Represión y tabú: Cómo nos condicionan desde la infancia

Adiós, niña buena. N.M. Parga

Desde que nacemos, cual semillas de posibilidades, nos cuadriculan en la forma de pensar, ser, sentir y hacer de la sociedad y la familia a las que pertenecemos. Sin darnos cuenta, nos volvemos copias. A mí me educaron para ser una niña buena, con todo lo que eso implica. Llevo años sintiendo que no encajo en ningún molde, que a ratos llevo puesta una camisa de fuerza. —Adiós, niña buena.

 

¿Te has sentido así? Dentro de un molde en el que no encajas o como una langosta en crecimiento que necesita romper el caparazón, mudar de piel y cambiar de agua.

Decirle adiós a la niña buena es decirle adiós a distintas formas de represión externa y de autocensura. Es liberarse de creencias limitantes en un proceso de toma de consciencia que requiere honestidad y valentía. Implica revisar el discurso, las nociones y las prácticas con las que defines quién eres, qué decides y dónde quieres estar. Decirle adiós a la niña buena es ser la persona que quieres ser y no lo que otras personas esperan que seas.

Esa camisa de fuerza no nos deja expresarnos como quisiéramos. Está basada en los patrones de pensamiento que heredamos en familia, de manera consciente o inconsciente. Y nuestra familia es un hilo de ese tejido modelador que es la sociedad, con su cultura, política e historia.

Esa camisa de fuerza también está tejida por distintas formas de poder (patriarcal, disciplinario, neoliberal) que han aparecido en la historia y que siguen existiendo yuxtapuestos.

El poder patriarcal del siglo XVIII es un poder soberano, una autoridad vertical que da muerte y controla la producción. El poder disciplinario del siglo XIX es horizontal y controla los cuerpos libres, la reproducción y la vida. El poder neoliberal del siglo XX y XXI es mercantil y mediático. Controla a los consumidores y modifica la estructura de los seres vivos con prótesis tecnológicas, como la píldora anticonceptiva.

Michel Foucault, el filósofo e historiador francés, en su Historia de la sexualidad, relacionó la represión con el “biopoder”, “el arte de gobernar los cuerpos libres”. Es decir, todas las políticas económicas, geográficas y demográficas que establece el poder para el control social.

Y el poder se ejerce, a veces, de forma sutil. Controlando nuestros cuerpos, controlan nuestra vida. Nos estandarizan, nos fragmentan, nos someten. Y cuando hablamos del control del cuerpo, hablamos de todo lo que implica la sexualidad.

¿Qué es la sexualidad?

La sexualidad es mucho más que el sexo y el sexo es mucho más que el coito. La sexualidad es tu propio modo de vivir el hecho de ser mujer, hombre o transexual, tu manera de situarte en el mundo, mostrándote tal y como eres.

La sexualidad es un aspecto central del ser humano. Abarca el sexo, las identidades, los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vive y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas y relaciones interpersonales.

La sexualidad es un universo complejo en el que interactúan factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales.

Las cuatro características de la sexualidad son: el erotismo, la vinculación afectiva, la reproductividad y el sexo genético y físico. —Organización Mundial de la Salud.

La sexualidad es más que el sexo y que el erotismo. No son sinónimos. También abarca la sensualidad, la maternidad, la paternidad, la lactancia, la menstruación, el climaterio (menopausia) y el placer.

El placer es poderoso. El placer es vital. El placer nutre nuestra creatividad y expansión. Nos hace sentir bien. Nos motiva. Por eso lo cercenan. Sin placer perdemos vitalidad y poder. Sin placer somos manipulables.

Y una forma de sentir placer es gracias al sexo. La energía sexual es la energía fundamental que da vida. Sin sexo ni tú ni yo hubiéramos nacido. El sexo crea vida y nos hace sentir vivos. Es grandioso cuando es una expresión de amor, de comunión y de intimidad. La energía que se expresa en el sexo es creativa, sanadora y vital. Mejora la autoestima y la salud.

Solo cuando se reprime se degenera en perversiones, psicosis y crímenes sexuales. Y se ha reprimido desde Adán y Eva.

Represión y tabú: ¿Cómo nos condicionan desde la infancia?

Condicionar es hacer depender algo de alguna condición. Es crear un hábito y un patrón de respuesta restringido.

