Cómo identifico mi polaridad femenina (parte 1)

Cuando hablamos de polaridad masculina y femenina, no hablamos ni del sexo biológico ni del género ni de los roles asignados por la sociedad.

Todos los seres humanos somos una mezcla de energía femenina y masculina. O si lo prefieres, de energía vital y creadora. Ninguna es mejor que la otra, las diferentes cualidades que realza cada extremo de la polaridad muestran funciones distintas, no jerarquías.

La energía es una fuerza vital que fluye y cocrea. Todos somos una danza energética de las polaridades masculina y femenina. Cuando las identificamos y aceptamos, nos damos permiso para conocernos, amarnos y mostrar nuestra mejor versión en cada momento.

La polaridad

La polaridad es la condición de lo que tiene propiedades opuestas, como los polos. Lo que nos permite distinguir entre sí las cualidades de cada uno, así como apreciar los contrastes.

Las polaridades son las fuerzas determinadas por la experiencia de lo que somos.—Carmen Enguita

Cuando estas dos fuerzas se alternan y cooperan en equilibrio, la vida es armónica, intensa y fluida.

Todo el universo está regido por dos fuerzas en constante atracción. El Taoísmo habla del Yin y el Yang. El Hinduismo, de Shiva y Shakti. La física habla de que hay un polo positivo y uno negativo. En la naturaleza siempre hay una fuerza que emite y una que recibe. El Tantra habla de energía femenina y masculina.—Francisco Fortuño

Las polaridades femenina y masculina se manifiestan en todo lo que existe. Por ejemplo, en un río, ¿qué crees que tiene polaridad femenina y qué masculina?

El cauce del río expresa la polaridad masculina porque da estructura y contiene. El agua del río expresa la polaridad femenina porque fluye, cambia y es fuente de vida.

¿Cómo identifico mi polaridad femenina y masculina?

Escritura terapéuticaDurante el día tu energía alterna de una polaridad a otra sin darte cuenta. Por ejemplo, en el trabajo, cuando necesitas terminar una tarea, haces listas de verificación, te concentras en conseguir el objetivo y tienes un rol activo, estás en tu polaridad masculina.

Cuando estás en la etapa del proceso creativo y disfrutas con la lluvia de ideas, cuando piensas en todo lo que puede pasar desde una perspectiva general, cuando escuchas y te abres a sugerencias de mejora, estás en tu polaridad femenina.

En este artículo nos centraremos en la polaridad femenina; en el segundo, explicaré las características de la polaridad masculina; en el tercer artículo, veremos un paralelo entre las dos polaridades para que identifiques en qué momento estás en una o en otra y en el cuarto artículo profundizaré sobre algunas ideas y ejercicios para armonizar lo femenino y lo masculino.

Características de la polaridad femenina o vital

Circular: si tuviésemos que pintarla, la polaridad femenina sería un flujo de amor circular. Es curvilínea. Se deja llevar y cambia según los ciclos. Y aunque a todos nos influyen los ciclos de la naturaleza, a la polaridad femenina en un cuerpo de mujer aún más.

Creativa: lo femenino es creativo, es esa parte nuestra que juega e imagina, que conecta con una lluvia de ideas y con la inspiración para encarnar y dar vida tangible a un hijo, un proyecto, una iniciativa, una obra de arte, etc.

Intuitiva: la intuición, esa guía que todos llevamos dentro, esa capacidad de ver el aspecto interno de las cosas y de ver más allá, es femenina. Nos habla a través de impulsos físicos, viscerales, auditivos y visuales. Se comunica también por medio de sueños, señales y cambios en el entorno.

Receptiva: le polaridad femenina observa, escucha, huele, degusta y es capaz de identificar las emociones, los sentimientos y conectar. Cuando la incomodidad se apodera de ti y no sabes qué te pasa, es porque estás limitando tu polaridad femenina que te ayuda a conocerte mejor a través de las emociones.

Colaboradora: la polaridad femenina comparte y se relaciona. Trasciende los límites del yo para conectarse con los demás. Es esa parte de ti que se abre y cuenta lo que te ha pasado a algún amigo/a; esa que comparte alegrías y comidas; esa que escucha, abraza y da una mano.

Selectiva: lo femenino se basa en las emociones para seleccionar a quién recibe o rechaza. ¿Qué me hace sentir? ¿Seguridad, amor? Las emociones nos permiten filtrar a las personas con las que nos relacionamos y lo que nos pasa.

Amorosa: la energía femenina recibe y da, es un océano de amor incondicional que no juzga. Crea vínculos amistosos, teje redes solidarias y sustenta cualquier relación. Abraza, acoge, acompaña, nutre.

En desequilibrio

Cuando la polaridad femenina siente carencia, busca llenarse y distraerse. Puede ser viendo series, comprando sin necesidad, comiendo sin hambre o teniendo sexo sin amor.

Le polaridad femenina sin la masculina se siente sin apoyo, sin enfoque, sin propósito, es frágil e inestable y como resultado no tiene sentido de éxito.

La inmadurez en la polaridad femenina se manifiesta en manipulación, incapacidad para tomar decisiones, celos, berrinches, mentiras, exigencias.

Si solo trabajo con mi polaridad femenina me lleno de dudas; todo me queda grande; me afecta mucho el estado de ánimo de los demás; me cuesta decir no y delimitar mi espacio personal; me agoto porque me ocupo más de los demás que de mí; identifico mis emociones pero me pierdo en ellas; me cuesta expresar mis necesidades y deseos; me cuesta hacer realidad mis sueños y materializar mis ideas; necesito que alguien me oriente y me valore.

