciones que tienes, etc.

1. Lista de «me gusta»

Coge papel y bolígrafo y haz listas de todo lo que te gusta, de todo lo que aprecias, de lo que prefieres. Escribe sin pensarlo mucho. Deja que salga. Deja que fluya. Algo que te gusta te recordará otra cosa y cuando te des cuenta habrás completado una página o más.

No importa la ortografía ni la sintaxis ni la redacción ni el orden. Esta actividad te conecta con aquello que eleva tu vibración; con aquello que te mueve un poco cuando no tienes ganas de hacer nada.

Este primer ejercicio es fácil y rápido. Dedícale por lo menos cinco minutos de atención plena, por favor.

Cositas simples que me hacen feliz

2. Inventario de momentos alegres

Este ejercicio es parecido al anterior aunque requiere un poco más de detalle y de visualización. Si en la lista anterior escribiste, por ejemplo: «me gusta caminar», aquí vas a dar un paso más hacia tu interior y vas a añadir las sensaciones agradables que asocias con el acto de caminar. Por ejemplo:

Caminar es una alegría para mí. Me gusta caminar en la playa, en la orilla del mar y sentir el agua que refresca mis pies sobre la arena caliente. Cuando hace calor, una caminata mañanera bajo la sombra de los árboles, me relaja y me llena de energía. Cuando camino me inspiro y me siento más viva, más fuerte, más atractiva. ¡Me encanta caminar!

¿Te das cuenta? Cuando prestas atención, las pequeña alegrías crecen.

3. Diario de risas y sonrisas

¿Sabías que la risa alivia el dolor, el estrés y las molestias de algunas enfermedades? Sí, la risa hace que liberemos endorfinas y serotonina, hormonas que se asocian al placer y la felicidad.

La idea es que comiences el diario hoy y que escribas todos los días, aunque sea solo una frase. Lo importante es crear el hábito de escritura y eso se logra con la repetición. Enséñale a tu cerebro a fijarse en lo positivo antes que en lo negativo.

Es más fácil escoger una libreta y escribir a mano. Si prefieres, también lo puedes hacer en el ordenador. Escribe qué te ha hecho reír, sonreír o sentirte bien hoy. Cada día, antes de acostarte, anota la fecha, la descripción del momento feliz y, si quieres, el porcentaje de alegría. Por ejemplo:

15-jul-19. Hoy vi un capítulo de «Bing Bang Theory» y casi me muero de risa. Me encantan los actores y los guionistas. Alegría: 90%

Otro ejemplo, más trabajado:

17-dic-18. Era la hora de dormir y estaba sentada en la cama de mi hijo de nueve años. De repente me pregunta:
—Mamá, ¿a que a las chicas no se les llama gilipollas?
—No —respondí muy contenta del respeto que mostraba hacia las chicas, hasta que vi dibujarse en su cara una sonrisa traviesa.
—Se les llama "gilichochos" —dijo con una seguridad aplastante y yo solté una carcajada. No me lo esperaba. Nivel de alegría: 100%.
—¿Dónde aprendiste eso? —pregunté tan pronto recuperé el aire y la compostura.
—Con mis amigos del cole. —Y se retorció de satisfacción, el muy pillín.

Después de un mes de escritura, lee el diario. Da gusto comprobar que has tenido instantes alegres todos los días. Yo tengo un cuaderno solo para escribir las frases y preguntas divertidas de mis hijos. Ellos me hacen reír y sonreír todos los días.

4. Cuaderno de recuerdos felices

Otra versión del ejercicio anterior es el cuaderno de recuerdos felices. Son esas experiencias que vale la pena rememorar o contar. Tal vez quieras viajar a tu niñez y recuperar algún instante de alegría o de bienestar. Quizás quieras volver a vivir algún momento de un viaje inolvidable.

Yo acabo de viajar a mi infancia, a una mañana de juegos con mi hermana. Estábamos en el patio de casa, que tenía árboles de mango, ciruela, níspero y guayaba:

La felicidad era aquello. Aquella rama flexible del árbol del mango que nos servía de avión y de nave espacial. Yo, encima de la rama; tú, colgada de la punta hasta hacerla descender al suelo. La soltabas y me catapultabas hacia el cielo. ¡Dicha pura! Aún escucho nuestras carcajadas explosivas y siento la aérea sensación de libertad. Era nuestro parque de atracciones privado. Y nosotras, unas niñas afortunadas.