La cultura nos condiciona en nuestra forma de ser desde que nacemos. Es un tejido que nos posibilita convertirnos en “algo” dentro de ciertos límites. Nos condicionan a pequeña y gran escala, en lo privado y en lo público. En el ámbito doméstico (familia, pareja); en el colegio, en la universidad, en la oficina, en el museo, en el barrio, en la ciudad, en los medios de comunicación, etc.

También heredamos y perpetuamos creencias falsas. Creemos que nuestro sexo, expresión y orientación sexuales son naturales y no lo son. Son construcciones sociales, culturales y políticas.

Lo cultural se enfrenta a lo natural. Cultural es el antibiótico que elimina las naturales bacterias. Cultural es sembrar trigo donde no estaba destinado a nacer. Cultural es que no tengamos descendencia con nuestros progenitores, cosa que en la naturaleza nada lo impide. El sexo entre humanos no es natural, es cultural, afirma Valérie Tasso.

Nos condicionan y verifican con ideales, nociones y con etiquetas que nos hacen válidos y aceptados o rechazados y excluidos. Ideales como ser una persona normal y sana, una mujer decente. Nociones como la orientación y las diferencias sexuales.

Por ejemplo, la noción médico jurídica “heterosexual” surgió en el siglo XIX. Y apareció como orientación sexual contraria a otras consideradas patológicas. En el siglo XIX también aparecieron las nociones de deficiencia y discapacidad.

El objetivo era equiparar sexo y reproducción. Es decir, fomentar la reproducción de los “no patológicos”. En particular: heterosexuales, blancos, de clase media, sanos, afirma el filósofo Paul Beatriz Preciado.

Y hemos integrado a tal punto estas nociones que nos identificamos a nosotros mismos por nuestra orientación sexual como heterosexuales, homosexuales y bisexuales.

En el siglo XIX también se separó la reproducción de la satisfacción y no para poner en valor el placer, sino para cercenarlo. Por lo que la mujer “ideal” de la época victoriana solo debía tener relaciones sexuales con fines reproductivos. Esto generó un estallido de casos de “histeria” y la consecuente creación del vibrador como utensilio de terapia médica.

La represión comienza en casa

Vida contenida en una jaulaNuestra forma de entender la sexualidad es aprendida. Y, como explicó Jung, hay un inconsciente colectivo que todos compartimos.

En casa aprendemos una escala de valores que sanciona ciertos comportamientos y preferencias, que evalúa las experiencias. Por lo que nos permitimos, o no, experimentar prácticas nuevas. Dicha escala de valores no viene predeterminada sino que la vamos construyendo, modificando a medida que vivimos.

En casa nos condicionan cuando nos educan para ser “buenos/as”. Es decir, cuando nos enseñan a obedecer, a callar y a complacer para ser “normales”, aceptados y queridos por nuestra familia. Las etiquetas implican toda una serie de restricciones y de verificaciones que varían según el clan y el contexto social, económico y cultural.

Para amoldarnos, las niñas aprendemos a bajar nuestro nivel de vitalidad. “Estate quieta, permanece sentada, sé buena”. La mente doblega al cuerpo. En los colegios se nos sienta en sillas, quietos durante muchas horas al día. Eso hace la ruptura entre cuerpo y mente. Se nos pide que seamos asexuales. Jugamos con muñecas que no tienen genitales. Nosotras tampoco nos miramos ahí. Ese espacio ya no nos pertenece. Pertenece a la honra de la familia, a la pareja, al ginecólogo. ¿Cuántas mujeres meten sus dedos en sus vaginas? Y así perdemos las conexiones neuromusculares y dejamos de sentir. —Mónica Felipe-Larralde.

En casa y en la calle escuchamos frases que juzgan, descalifican y limitan: «Los genitales huelen mal». «Es una guarrada». «Las chicas buenas no hacen eso». «De esto no se habla en público». «Una mujer decente no manifiesta su interés sexual ni toma la iniciativa». «Las madres deben amamantar a su bebé en privado». «El sexo anal es de homosexuales». «Los hombres no lloran». «Las mujeres no se masturban». «Calladita estás más bonita». «No hables, no toques ni pienses en sexo»…

Otra forma de represión doméstica es no llamar a las cosas por su nombre. Al no llamar a los órganos sexuales por su nombre, estamos ocultándolos. Al esconderlos damos el mensaje erróneo de que tienen algo de “malo, indecente, sucio e innombrable”. Damos a entender que nos da vergüenza. Y desde la infancia asociamos ciertas partes del cuerpo como vergonzosas.