Una mujer cuya polaridad masculina se expresa en exceso pierde su feminidad, su conexión con la tierra y con sus propios ciclos. Se desconecta de su intuición y se enfoca en el hacer, sometida al tirano interno que busca un sitio de reconocimiento en la sociedad.

¿Qué le aporta a un hombre desarrollar su polaridad femenina?

Creatividad, sabiduría, intuición, la conexión con sus emociones y sentimientos profundos, la apertura de corazón, la fluidez en todo lo que hace, la flexibilidad para adaptarse a los cambios, la relajación y la paz interior.

Un hombre que honra su energía femenina es amoroso, juguetón y tierno con las personas que ama y con la naturaleza. Su trabajo es valioso, inclusivo y tiene sentido porque está al servicio de la vida.

El desarrollo de sus cualidades femeninas internas le da alegría, vitalidad, capacidad de gozo y erotismo. En las relaciones amorosas, vive el compromiso y la entrega sin perder la libertad. Es feliz, ama y se siente amado.

¿Cuáles de estas características tienes más activas?

Hoy te invito a tomar consciencia de tu polaridad femenina.

Artículos relacionados

Cómo identifico mi polaridad masculina

Comparativo de las dos polaridades femenina y masculina

Ejercicios para armonizar las polaridades femenina y masculina 

Referencias

Carmen Enguita, pionera en sexualidad alquímica, el equilibrio entre la polaridad femenina y masculina

Francisco Fortuño, creador de hombresevolucionantes.com

María Gabriela Santini, fundadora de la Escuela de sexualidad y espiritualidad

Sylvia Briceño Aranguren, creadora y anfitriona del congreso virtual Juntos somos invencibles

Ámate, vales la alegría

Ámate

Porque eres suficiente, digan lo que digan.

Porque sabes que disfrutar de la vida es la mejor manera de valorar el tiempo. Porque eso que te hace distinta y rara, te hace única, y si has nacido es por y para crear algo que solo tú puedes hacer a tu manera.

Porque te atreves aún cuando sientes miedo.

Porque sabes que soñar es el primer paso para hacerlo realidad. Porque estás aprendiendo a parar, a soltar y a dejar de machacarte.

Porque eres capaz de hacer menos caso a tus complejos y centrarte en tus fortalezas.

Porque desde que naciste te dijeron cómo debías ser, responder, vestir, sentir, hablar, etc., y tú te estás atreviendo a ser tú, con todas sus consecuencias.

Porque eres la persona más importante en tu vida. Porque solo tú estás en tu piel y eres tuya y de nadie más.

Ámate, valórate y háblate bonito. Así, no habrá forma de que las palabras o los gestos de otro te hagan daño.

Porque mereces palabras sinceras, abrazos sanadores y silencios acompañantes. Porque solo por existir eres digna de amor y respeto.

Por eso, y por todo lo no dicho, ámate.

Vales la alegría

Tú vales la alegría de decir lo que sientes, claro y de frente cuando lo necesites. Vales la alegría de ser lo que quieres ser sin que te importe el qué dirán. Los demás siempre tendrán algo que criticar, ¡que se miren al espejo, y se escuchen primero!

Vales la alegría de aclarar tu mente, identificar lo que quieres e ir a por ello, porque tú puedes y te lo mereces.

La alegría de aprender de tus errores. ¡Todos nos hemos caído al empezar a caminar!

¡Sí! Y celebrar tus aciertos, tus logros, tus talentos. Tú vales la alegría de sentirte suficiente, de ser tú, de acariciar tu piel, de vibrar en tu cuerpo.

Tú vales la alegría de disfrutar cariño, tiempo y atención sin mendigar a personas que solo quieren pasar el rato. Vales la alegría de estar con gente que sepa decir: me gustas, te amo, lo siento, te echo de menos, ¿qué puedo hacer por ti? Gente coherente que además de decirlo te lo demuestre con hechos. Tú vales la alegría de besos, abrazos, orgasmos y miradas que te hagan sentir muy viva/o.

Vales la alegría de cantar, bailar, pintar, esquiar, viajar, hacer el tonto, el amor o lo que te gusta y partirte de risa. La alegría de existir. Vales la alegría de comprobar que puedes liberarte de todo eso que te ata y te bloquea porque está en tu mente.

Sé que vales toda la alegría. 

Y yo también.😉

¡Quiérete, vales la alegría!

Chamana, mujer medicina

Chamana, mujer medicina. Óleo sobre lienzo, N.M. Parga.

Chamana, mujer medicina:
Amas la naturaleza, y ella también te ama.
Lo sabes, porque las plantas te cuentan sus secretos,
esos que te permiten curar heridas y cuerpos.
Lo sabes, porque los árboles lloran de alegría
con tus abrazos.
Y cuando aúllas, los lobos vienen a tu encuentro
para correr con ellos.

Mujer salvaje, sin filtros, pura, cambiante,
Conversas con la madre naturaleza,
Que no es indiferente ni sorda ni ciega.
Y con ese amor mutuo, cocreas.
Ella pone la semilla y te inspira,
tú la plantas y, con agradecimiento, cosechas.

Mujer sabia, apagas el ruido del mundo
y sientes de piel hacia adentro.
Caminas descalza sobre hierba mojada
porque escuchas y atiendes los mensajes de tu cuerpo.
Y lo acaricias y pintas como el mejor de los lienzos.

Mujer auténtica, aprendiste a vomitar tu ira
sin lastimar a nadie,
y a ponerle voz a lo que llevas dentro,
también saliste del infierno de los que no se aman,
para gozar cada día y brillar en tu fuero interno.