5. Recuento de noticias alegres

El miedo vende. Y la gente miedosa es fácil de manipular. Por eso, los noticieros y los periódicos nos bombardean con noticias que nos alejan del estado de paz, confianza y bienestar. Sin embargo, acabo de buscar «noticias alegres» en Google y hay más de ciento sesenta y seis millones de resultados; más de quince millones en Ecosia.

Antena3 tiene un apartado de noticias positivas, así como cuentamealgobueno.com el periódico de las buenas noticias. Y hay muchos más.

Sin ser periodista, puedes recomendar a alguien, comentar un proyecto, un invento, una hazaña. Puedes reseñar un libro, una película o compartir una historia positiva que responda a las preguntas: qué, quién, cuándo, dónde, por qué, cómo.

También puedes dar las gracias, compartir o dejar comentarios constructivos en las redes sociales.

Ahí donde pones tu atención, pones tu energía. Enfócate en las buenas noticias, en la cantidad de gente con iniciativas maravillosas. Y compártelas para darles visibilidad.

Si no te gusta algo, quítale el poder que le has dado: tu atención.

6. Lo que aprecio aquí y ahora

Apreciar es reconocer sin dar por hecho. Es estimar, valorar y sentir afecto. Puedes apreciar una persona, un animal, una cosa, una situación, un estado de ánimo, un gesto, etc. Cuando aprecias nada es insignificante y te sientes abundante.

Enfócate en el presente. Siente tu cuerpo. Respira, canta, muévete. Estimula tus sentidos y concéntrate en esas sensaciones. Huele el café, las flores, lo que quieras. Toca distintas texturas. Siente diferentes temperaturas. Escucha una canción alegre. El cuerpo es un vehículo maravilloso cuando nos permitimos ser y sentir.

Respira profundo. Mira a tu alrededor. ¿Qué aprecias?

Tal vez te acabas de despertar y has dormido bien, has recargado energía. O es medio día y vas a comer algo delicioso. O estás saliendo del trabajo y vas a ver a alguien que amas. O estás satisfecho/a porque lo has logrado. O hace un día precioso.

La lista puede ser larga si te entrenas en el arte de apreciar los detalles que te hacen sentir mejor, aunque sea un poquito mejor. A veces, no nos damos cuenta de todo lo que apreciamos hasta que lo perdemos.

El lente con el que vemos el mundo transforma nuestra realidad. El 90% de la felicidad proviene de la manera en que el cerebro procesa la información. —Shawn Achor.

7. Libreta de bromas o intento de comedia

A mi hijo mayor le encanta contar chistes, como a mi abuelo paterno, y tiene un libro de bromas de bolsillo que se sabe de memoria. Esto me ha dado la idea de escribir una libreta con situaciones graciosas en las que te puedas reír de ti mismo/a.

Reírnos de nosotros mismos desdramatiza y relativiza cualquier situación.

Para escribir, ten en cuenta que el humor es la solución al conflicto. Es la liberación de la tensión. Si te fijas, en las comedias siempre hay situaciones de conflicto y tensión. También hay momentos de desesperación que terminan con una respuesta inesperada e impredecible, que causa la risa.

El sentido del humor se puede entrenar. Cuando estamos con amigos o en familia, el humor requiere un clima de confianza y de respeto. Reírse de uno mismo es genial, pero burlarse de otro es ofensivo.

Para mí, este es el ejercicio más difícil, y siento una gran admiración por los guionistas de humor y los cómicos que improvisan monólogos de risa.

¿Te apuntas al reto?

Nota: La escritura no reemplaza el tratamiento de un psicólogo o de un médico. Si te sientes mal, lo mejor es pedir ayuda a un profesional de la salud.

Si estás leyendo este artículo quiere decir que la vida corre por tus venas y ese es un motivo para celebrar. Hoy es un regalo lleno de posibilidades y pequeños obsequios.

Ser feliz es una decisión diaria. La de ser más consciente de los propios pensamientos y emociones para elegir lo que te hace sentir mejor en cada momento.