La libertad empieza llamando a las cosas por su nombre. —Eve Ensler, autora de Los monólogos de la vagina.

Entre los siete y los nueve años, los niños deberían ser capaces de nombrar todas las partes del cuerpo incluyendo los genitales (vulva, labios, clítoris, vagina, pene, testículos, glande, uretra, ano…). También deberían reconocerse gracias a la autoexploración, la observación y el juego.

La autoexploración sucede de manera espontánea y va muy unida a la curiosidad. Para los niños esto no tiene nada de malo/morboso, porque no juzgan, hasta que un adulto les hace sentir “malos o sucios” por tocarse aunque sea en privado.

Al no permitir o al juzgar la exploración del propio cuerpo estamos truncando el conocimiento, la curiosidad y la conexión física para sentir placer.

Y todo lo que está prohibido decir o hacer se convierte en algo inaceptable, en tabú. En torno al tabú aparecen falsas ideas relacionas con aquello que se trata de evitar. Veamos tres ejemplos.

Tabú # 1: la masturbación

Muchas personas tienen la creencia infantil de que si se masturban pierden la capacidad de desear. Es justo lo contrario. Con la práctica no perdemos la capacidad, la incrementamos.

“Todo el mundo sabe masturbarse”. Pues no. Esta es otra falsa creencia. La masturbación también se aprende. Algunos con un “sobresaliente”; otros, con un “está progresando adecuadamente”. Depende de nuestra morfología, del grosor de la piel, de la habilidad y del permiso que nos demos para gozar. Y como es tabú, en lugar de enseñar a masturbarnos nos cohíben.

Nos trasmiten creencias erróneas, falacias moralistas que pueden llegar a perjudicar nuestra salud. Así, una sesión de “autoamor y autodescubrimiento” se convierte en tabú. Y en esto, la religión tiene mucho que ver.

En el catolicismo la masturbación es pecado. En el judaísmo, está prohibida. Los musulmanes la consideran un mal menor. El budismo desaconseja esta práctica porque considera que el deseo es una causa del sufrimiento. El hinduismo dice que masturbarse es decisión propia.

En una familia donde la represión sexual es muy alta, las jóvenes no se exploran, reciben mensajes negativos sobre su sexualidad y en consecuencia, algunas pueden llegar a tener vaginismo sin haber vivido ningún abuso, afirmó la fisioterapeuta sexual Tania Manglano en un encuentro en la Fundación Entredós.

Mientras las religiones prohíben la masturbación, los sexólogos la prescriben como tratamiento.

Y los terapeutas alternativos recomiendan que “no vayas al punto”. Es decir, que estimules todo tu cuerpo, descubras tu mapa erótico y te des un homenaje sin prisas. Y en lugar de masturbación hablan de sesión de autoamor o autotoque amoroso en la que elevas la energía de tu primer y segundo chakra hasta el séptimo y más allá. Una práctica que te relaja y te conecta con tu divinidad, en lugar de dejarte “más-turbado”.

Tabú # 2: la menstruación

Todo lo referente a la menstruación es aún tabú en la mayoría de los países. En India e Irán el 48% de las niñas no sabe nada acerca del período, según UNICEF. Esto es dañino para la salud física, psicológica y mental de esas niñas que no comprenden lo que les pasa y se sienten “sucias, aisladas y no válidas”.

Hay silencios que sanan y hay silencios que dañan. Con respecto a la sexualidad, lo más sano es compartir información y experiencias que nos ayudan a conocernos mejor y a entender lo que nos sucede. Esto nos permite tomar mejores decisiones y evitarnos dolores.

Contarnos cómo lo estamos viviendo es necesario. Con la tecnología y el ritmo actual de vida, estamos perdiendo eso que se genera en grupo cuando hablamos y compartimos experiencias de vida.

Los mayores dolores con relación al ciclo menstrual (aquellos que nos son patologías) tienen que ver con el silencio, con la ignorancia y con la representación del papel de género que va actualizándose o cambiando con el tiempo.