Escritura sanadora: 7 ejercicios para sentirte mejor

Escritura sanadora

Escribir sobre las emociones, sentimientos y experiencias positivas mejora el estado de ánimo. Está comprobado. El acto de escribir nos hace buscar cierta coherencia, nos invita a la autoexploración y nos da la sensación de sentido. Nos conecta con nuestra sabiduría interior.

Primero, hemos de parar, mirar hacia adentro y reconocernos, para materializar en palabras escritas aquello que pensamos o sentimos.

¿Sabías que los seres humanos tenemos entre 60.000 y 70.000 pensamientos diarios? Y no somos conscientes de la mayoría de ellos ni del poder que tienen.

Los pensamientos pueden enfermarnos y, cuando los cambiamos, también pueden sanarnos. —Dr. Joe Dispenza.

Los seres humanos tenemos la costumbre de fijarnos en lo que nos cuesta, en lo que nos falta, en todo lo que no. Y resulta que hacerlo nos aleja más de aquello que queremos y del estado de plenitud.

Por eso, hoy vamos a hacer el ejercicio de fluir y recuperar esa sensación de entrar poco a poco en una vibración de bienestar. Y para ello te propongo siete ejercicios de escritura.

Es tu decisión sacar el tiempo y la disposición para sentirte mejor. Es tu decisión cambiar el hábito de la queja por el hábito de la apreciación. Tú decides crear o no. Tú decides vivir momentos de alegría y ser feliz. Tienes el poder de cambiar tu perspectiva.

Cuando cambias la forma en que miras, las cosas que miras cambian. —Dr. Wayne Dyer.

Escritura sanadora: 7 ejercicios para sentirte mejor

Hoy te invito a que pongas tu atención y foco en todo aquello que aprecias, que te gusta, que te hace sonreír, que te hace feliz.

Cierra los ojos, relájate y respira profundo.

Piensa en todo lo qué te alegra la vista, el olfato, el gusto, el tacto, el oído, el corazón.

Recuerda qué te gusta hacer, qué es lo que más aprecias de la gente, de los viajes, del lugar en el que vives, de las relaciones que tienes, etc.

1. Lista de «me gusta»

Coge papel y bolígrafo y haz listas de todo lo que te gusta, de todo lo que aprecias, de lo que prefieres. Escribe sin pensarlo mucho. Deja que salga. Deja que fluya. Algo que te gusta te recordará otra cosa y cuando te des cuenta habrás completado una página o más.

No importa la ortografía ni la sintaxis ni la redacción ni el orden. Esta actividad te conecta con aquello que eleva tu vibración; con aquello que te mueve un poco cuando no tienes ganas de hacer nada.

Este primer ejercicio es fácil y rápido. Dedícale por lo menos cinco minutos de atención plena, por favor.

Cositas simples que me hacen feliz

2. Inventario de momentos alegres

Este ejercicio es parecido al anterior aunque requiere un poco más de detalle y de visualización. Si en la lista anterior escribiste, por ejemplo: «me gusta caminar», aquí vas a dar un paso más hacia tu interior y vas a añadir las sensaciones agradables que asocias con el acto de caminar. Por ejemplo:

Caminar es una alegría para mí. Me gusta caminar en la playa, en la orilla del mar y sentir el agua que refresca mis pies sobre la arena caliente. Cuando hace calor, una caminata mañanera bajo la sombra de los árboles, me relaja y me llena de energía. Cuando camino me inspiro y me siento más viva, más fuerte, más atractiva. ¡Me encanta caminar!

¿Te das cuenta? Cuando prestas atención, las pequeña alegrías crecen.

3. Diario de risas y sonrisas

¿Sabías que la risa alivia el dolor, el estrés y las molestias de algunas enfermedades? Sí, la risa hace que liberemos endorfinas y serotonina, hormonas que se asocian al placer y la felicidad.

La idea es que comiences el diario hoy y que escribas todos los días, aunque sea solo una frase. Lo importante es crear el hábito de escritura y eso se logra con la repetición. Enséñale a tu cerebro a fijarse en lo positivo antes que en lo negativo.

Es más fácil escoger una libreta y escribir a mano. Si prefieres, también lo puedes hacer en el ordenador. Escribe qué te ha hecho reír, sonreír o sentirte bien hoy. Cada día, antes de acostarte, anota la fecha, la descripción del momento feliz y, si quieres, el porcentaje de alegría. Por ejemplo:

15-jul-19. Hoy vi un capítulo de «Bing Bang Theory» y casi me muero de risa. Me encantan los actores y los guionistas. Alegría: 90%

Otro ejemplo, más trabajado:

17-dic-18. Era la hora de dormir y estaba sentada en la cama de mi hijo de nueve años. De repente me pregunta:
—Mamá, ¿a que a las chicas no se les llama gilipollas?
—No —respondí muy contenta del respeto que mostraba hacia las chicas, hasta que vi dibujarse en su cara una sonrisa traviesa.
—Se les llama "gilichochos" —dijo con una seguridad aplastante y yo solté una carcajada. No me lo esperaba. Nivel de alegría: 100%.
—¿Dónde aprendiste eso? —pregunté tan pronto recuperé el aire y la compostura.
—Con mis amigos del cole. —Y se retorció de satisfacción, el muy pillín.

Después de un mes de escritura, lee el diario. Da gusto comprobar que has tenido instantes alegres todos los días. Yo tengo un cuaderno solo para escribir las frases y preguntas divertidas de mis hijos. Ellos me hacen reír y sonreír todos los días.