Aquí te dejo esta semilla, por si te apetece comprometerte a ser más consciente y a sintonizar con lo mejor que este mundo te ofrece en cada momento.

¿Practicas alguno de estos ejercicios? Cuéntamelo en los comentarios.

¡Gracias!

 

Artículo relacionado: 

Escribir para sanar: 5 ejercicios de escritura terapéutica

Referencias:

Achor, Shawn. 2011, Mayo. «The happy secret to better work». Fuente: TED talks

Abraham, Esther & Jerry Hicks. 2011, Enero, 27. «The 30 day better feeling thought process». Fuente: Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=zdoddb4OIBM

Antena3 Noticias positivas

Cuentamealgobueno.com el periódico de buenas noticias

Las palabras: ¿el mejor estímulo sexual?

Las palabras son importantes, ¿lo sabías?

palabrasLas palabras tienen tono, volumen, temperatura, textura. Pueden acariciar o pueden herir. Pueden alegrar o entristecer, abrir o cerrar. Hay palabras que nos hacen temblar, que nos llegan al corazón. Hay palabras que nos encienden y otras que nos apagan. Hay palabras amorosas, respetuosas que nos acercan; otras cargadas de fastidio, desprecio y envidia que nos alejan.

«Gracias», «por favor», «me gustas», «lo siento», «te quiero», «¿por qué no?» son palabras llave. Abren puertas y almas.

La vida que albergan tus palabras te dice que tipo de persona eres […] Nuestra manera de hablar refleja nuestra manera de ser. —Luis Castellanos.

Al expresar tu amor y deseo, ¿te entienden?

Las palabras, cuando son habladas van acompañadas de miradas, gestos, movimientos, presencia corporal, olor, ruidos, pausas, atención o desinterés y todo esto comunica un mensaje que puede ser sincero o incoherente. Y muchas veces no nos damos cuenta de que decimos una cosa pero con nuestro cuerpo damos una información distinta. Cuando esto pasa, no resultamos creíbles y nos mal interpretan. El cómo nos expresamos, la comunicación no verbal, y el contexto influyen en la comprensión del mensaje.

A veces somos sinceros y no resultamos convincentes porque no nos estamos comunicando en el mismo nivel sensorial (visual, auditivo, kinestésico) de la persona con quien interactuamos. De nuestros cinco sentidos hay uno o dos con los que nos expresamos más y cuyos estímulos percibimos mejor.

Visual: Las personas más visuales necesitan ver para creer, y cuando hablan suelen decir: “ya veremos”, “qué panorama”, “no me digas que me quieres, demuéstramelo”, «lo veo claro», «sin sombra de duda».

El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada. —Gustavo Adolfo Bécquer.

Auditivo: Las personas más auditivas prestan mucha atención al tono, volumen y calidez de la voz. Dicen: «me suena», «te escucho». Necesitan oír una voz convincente que diga: “te quiero”, “me gustas”, “te lo recomiendo”, “perdóname”.

Kinestésico: Las personas kinestésicas necesitan el tacto, la velocidad, el movimiento, la temperatura y la textura en sus relaciones y aprendizajes. Se expresan a través de la experiencia en sí misma. Dicen: «esto huele mal», «es una razón de peso», «creo que no te sigo».

Los estímulos sensoriales están presentes en todos los ámbitos de nuestra vida. También en la sexualidad y el amor. Y a ti, ¿qué te hace sentirte amada/o?

Podría ser ver el interés, el deseo y el aprecio en la mirada o el comportamiento del otro. Pasar tiempo juntos y sentir que esa persona hace cualquier cosa para estar contigo. Que te diga que te ama de cierta manera. Sentir el contacto físico.

Podemos demostrar el amor y el aprecio con miradas, regalos, preparando una cena deliciosa. Con palabras, llamadas, mensajes de texto. Con caricias, masajes, besos, intimidad y sexo. Compartiendo tiempo juntos. Con tu presencia y atención.