Hablar de sexualidad humana es hablar de la esencia misma del ser humano. —Maurice Merleau Ponty, filósofo.

Las mujeres somos cíclicas y cuando cuidamos nuestra alimentación, tiempos de descanso y actividades diarias, nuestros ciclos se acoplan a las fases de la luna y se hacen indoloros. Y cada fase tiene características distintas, cambios de humor y niveles de energía. Saberlo ayuda a organizar la agenda de actividades y a priorizar.

El tabú de la menstruación también desvaloriza la sangre menstrual, la considera un desecho. Y no lo es. Las mujeres cazadoras-recolectoras de la antigüedad la utilizaban para curar las heridas y para fertilizar la tierra. La sangre menstrual contiene células madre, un componente con alta capacidad de regeneración de tejidos corporales. Por eso la usan en laboratorios de criogenética para curar enfermedades celulares como la leucemia o el cáncer.

Tabú # 3: la virginidad

Virgen es el estado de una persona que no ha mantenido relaciones sexuales, que no ha sido explorada y que por tanto está intacta. Y una joven intacta puede tener el himen roto por causas distintas a las sexuales (ejercicios violentos, caídas, etc.). Por tanto, equiparar la virginidad con el estado del himen es una falacia.

Además, se suele relacionar la virginidad con la castidad. En algunas culturas y religiones se pide que las personas lleguen vírgenes al matrimonio. Por ello, promueven la castidad que es la virtud de dominar los instintos sexuales para orientarlos hacia un crecimiento espiritual. Esta abstinencia sexual se ve amenazada por la lujuria, la masturbación, la fornicación, la pornografía y la prostitución.

Y aunque las costumbres están cambiando, la idea de virginidad es aún una presión social, una forma de verificación que aprueba o excluye. Por ejemplo, una mujer que haya tenido varios novios —y, presuntamente, relaciones sexuales con todos ellos— antes de los veinte años en un país de América Latina tendrá pocos pretendientes “serios”. Demostrar que eres una buena chica es esencial si quieres casarte.

El tema de la honra y la virginidad ha dado para muchas novelas. “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez muestra el absurdo al que puede llegar una familia para «limpiar la honra» de una mujer que no llega virgen al matrimonio.

Todos tenemos tabúes. ¿Cuáles son los tuyos? ¿Qué te permites y qué no? ¿En qué te fijas? ¿Qué te estás perdiendo? ¿Qué quieres repetir? ¿Qué necesitas? ¿Cómo vives tu sexualidad? ¿Quieres liberarte de alguno de tus tabúes?

Tabú y represión van de la mano. En contextos políticos y sociales y psicoanalíticos, reprimir implica la pretensión de impedir un comportamiento o de castigarlo. En todos los contextos, la represión se ejerce desde un ámbito de poder, público o íntimo.

A grandes rasgos, vivimos en una sociedad jerárquica en la que una minoría que tiene el poder decide sobre la educación, la economía, la sanidad, la seguridad, la alimentación, etc. Vivimos en la sociedad de la desinformación por saturación (infoxicación) que distorsiona la percepción de la realidad. Una sociedad donde la cultura se ha masificado para consumir entretenimiento y diversión de manera fácil y rápida.

Vivimos en una sociedad consumista, del úsalo y tíralo, donde todo tiene fecha de caducidad, incluso las relaciones personales. Una sociedad donde la orientación sexual, los miedos, los tabúes y los placeres son usados para explotar un nicho de mercado.

También vivimos en una sociedad que está cambiando. Hay grupos de personas cuyo nivel de consciencia está aumentando de manera exponencial. Y todos tenemos la posibilidad de parar, reflexionar y decidir antes de actuar. De ser más conscientes del momento presente.

El tabú termina cuando rompemos el silencio y la censura y nos abrimos al diálogo, a ver lo mismo desde otra perspectiva. En una sociedad patriarcal, las mujeres que se conocen, se aman y se respetan a sí mismas están generando la transformación.

Respetarnos en una sociedad que nos insulta veinte veces al día es lo más valiente que podemos hacer: contra el patriarcado, la ternura es una herramienta brutal. —Judith Duportail, autora de «El algortimo del amor».

Puedes vivir la sexualidad que quieres, no la que el sistema nos vende. Y aunque la cultura en la que has crecido haya marcado tus valores y modificado tu cuerpo, puedes soltar lo que te pesa y quedarte con lo que te permite avanzar más a gusto. Liberarte de todas esas capas te permitirá conectar con tu verdadera esencia.