4. Cuaderno de recuerdos felices

Otra versión del ejercicio anterior es el cuaderno de recuerdos felices. Son esas experiencias que vale la pena rememorar o contar. Tal vez quieras viajar a tu niñez y recuperar algún instante de alegría o de bienestar. Quizás quieras volver a vivir algún momento de un viaje inolvidable.

Yo acabo de viajar a mi infancia, a una mañana de juegos con mi hermana. Estábamos en el patio de casa, que tenía árboles de mango, ciruela, níspero y guayaba:

La felicidad era aquello. Aquella rama flexible del árbol del mango que nos servía de avión y de nave espacial. Yo, encima de la rama; tú, colgada de la punta hasta hacerla descender al suelo. La soltabas y me catapultabas hacia el cielo. ¡Dicha pura! Aún escucho nuestras carcajadas explosivas y siento la aérea sensación de libertad. Era nuestro parque de atracciones privado. Y nosotras, unas niñas afortunadas.

5. Recuento de noticias alegres

El miedo vende. Y la gente miedosa es fácil de manipular. Por eso, los noticieros y los periódicos nos bombardean con noticias que nos alejan del estado de paz, confianza y bienestar. Sin embargo, acabo de buscar «noticias alegres» en Google y hay más de ciento sesenta y seis millones de resultados; más de quince millones en Ecosia.

Antena3 tiene un apartado de noticias positivas, así como cuentamealgobueno.com el periódico de las buenas noticias. Y hay muchos más.

Sin ser periodista, puedes recomendar a alguien, comentar un proyecto, un invento, una hazaña. Puedes reseñar un libro, una película o compartir una historia positiva que responda a las preguntas: qué, quién, cuándo, dónde, por qué, cómo.

También puedes dar las gracias, compartir o dejar comentarios constructivos en las redes sociales.

Ahí donde pones tu atención, pones tu energía. Enfócate en las buenas noticias, en la cantidad de gente con iniciativas maravillosas. Y compártelas para darles visibilidad.

Si no te gusta algo, quítale el poder que le has dado: tu atención.

6. Lo que aprecio aquí y ahora

Apreciar es reconocer sin dar por hecho. Es estimar, valorar y sentir afecto. Puedes apreciar una persona, un animal, una cosa, una situación, un estado de ánimo, un gesto, etc. Cuando aprecias nada es insignificante y te sientes abundante.

Enfócate en el presente. Siente tu cuerpo. Respira, canta, muévete. Estimula tus sentidos y concéntrate en esas sensaciones. Huele el café, las flores, lo que quieras. Toca distintas texturas. Siente diferentes temperaturas. Escucha una canción alegre. El cuerpo es un vehículo maravilloso cuando nos permitimos ser y sentir.

Respira profundo. Mira a tu alrededor. ¿Qué aprecias?

Tal vez te acabas de despertar y has dormido bien, has recargado energía. O es medio día y vas a comer algo delicioso. O estás saliendo del trabajo y vas a ver a alguien que amas. O estás satisfecho/a porque lo has logrado. O hace un día precioso.

La lista puede ser larga si te entrenas en el arte de apreciar los detalles que te hacen sentir mejor, aunque sea un poquito mejor. A veces, no nos damos cuenta de todo lo que apreciamos hasta que lo perdemos.

El lente con el que vemos el mundo transforma nuestra realidad. El 90% de la felicidad proviene de la manera en que el cerebro procesa la información. —Shawn Achor.

7. Libreta de bromas o intento de comedia

A mi hijo mayor le encanta contar chistes, como a mi abuelo paterno, y tiene un libro de bromas de bolsillo que se sabe de memoria. Esto me ha dado la idea de escribir una libreta con situaciones graciosas en las que te puedas reír de ti mismo/a.

Reírnos de nosotros mismos desdramatiza y relativiza cualquier situación.

Para escribir, ten en cuenta que el humor es la solución al conflicto. Es la liberación de la tensión. Si te fijas, en las comedias siempre hay situaciones de conflicto y tensión. También hay momentos de desesperación que terminan con una respuesta inesperada e impredecible, que causa la risa.

El sentido del humor se puede entrenar. Cuando estamos con amigos o en familia, el humor requiere un clima de confianza y de respeto. Reírse de uno mismo es genial, pero burlarse de otro es ofensivo.

Para mí, este es el ejercicio más difícil, y siento una gran admiración por los guionistas de humor y los cómicos que improvisan monólogos de risa.

¿Te apuntas al reto?

Nota: La escritura no reemplaza el tratamiento de un psicólogo o de un médico. Si te sientes mal, lo mejor es pedir ayuda a un profesional de la salud.

Si estás leyendo este artículo quiere decir que la vida corre por tus venas y ese es un motivo para celebrar. Hoy es un regalo lleno de posibilidades y pequeños obsequios.

Ser feliz es una decisión diaria. La de ser más consciente de los propios pensamientos y emociones para elegir lo que te hace sentir mejor en cada momento.

Aquí te dejo esta semilla, por si te apetece comprometerte a ser más consciente y a sintonizar con lo mejor que este mundo te ofrece en cada momento.

¿Practicas alguno de estos ejercicios? Cuéntamelo en los comentarios.

¡Gracias!

 

Artículo relacionado: 

Escribir para sanar: 5 ejercicios de escritura terapéutica

Referencias:

Achor, Shawn. 2011, Mayo. «The happy secret to better work». Fuente: TED talks

Abraham, Esther & Jerry Hicks. 2011, Enero, 27. «The 30 day better feeling thought process». Fuente: Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=zdoddb4OIBM

Antena3 Noticias positivas

Cuentamealgobueno.com el periódico de buenas noticias

Represión y tabú: Cómo nos condicionan desde la infancia

Adiós, niña buena. N.M. Parga

Desde que nacemos, cual semillas de posibilidades, nos cuadriculan en la forma de pensar, ser, sentir y hacer de la sociedad y la familia a las que pertenecemos. Sin darnos cuenta, nos volvemos copias. A mí me educaron para ser una niña buena, con todo lo que eso implica. Llevo años sintiendo que no encajo en ningún molde, que a ratos llevo puesta una camisa de fuerza. —Adiós, niña buena.