A veces somos sinceros pero no nos hacemos entender. Un caso real:

Ana es auditiva. Necesita que le pidan las cosas de cierta manera. Su marido, Pedro, es kinestésico y habla poco. Prefiere la acción y el contacto. Por la noche, cuando ambos llegan del trabajo, Ana le da a Pedro un beso en la boca dos segundos más largo de lo normal. Pedro interpreta esto como una señal de ganas y le mete mano. Ella se siente agredida y le dice:

—¡Así en frío no, chico, es como si me estuviera metiendo mano el frutero. Pon música, enciende una vela, dime algo bonito. —Resopla—. ¡Parece que ya no me quieres!. —A él le molesta el comentario, se siente rechazado y responde de malas maneras.

—¡Claro que te quiero! —Y ella, por supuesto, no le cree del todo. Y si además a él le cuesta hablar, la relación se resquebraja.

¿Qué está fallando aquí? Falta expresar el estímulo adecuado para producir la sensación y facilitar la comunicación efectiva. ¿Te ha pasado? ¿Qué estímulos necesitas para creértelo?

Y uno de los estímulos más importantes y esclarecedores es la palabra.

Di lo que piensas, pide lo que quieres

Pedir lo que te gusta y escuchar lo que le gusta a tu pareja es clave para el placer de ambos y mejora la relación.

Imagina que estás en la peluquería. Te están lavando la cabeza y el agua está hirviendo. Puedes comunicarlo de diferentes maneras:

  1. Lo dices.
  2. Haces un gesto de dolor y te apartas.
  3. Lo dices, haces un gesto de dolor y te apartas.

¿Cuál crees que será más efectiva? La tercera porque utilizas todos los medios para reforzar el mensaje.

Lo mismo pasa en la cama cuando te molesta o te apetece algo en concreto. Susurrar cosas como: «Umm», «Aah», «Uy», «Oh», «Sí», «Uf» no es hablar y se presta a confusión. Recuerda que somos distintos y que también lo somos durante el sexo. Es mejor pedir lo que quieres en lugar de esperar a que tu pareja lo adivine.

Cuando hablas con tu pareja de lo que te gusta y de lo que no, puedes elegir expresarte de manera directa o indirecta.

Directa: «Creo que nos vendría bien hablar de nuestra sexualidad como hablamos de cualquier otro tema, las vacaciones, la repartición de tareas domésticas, etc.».  Es mejor comenzar por lo positivo, por decirle lo que más te gusta, lo que hace bien. Ya después y con cariño puedes comentar lo que te gustaría cambiar.

Indirecta: Por ejemplo, si quieres practicar el spanking. «He leído en una revista que cuando se azota el culo durante el sexo la intensidad del orgasmo crece, ¿por qué será?». Después de escuchar su respuesta podrías añadir: «Podríamos probarlo la próxima vez, a ver si es verdad».

Claves para verbalizar tus preferencias

Ten claro qué quieres decir, cuándo y cómo quieres decirlo.

Lo mejor es expresar lo que quieres en voz alta, de manera clara y con respeto. Si solo recurres a los gestos, gemidos o le pones la mano donde quieres que te toque, tal vez la otra persona no lo capte. Llama a las cosas por su nombre.

Es mejor hablar de estos temas en momentos tranquilos, sin interrupciones, sin enfados, sin cansancio. Puede ser después de ver una peli en casa, durante el desayuno o la cena un fin de semana, durante un paseo o un día sin prisa.

Es más fácil empezar con comentarios positivos. Después, dile lo que te gustaría hacer o lo que preferirías dejar de hacer. Por ejemplo: Me gustaría que me susurraras al oído lo que me vas haciendo. Me gustaría que me dieras un masaje por todo el cuerpo antes de. Preferiría que no me buscaras sexualmente después de una discusión. Preferiría que no me chuparas la oreja.

Cómo usar las palabras para subir la temperatura durante el sexo

Da instrucciones precisas

«Succióname más fuerte, así, sí», «prueba a ir un poco más rápido o más suave, mira de este modo —y en ese momento, sobre su mano, le haces el movimiento a la velocidad y con la presión que deseas—».

«Hazme, besa, acaricia, chupa…».

«Quiero tu… en mi… ahora».

Cuéntale cuánto te gusta y cómo te hace sentir

Nos encanta sabernos deseados y muchos nos sentimos inseguros con nuestros cuerpos.