Nos han domesticado para que busquemos el amor afuera cuando ya somos amor. Eres una consciencia lista para brillar. ¿Te tomas el tiempo para indagar cuál es tu propia naturaleza?

 

Referencias

N.M. Parga, Adiós, niña buena, Amazon, 2018.

Paul Beatriz Preciado, la sexualidad es como las lenguas, se pueden aprender varias. El País.

Estudio sobre el contenido de la sangre menstrual

Una mujer que se ama a sí misma

Una mujer que se ama a sí misma

Mujer: somos la esperanza. Óleo. N.M. Parga

Nos hemos desvalorado con patrones de pensamiento heredados.

Nos han dicho que somos el sexo débil. Miden nuestra belleza en colores, kilos y tallas. Han dudado de nuestras habilidades intelectuales.

Nos han impedido el derecho al voto y el acceso a la educación. Nos es casi imposible llegar a puestos de poder. Nos pagan menos que a los hombres por hacer el mismo trabajo.

Nos acosan. Nos violan. Nos matan. Las leyes no nos protegen lo suficiente. Incluso durante una época se nos consideró seres asexuados, relegados a la satisfacción del macho y a la reproducción.

Y todavía la ablación es una práctica común en más de 32 países. Al año, tres millones de niñas sufren esta tortura. Lo peor, es que la realizan mujeres.

¿Por qué? ¿Para qué?

La potente sexualidad femenina

Algunas personas piensan que nos reprimen más a nosotras porque nuestra sexualidad es más amplia y potente.

Nosotras, a diferencia de los hombres, tenemos clítoris cuya única función conocida es la de proporcionar placer sexual. Nosotras no tenemos período refractario durante el sexo y podemos tener múltiples orgasmos sin perder energía.

Nosotras somos vehículo de vida porque gestamos a nuestros hijos y creamos proyectos vitales. Nosotras nutrimos el cuerpo y el alma. Amamantamos, primero. Alimentamos, después. ¡Hasta nuestra sangre menstrual es fertilizante!

Nosotras tenemos más inteligencia y fortaleza emocional. Nosotras ofrecemos nuevos puntos de vista para el desarrollo de la ciencia y las humanidades, como lo demuestra una larga lista de mujeres ejemplares. Y eso es muy valioso.

Somos valiosas. Deberíamos estar orgullosas de decir: «Soy una mujer, en un cuerpo de mujer y me encanta serlo».

Además, si mujeres equilibradas gobernaran no habría guerras. ¿Qué madre enviaría a la muerte, a la tortura y al sufrimiento en vano a un hijo propio o ajeno? ¿Qué mujer utilizaría el cuerpo de otra mujer como arma de guerra? *

Nosotras preferimos la colaboración a la competición. No tenemos que estar demostrando nuestra fuerza física, ni nuestro poder. Preferimos mostrar nuestras habilidades.

Pero nos educan y nos moldean para que seamos obedientes, para que traguemos entero y no intentemos salirnos de la norma. Nos educan para que nos creamos lineales olvidando que somos cíclicas. Y, ¿quién impone esas normas? Una minoría masculina que traza los parámetros para la mayoría. Hombres y mujeres.

Y aquí quiero recalcar que los hombres que aman a las mujeres (sean madres, hermanas, amantes, amigas, colegas…) están a favor de nosotras. No todos los hombres son depredadores, violadores, abusivos, etc. Dejar de enfrentarnos es un paso necesario para recuperar nuestro poder en tanto que seres humanos.

Además de enfrentarnos nos reprimen. Y la represión disminuye el valor natural y vital que tiene la sexualidad. Reprimir la sexualidad es una forma de quitarnos poder. Es una herramienta de manipulación y de desvalorización.

La sexualidad es mucho más que el sexo y el sexo es mucho más que el coito. La sexualidad es tu propio modo de vivir el hecho de ser mujer/hombre/transexual, etc., tu manera de situarte en el mundo, mostrándote tal y como eres.

¿Te muestras tal y como eres?

Adiós, niña buenaEmpoderarse significa ponerse en valor e influir en el mundo. «El poder personal es la capacidad que tenemos como mujeres de ser capaces de crear la vida que anhelamos, a través de una elección consciente de aquello que deseamos experimentar».