 

¿Te has sentido así? Dentro de un molde en el que no encajas o como una langosta en crecimiento que necesita romper el caparazón, mudar de piel y cambiar de agua.

Decirle adiós a la niña buena es decirle adiós a distintas formas de represión externa y de autocensura. Es liberarse de creencias limitantes en un proceso de toma de consciencia que requiere honestidad y valentía. Implica revisar el discurso, las nociones y las prácticas con las que defines quién eres, qué decides y dónde quieres estar. Decirle adiós a la niña buena es ser la persona que quieres ser y no lo que otras personas esperan que seas.

Esa camisa de fuerza no nos deja expresarnos como quisiéramos. Está basada en los patrones de pensamiento que heredamos en familia, de manera consciente o inconsciente. Y nuestra familia es un hilo de ese tejido modelador que es la sociedad, con su cultura, política e historia.

Esa camisa de fuerza también está tejida por distintas formas de poder (patriarcal, disciplinario, neoliberal) que han aparecido en la historia y que siguen existiendo yuxtapuestos.

«El poder patriarcal del siglo XVIII es un poder soberano, una autoridad vertical que da muerte y controla la producción. El poder disciplinario del siglo XIX es horizontal y controla los cuerpos libres, la reproducción y la vida. El poder neoliberal del siglo XX y XXI es mercantil y mediático. Controla a los consumidores y modifica la estructura de los seres vivos con prótesis tecnológicas, como la píldora anticonceptiva», afirma Paul Beatriz Preciado.

Michel Foucault, el filósofo e historiador francés, en su Historia de la sexualidad, relacionó la represión con el “biopoder”, “el arte de gobernar los cuerpos libres”. Es decir, todas las políticas económicas, geográficas y demográficas que establece el poder para el control social.

Y el poder se ejerce, a veces, de forma sutil. Controlando nuestros cuerpos, controlan nuestra vida. Nos estandarizan, nos fragmentan, nos someten. Y cuando hablamos del control del cuerpo, hablamos de todo lo que implica la sexualidad.

¿Qué es la sexualidad?

La sexualidad es mucho más que el sexo y el sexo es mucho más que el coito. La sexualidad es tu propio modo de vivir el hecho de ser mujer, hombre o transexual, tu manera de situarte en el mundo, mostrándote tal y como eres.

La sexualidad es un aspecto central del ser humano. Abarca el sexo, las identidades, los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vive y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas y relaciones interpersonales.

La sexualidad es un universo complejo en el que interactúan factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales.

Las cuatro características de la sexualidad son: el erotismo, la vinculación afectiva, la reproductividad y el sexo genético y físico. —Organización Mundial de la Salud.

La sexualidad es más que el sexo y que el erotismo. No son sinónimos. También abarca la sensualidad, la maternidad, la paternidad, la lactancia, la menstruación, el climaterio (menopausia) y el placer.

El placer es poderoso. El placer es vital. El placer nutre nuestra creatividad y expansión. Nos hace sentir bien. Nos motiva. Por eso lo cercenan. Sin placer perdemos vitalidad y poder. Sin placer somos manipulables.

La energía del placer expande la consciencia. — Sylvia de la Luz.

Y una forma de sentir placer es gracias al sexo. La energía sexual es la energía fundamental que da vida y de la muerte. Sin sexo ni tú ni yo hubiéramos nacido. El sexo crea vida y nos hace sentir vivos. Es grandioso cuando es una expresión de amor, de comunión y de intimidad. La energía que se expresa en el sexo es creativa, sanadora y vital. Mejora la autoestima y la salud.

Solo cuando se reprime se degenera en perversiones, psicosis y crímenes sexuales. Y se ha reprimido desde Adán y Eva.

Represión y tabú: ¿Cómo nos condicionan desde la infancia?

Condicionar es hacer depender algo de alguna condición. Es crear un hábito y un patrón de respuesta restringido.

La cultura nos condiciona en nuestra forma de ser desde que nacemos. Es un tejido que nos posibilita convertirnos en “algo” dentro de ciertos límites. Nos condicionan a pequeña y gran escala, en lo privado y en lo público. En el ámbito doméstico (familia, pareja); en el colegio, en la universidad, en la oficina, en el museo, en el barrio, en la ciudad, en los medios de comunicación, etc.

También heredamos y perpetuamos creencias falsas. Creemos que nuestro sexo, expresión y orientación sexuales son naturales y no lo son. Son construcciones sociales, culturales y políticas.

Lo cultural se enfrenta a lo natural. Cultural es el antibiótico que elimina las naturales bacterias. Cultural es sembrar trigo donde no estaba destinado a nacer. Cultural es que no tengamos descendencia con nuestros progenitores, cosa que en la naturaleza nada lo impide. El sexo entre humanos no es natural, es cultural, afirma Valérie Tasso.

Nos condicionan y verifican con ideales, nociones y con etiquetas que nos hacen válidos y aceptados o rechazados y excluidos. Ideales como ser una persona normal y sana, una mujer decente. Nociones como la orientación y las diferencias sexuales.

Por ejemplo, la noción médico jurídica “heterosexual” surgió en el siglo XIX. Y apareció como orientación sexual contraria a otras consideradas patológicas. En el siglo XIX también aparecieron las nociones de deficiencia y discapacidad.