Prueba con: «Mmm, me encanta»,

«qué sexi eres»,

«cómo me excita tu…»,

«quiero… contigo».

Habla sucio

Puedes decir palabras obscenas o subir la temperatura sin utilizar un lenguaje soez. Es una cuestión de gustos.

Practica a solas: Si nunca lo has hecho, es más fácil empezar por practicar a solas y en voz alta mientras te masturbas. Fíjate cómo te sientes y qué te excita. Irás soltándote y tomándote el pulso.

Literatura erótica: Otra opción es leer juntos alguna escena de una novela erótica. Hay toda una gama de estilos y de escenas: poética, sutil, explícita, pornográfica. Te recomiendo «Adiós, niña buena«, por supuesto.

Tantea: Puedes medir la temperatura inicial con una pregunta: ¿Qué quieres que te haga?

Empieza con frases sencillas y naturales. Utiliza tu propio estilo. Al comienzo usa palabras suaves y a medida que la cosa se pone más caliente vas subiendo el tono para decir y escuchar guarrerías. Si eso es lo que prefieres.

Describe lo que haces durante el sexo. Dile lo que vas a hacer o lo que está sucediendo como: «siento tus dedos dentro de mi cuerpo y me encanta».

También puedes relatar alguna fantasía que tuviste o un recuerdo de algo vivido juntos que te excita.

Ten en cuenta el factor sorpresa. Si siempre usas las mismas palabras y haces lo mismo, se convierte en una rutina y pierde su encanto.

Aclara los límites. Si una palabra te parece muy fuerte o si tu pareja está siendo brusca, díselo con tacto. «Prefiero que me digas…» o «me está doliendo…».

Recuerda que es mejor pedir lo que quieres y decir lo que prefieres antes de esperar a que la otra persona lo adivine o te mal interprete por no hablar.

La palabra es un estímulo sexual. ¿El mejor? Eso lo decides tú.

 

Referencias

De Béjar, Sylvia, Tu sexo es tuyo, Editorial Planeta, Barcelona, 2011.

Parga, N.M. Adiós, niña buena, Amazon, 2018.

Robbins, Tony, Poder sin límites, Penguin Random House Ed. Barcelona, 2015

Roca, Nuria; Sexual-mente, Espasa Libros, Madrid, 2007.

Traba, Raquel; Higón, Beatriz, Los placeres de Lola, Santillana Ediciones, Madrid, 2008.

 

El poder de la gratitud

Poder de la gratitud¿Hace falta estar al borde de la muerte para darnos cuenta de todo lo que tenemos y del poder de la gratitud?

A veces necesitamos vivir una situación dramática para tomar consciencia de quienes somos y del privilegio de estar aquí.

La emoción más intensa que sentí después de la primera cirugía fue en el momento en que me di cuenta de que había estado a punto de morir y seguía viva. Una punzada creciente de agradecimiento, amor y felicidad sacudió mi cuerpo en lágrimas. Comenzaba a descubrir el poder de la gratitud.

La cercanía de la muerte me había abierto los ojos para disfrutar más de la vida, que nos ofrece a cada instante una oportunidad, aunque seamos incapaces de verla. Al agradecer cambiamos nuestra percepción para que parte de eso que no vemos se haga visible de alguna manera y se convierta en conocimiento. Allí radica su poder transformador. El gozo de existir, pág. 95.

Nuestra percepción es limitada pero la gratitud hace que veamos más allá, mejora nuestra energía y nuestra visión. Tiene el poder de revelarnos nuestra propia abundancia. Eso lo descubrí después de haber tenido un derrame cerebral y dos cirugías a cráneo abierto.

Ahora me siento afortunada porque sigo viva. Porque puedo caminar cuando se suponía que iba a quedar en silla de ruedas. Agradezco ver, leer y escribir por mí misma aunque haya perdido la mitad del campo visual.

Doy gracias por el regalo de compartir más con las personas que amo. El tiempo que me queda es oro y lo aprovecho lo mejor que puedo. Me siento en gracia por la suerte de estar aquí, ahora.