Para conectar con nuestro poder personal hemos de liberarnos de miedos, mitos y culpas. Y eso es lo que hace Sara, la protagonista de Adiós, niña buena. Ella decide deshacerse de límites, prejuicios y creencias. Decide aceptar su cuerpo y darse permiso para gozar. Decide expresarse con libertad y pedir lo que quiere. En el camino, aprende a conocerse mejor y a amarse a sí misma.

Paso a paso, Sara reflexiona sobre las relaciones de pareja, el matrimonio, la monogamia, la infidelidad y el poliamor para llegar a un nuevo equilibrio. Sara explora, entre otros temas, el masaje tántrico, los círculos de mujeres, el tantra, la terapia sexual de pareja, el cibersexo y los juegos de rol. Y lo hace desde la mirada curiosa de su niña interior.

Sara aprende que es necesario ser dueña y protagonista de su propio placer, de su vida. Es decir, ser responsable de su sexualidad. Empezar por ella. Ser su mejor amante. Eso implica conocer el propio cuerpo, los deseos, fantasías, necesidades, bloqueos y límites.

Y por supuesto, comete errores y vive experiencias placenteras y dolorosas que llaman su atención sobre la importancia de amarse a sí misma.

Una mujer que se ama a sí misma

Una mujer que se ama a sí misma, conoce sus límites, se respeta y se hace respetar. Se pone en valor y se compromete consigo misma. No acepta que la usen, humillen o maltraten. Se cuida. Se aprecia. Se acepta. Se da permiso para gozar. Toma decisiones y aprende de sus errores. Se hace visible. Se informa. Se forma. Crece en sabiduría.

¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido con el conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido con la información? — T.S. Elliot.

Una mujer que se ama a sí misma sabe que no es una media naranja sino un ser completo y decide compartir o no su tiempo con otras personas llámense marido, pareja, hijos, amigos, padres, conocidos, compañeros de trabajo, etc. Una mujer que se ama a sí misma aprende del conflicto y se aleja de las personas y situaciones que le hacen daño cuando no las puede cambiar.

Una mujer que se ama a sí misma, en una sociedad de represión moderada como la nuestra, recupera el poder que ha ido cediendo en otras personas e instituciones. Recupera la confianza en sus propias capacidades, decisiones y acciones. Se responsabiliza de los propios éxitos y de los errores necesarios para el crecimiento y el aprendizaje. Aprende a gestionar sus finanzas lo que le da independencia.

Una mujer que se ama a sí misma se expresa con libertad, sin importar el qué dirán, y participa en el cambio social.

No podemos modificar lo que ya ha sucedido. Aunque sí podemos escoger la propia actitud ante cualquier circunstancia. **

Una actitud responsable, no guerrera. Luchar no es reivindicar. Creo que la lucha está sobrevalorada***. Nos enfrenta. Nos debilita. No es la solución. Hace parte del sistema jerárquico patriarcal, del divide y vencerás, del discurso bélico. Hace que pierdas el foco y que uses tu energía en atacar no en crear.

Lo que sí funciona es tejer redes de solidaridad y sororidad. Compartir los aprendizajes y hacer eco. Transformar desde la creatividad, la colaboración y la educación. Hacer valer los derechos adquiridos.

Se trata de recuperar nuestro propio poder, nuestra confianza e influir en el cambio de perspectiva a pequeña y gran escala desde hoy.

Dentro de ti tienes un reloj biológico que late y vibra para que veas lo esencial y practiques todo lo que significa ser una persona que —de verdad— se ama y se valora a sí misma.

Estas son algunas ideas. Me encantaría que compartieras en los comentarios otras formas de empoderamiento y amor propio. ¡Gracias!

Referencias

Parga, N.M. «Adiós, niña buena», Amazon, 2018.

Ruiz Ruiz, Isabel, «Mujeres». Colección de libros ilustrados.

Notas

* Se calcula que un 1-2% de la población es psicópata, de la cual el 50% son mujeres.

** Parafraseando a Viktor Frankl.

*** Creo que las palabras «luchar y lucha» podrían cambiarse por otros verbos y sustantivos más apropiados y enriquecedores. Las palabras que utilizamos son importantes y definen nuestra cosmovisión.