El objetivo era equiparar sexo y reproducción. Es decir, fomentar la reproducción de los “no patológicos”. En particular: heterosexuales, blancos, de clase media, sanos, afirma el filósofo Paul Beatriz Preciado.

Y hemos integrado a tal punto estas nociones que nos identificamos a nosotros mismos por nuestra orientación sexual como heterosexuales, homosexuales y bisexuales.

En el siglo XIX también se separó la reproducción de la satisfacción y no para poner en valor el placer, sino para cercenarlo. Por lo que la mujer “ideal” de la época victoriana solo debía tener relaciones sexuales con fines reproductivos. Esto generó un estallido de casos de “histeria” y la consecuente creación del vibrador como utensilio de terapia médica.

Además, a mayor represión del placer corporal en una sociedad, mayor violencia. Esto lo demuestra un estudio del neurólogo norteamericano James W. Prescott titulado Placer corporal y origen de la violencia (Body pleasure and the origins of violence) publicado en el Atomist Scientist de noviembre de 1975. (*)

La libertad sexual de la mujer, la unión madre-criatura, el placer corporal en la
infancia (caricias, besos, abrazos, cuidados, masturbación) y la libertad de relaciones sexuales en la adolescencia son necesarios para una cultura de paz.

La represión comienza en casa

Vida contenida en una jaulaNuestra forma de entender la sexualidad es aprendida. Y, como explicó Jung, hay un inconsciente colectivo que todos compartimos.

En casa aprendemos una escala de valores que sanciona ciertos comportamientos y preferencias, que evalúa las experiencias. Por lo que nos permitimos, o no, experimentar prácticas nuevas. Dicha escala de valores no viene predeterminada sino que la vamos construyendo, modificando a medida que vivimos.

En casa nos condicionan cuando nos educan para ser “buenos/as”. Es decir, cuando nos enseñan a obedecer, a callar y a complacer para ser “normales”, aceptados y queridos por nuestra familia. Las etiquetas implican toda una serie de restricciones y de verificaciones que varían según el clan y el contexto social, económico y cultural.

Para amoldarnos, las niñas aprendemos a bajar nuestro nivel de vitalidad. “Estate quieta, permanece sentada, sé buena”. La mente doblega al cuerpo. En los colegios se nos sienta en sillas, quietos durante muchas horas al día. Eso hace la ruptura entre cuerpo y mente. Se nos pide que seamos asexuales. Jugamos con muñecas que no tienen genitales. Nosotras tampoco nos miramos ahí. Ese espacio ya no nos pertenece. Pertenece a la honra de la familia, a la pareja, al ginecólogo. ¿Cuántas mujeres meten sus dedos en sus vaginas? Y así perdemos las conexiones neuromusculares y dejamos de sentir. —Mónica Felipe-Larralde.

En casa y en la calle escuchamos frases que juzgan, descalifican y limitan: «Los genitales huelen mal». «Es una guarrada». «Las chicas buenas no hacen eso». «De esto no se habla en público». «Una mujer decente no manifiesta su interés sexual ni toma la iniciativa». «Las madres deben amamantar a su bebé en privado». «El sexo anal es de homosexuales». «Los hombres no lloran». «Las mujeres no se masturban». «Calladita estás más bonita». «No hables, no toques ni pienses en sexo»…

Otra forma de represión doméstica es no llamar a las cosas por su nombre. Al no llamar a los órganos sexuales por su nombre, estamos ocultándolos. Al esconderlos damos el mensaje erróneo de que tienen algo de “malo, indecente, sucio e innombrable”. Damos a entender que nos da vergüenza. Y desde la infancia asociamos ciertas partes del cuerpo como vergonzosas.

La libertad empieza llamando a las cosas por su nombre. —Eve Ensler, autora de Los monólogos de la vagina.

Entre los siete y los nueve años, los niños deberían ser capaces de nombrar todas las partes del cuerpo incluyendo los genitales (vulva, labios, clítoris, vagina, pene, testículos, glande, uretra, ano…). También deberían reconocerse gracias a la autoexploración, la observación y el juego.

La autoexploración sucede de manera espontánea y va muy unida a la curiosidad. Para los niños esto no tiene nada de malo/morboso, porque no juzgan, hasta que un adulto les hace sentir “malos o sucios” por tocarse aunque sea en privado.

Al no permitir o al juzgar la exploración del propio cuerpo estamos truncando el conocimiento, la curiosidad y la conexión física para sentir placer.

Y todo lo que está prohibido decir o hacer se convierte en algo inaceptable, en tabú. En torno al tabú aparecen falsas ideas relacionas con aquello que se trata de evitar. Veamos tres ejemplos.

Tabú # 1: la masturbación

Muchas personas tienen la creencia infantil de que si se masturban pierden la capacidad de desear. Es justo lo contrario. Con la práctica no perdemos la capacidad, la incrementamos.

“Todo el mundo sabe masturbarse”. Pues no. Esta es otra falsa creencia. La masturbación también se aprende. Algunos con un “sobresaliente”; otros, con un “está progresando adecuadamente”. Depende de nuestra morfología, del grosor de la piel, de la habilidad y del permiso que nos demos para gozar. Y como es tabú, en lugar de enseñar a masturbarnos nos cohíben.

Nos trasmiten creencias erróneas, falacias moralistas que pueden llegar a perjudicar nuestra salud. Así, una sesión de “autoamor y autodescubrimiento” se convierte en tabú. Y en esto, la religión tiene mucho que ver.