La gratitud no es una emoción sino una decisión. Nos abre la mente a la idea de que nada de lo que sucede es «malo» para nosotros. A lo que te resistes, persiste decía C.G. Jung. El poder de la gratitud es que cesa la resistencia, afirmó Neale Donald Walsch en Being One Madrid.

 

Pequeñas cosas que nos hacen felices

En los momentos difíciles, me ha ayudado fijarme en todas esas pequeñas cosas que me hacen feliz. Por ejemplo, el cielo azul, el amanecer, las sonrisas de pillos de mis hijos, los besos sorpresa, los abrazos, las palabras amables, los gestos cariñosos, una mirada sincera, un trozo de chocolate, el olor del café por la mañana, un paseo entre los árboles, el sonido de las hojas al viento, las olas del mar que vienen y van, mi camita rica y tantas cosas más.

Incluso aprendí a dar gracias por los tropiezos, problemas y adversidades porque nos enseñan lecciones. También nos empujan a superarnos, a conocernos, a buscar nuevas salidas y soluciones. Así como la lluvia nos permite ver el arcoíris, después de llorar volvemos a reír y con más ganas.

La gratitud es la tabla de salvación que nos permite llegar a la orilla cuando sentimos que nos ahogamos.

Y es que somos abundantes. Necesitamos poco, a menos que nos empeñemos en lo contrario. A menos que vivamos en la insatisfacción de la escasez que siempre pide más. Nadie nos debe nada.

Dejemos de fijarnos en lo que no tenemos o en lo que perdimos. Es mejor apreciar todo lo bueno que hay en nuestras vidas, por pequeño, ajeno e insignificante que parezca. En lugar de luchar contra algo, es más efectivo potenciar el valor contrario. ¿En donde pones tu energía?

 

Ideas para fomentar la gratitud

Dar las gracias nos conecta, nos acerca, nos abre las puertas a la felicidad, al bienestar y a la generosidad.

Para y mira:

El primer ejercicio es muy sencillo: «Para, mira, anda». Es el método para ser felices y ver las oportunidades en cada momento. Perdemos las oportunidades porque no sabemos parar. Abre todos tus sentidos a esta maravillosa riqueza que nos ha sido dada, dice D. Steindl-Rast.

No es la felicidad la que nos hace ser agradecidos, es la gratitud la que nos hace ser felices, afirma el monje benedictino David Steindl-Rast.

La caja de la gratitud:

NMPCajaGratitud

Caja y acrílicos de N.M. Parga

Hay muchos buzones de quejas, reclamos y sugerencias, pero, ¿cuantos para dar las gracias? Este es un ejercicio a realizar en familia, en clase, con amigos o incluso en la oficina.

La idea es dar las gracias a alguien por algo ya sea firmando el mensaje o de forma anónima. Se puede escoger un día a la semana para leer los mensajes entre todos.

Mira este bonito ejemplo de el Aula de Elena.

 

Tres agradecimientos y dulces sueños:

Este es un hábito que tenemos en casa. Todas las noches, cuando los niños están en la cama les pido que den gracias por tres cosas «hoy».

A veces repiten lo mismo: he comido rico, he ido al parque, he jugado con mis amigos. Otras veces agradecen por lo que va a suceder e incluso por algo «malo» que les haya pasado.

Alguna noche están pletóricos y me toca parar, con alegría, la retahíla de agradecimientos.

 

Cuando amanece:

Comencemos el día dando gracias por una nueva hoja en blanco para escribir lo que queramos. Abro los ojos, ¿sigo viva?… ¡Gracias! Por muy enferma o deprimida que pueda estar una persona, siempre hay algo que agradecer. Algo por lo cual ha valido la pena nacer y crecer. Fíjate en los pequeños detalles que te hacen sentir a gusto.

 Cada vez que dices «gracias», el Universo te responde: ¿Qué más te puedo dar?, Mabel Katz.

 

El diario de la gratitud:

Imagina qué bonito sería leer dentro de unos meses o años tus recuerdos gratos. Evocar esos instantes de plenitud en los que has sentido la vida vibrando dentro de ti. Recordar lo que te ha hecho sonreír y estar a gusto en un momento dado.

 

Y tú, ¿cómo practicas la gratitud?

¡Gracias por compartir y por dejar un comentario!