En el catolicismo la masturbación es pecado. En el judaísmo, está prohibida. Los musulmanes la consideran un mal menor. El budismo desaconseja esta práctica porque considera que el deseo es una causa del sufrimiento. El hinduismo dice que masturbarse es decisión propia.

En una familia donde la represión sexual es muy alta, las jóvenes no se exploran, reciben mensajes negativos sobre su sexualidad y en consecuencia, algunas pueden llegar a tener vaginismo sin haber vivido ningún abuso, afirmó la fisioterapeuta sexual Tania Manglano en un encuentro en la Fundación Entredós.

Mientras las religiones prohíben la masturbación, los sexólogos la prescriben como tratamiento.

Y los terapeutas alternativos recomiendan que “no vayas al punto”. Es decir, que estimules todo tu cuerpo, descubras tu mapa erótico y te des un homenaje sin prisas. Y en lugar de masturbación hablan de sesión de autoamor o autotoque amoroso en la que elevas la energía de tu primer y segundo chakra hasta el séptimo y más allá. Una práctica que te relaja y te conecta con tu divinidad, en lugar de dejarte “más-turbado”.

Tabú # 2: la menstruación

Todo lo referente a la menstruación es aún tabú en la mayoría de los países. En India e Irán el 48% de las niñas no sabe nada acerca del período, según UNICEF. Esto es dañino para la salud física, psicológica y mental de esas niñas que no comprenden lo que les pasa y se sienten “sucias, aisladas y no válidas”.

Hay silencios que sanan y hay silencios que dañan. Con respecto a la sexualidad, lo más sano es compartir información y experiencias que nos ayudan a conocernos mejor y a entender lo que nos sucede. Esto nos permite tomar mejores decisiones y evitarnos dolores.

Contarnos cómo lo estamos viviendo es necesario. Con la tecnología y el ritmo actual de vida, estamos perdiendo eso que se genera en grupo cuando hablamos y compartimos experiencias de vida.

Los mayores dolores con relación al ciclo menstrual (aquellos que nos son patologías) tienen que ver con el silencio, con la ignorancia y con la representación del papel de género que va actualizándose o cambiando con el tiempo.

Hablar de sexualidad humana es hablar de la esencia misma del ser humano. —Maurice Merleau Ponty, filósofo.

Las mujeres somos cíclicas y cuando cuidamos nuestra alimentación, tiempos de descanso y actividades diarias, nuestros ciclos se acoplan a las fases de la luna y se hacen indoloros. Y cada fase tiene características distintas, cambios de humor y niveles de energía. Saberlo ayuda a organizar la agenda de actividades y a priorizar.

El tabú de la menstruación también desvaloriza la sangre menstrual, la considera un desecho. Y no lo es. Las mujeres cazadoras-recolectoras de la antigüedad la utilizaban para curar las heridas y para fertilizar la tierra. La sangre menstrual contiene células madre, un componente con alta capacidad de regeneración de tejidos corporales. Por eso la usan en laboratorios de criogenética para curar enfermedades celulares como la leucemia o el cáncer.

Tabú # 3: la virginidad

Virgen es el estado de una persona que no ha mantenido relaciones sexuales, que no ha sido explorada y que por tanto está intacta. Y una joven intacta puede tener el himen roto por causas distintas a las sexuales (ejercicios violentos, caídas, etc.). Por tanto, equiparar la virginidad con el estado del himen es una falacia.

Además, se suele relacionar la virginidad con la castidad. En algunas culturas y religiones se pide que las personas lleguen vírgenes al matrimonio. Por ello, promueven la castidad que es la virtud de dominar los instintos sexuales para orientarlos hacia un crecimiento espiritual. Esta abstinencia sexual se ve amenazada por la lujuria, la masturbación, la fornicación, la pornografía y la prostitución.

Y aunque las costumbres están cambiando, la idea de virginidad es aún una presión social, una forma de verificación que aprueba o excluye. Por ejemplo, una mujer que haya tenido varios novios —y, presuntamente, relaciones sexuales con todos ellos— antes de los veinte años en un país de América Latina tendrá pocos pretendientes “serios”. Demostrar que eres una buena chica es esencial si quieres casarte.

El tema de la honra y la virginidad ha dado para muchas novelas. “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez muestra el absurdo al que puede llegar una familia para «limpiar la honra» de una mujer que no llega virgen al matrimonio.

Todos tenemos tabúes. ¿Cuáles son los tuyos? ¿Qué te permites y qué no? ¿En qué te fijas? ¿Qué te estás perdiendo? ¿Qué quieres repetir? ¿Qué necesitas? ¿Cómo vives tu sexualidad? ¿Quieres liberarte de alguno de tus tabúes?

Tabú y represión van de la mano. En contextos políticos y sociales y psicoanalíticos, reprimir implica la pretensión de impedir un comportamiento o de castigarlo. En todos los contextos, la represión se ejerce desde un ámbito de poder, público o íntimo.

A grandes rasgos, vivimos en una sociedad jerárquica en la que una minoría que tiene el poder decide sobre la educación, la economía, la sanidad, la seguridad, la alimentación, etc. Vivimos en la sociedad de la desinformación por saturación (infoxicación) que distorsiona la percepción de la realidad. Una sociedad donde la cultura se ha masificado para consumir entretenimiento y diversión de manera fácil y rápida.

Vivimos en una sociedad consumista, del úsalo y tíralo, donde todo tiene fecha de caducidad, incluso las relaciones personales. Una sociedad donde la orientación sexual, los miedos, los tabúes y los placeres son usados para explotar un nicho de mercado.

También vivimos en una sociedad que está cambiando. Hay grupos de personas cuyo nivel de consciencia está aumentando de manera exponencial. Y todos tenemos la posibilidad de parar, reflexionar y decidir antes de actuar. De ser más conscientes del momento presente.

El tabú termina cuando rompemos el silencio y la censura y nos abrimos al diálogo, a ver lo mismo desde otra perspectiva. En una sociedad patriarcal, las mujeres que se conocen, se aman y se respetan a sí mismas están generando la transformación.

Respetarnos en una sociedad que nos insulta veinte veces al día es lo más valiente que podemos hacer: contra el patriarcado, la ternura es una herramienta brutal. —Judith Duportail, autora de «El algortimo del amor».

Puedes vivir la sexualidad que quieres, no la que el sistema nos vende. Y aunque la cultura en la que has crecido haya marcado tus valores y modificado tu cuerpo, puedes soltar lo que te pesa y quedarte con lo que te permite avanzar más a gusto. Liberarte de todas esas capas te permitirá conectar con tu verdadera esencia.

Nos han domesticado para que busquemos el amor afuera cuando ya somos amor. Eres una consciencia lista para brillar. ¿Te tomas el tiempo para indagar cuál es tu propia naturaleza?

 

Referencias

N.M. Parga, Adiós, niña buena, Amazon, 2018.

Paul Beatriz Preciado, la sexualidad es como las lenguas, se pueden aprender varias. El País.

Estudio sobre el contenido de la sangre menstrual

(*) Textos disponibles escritos y compartidos por Casilda Rodrigañez Bustos.

Autoconocimiento: escucha tu cuerpo y tus emociones

Escucha tu cuerpo

Acuarela, N.M. Parga

Nuestro cuerpo nos permite encarnar la vida; la hace visible, tangible, vibrante. No tenemos una vida, somos vida expresada a través del cuerpo.

Y la sabiduría de la vida le da a nuestros cuerpos mamíferos la capacidad de sanarse y regenerarse en todos los planos.

Además, estamos diseñados para el gozo. El dolor es una señal de aviso. Por eso, hoy quiero recordarte el maravilloso poder que tenemos dentro.

Autoconocimiento: escucha tu cuerpo

El cuerpo nos habla a través de sonidos, movimientos, dolores, placeres, pálpitos, corazonadas, retortijones, punzadas, vibraciones, calores, fríos, temblores, sarpullidos, etc. Nos abre o nos cierra. Y si no le escuchamos, si no gestionamos nuestras emociones, se enferma.

Esa enfermedad es un mensaje que debe ser atendido no un enemigo contra quien luchar.

Volver a sentir con atención plena es la clave para conectarnos con nuestro cuerpo e identificar las sensaciones corporales de las emociones.

Por ejemplo, con el enfado y la excitación sentimos calor, la cara enrojece y se acelera el corazón. La tristeza da frío, duele y hace que caigan las facciones. Temblamos de miedo o de deseo. La timidez y la vergüenza empequeñecen. El terror paraliza y nos deja sin aire. La ansiedad presiona el pecho, da mareo y ganas de comer sin hambre. La seguridad abre el tórax y nos agranda. El enamoramiento da la sensación de caminar sin tocar el suelo y nos hace suspirar. La atracción produce mariposas en el estómago, afloja las rodillas y nos convierte en flan. La gratitud es un bálsamo que relaja los músculos del cuerpo, agranda los ojos y alarga los labios en una sonrisa.

¿Qué sientes tú? ¿Qué es ese pinchazo bajo el esternón? ¿Por qué se te revuelven las tripas? ¿Qué emoción hay detrás de un dolor? ¿Y ese sudor frío en la nuca?¿Qué te produce tortícolis? y esas ganas de abrazar a todo el mundo… ¿lo has sentido?

Y el deseo, ¿qué despierta tu deseo? ¿Te abruma lo que sientes? ¿Prefieres no sentir nada a sentir demasiado? ¿Te permites sentir placer? ¿Qué te produce satisfacción?

Y, ¿cómo te sienta lo que haces? ¿Cómo reacciona tu cuerpo con tu diálogo interno? ¿Te has dado cuenta de cuáles son los pensamientos que te incomodan o molestan? ¿Cómo puedes cambiar tu punto de vista para que tu diálogo interior sea más amoroso contigo mismo/a?

Siéntete. Te lo mereces. Toma un tiempo cada día para estar contigo y mirar hacia adentro, lejos de tantos estímulos externos. Poco a poco irás expandiendo tu consciencia y tu conocimiento propio.

Un truco: RESPIRA PROFUNDO. Prestar atención a la respiración es la mejor herramienta para conectar con el cuerpo y es la base de la meditación.

Identifica tus creencias y patrones para desencajar

Nuestra familia nos transmite de manera consciente e inconsciente lo que está permitido y lo que no. Hay alianzas, hay que ejercer un rol y cumplir mandatos (flexibles y rígidos, explícitos o tácitos) o no hacerlo. Con castigos y recompensas aprendemos a encajar.

La sociedad nos condiciona con ideales, nociones y etiquetas que nos califican de válidos y aceptados o de rechazados y excluidos.  Y todo lo que no queremos ser va a nuestra sombra. Esa sombra se refleja en el espejo que nos muestran las personas a nuestro alrededor.

Así que cargamos con un montón de creencias, patrones y prejuicios que pesan y atan. Estos afectan nuestra relación con nosotros mismos y con los demás. Además, se relacionan con nuestra escala de valores. Por eso te invito a escribir la lista de tus creencias y a reflexionar cómo te están limitando o potenciando. Si no sabes cuáles son, aquí comparto algunos ejemplos relacionados con la sexualidad:

«Los hombres no lloran». Los hombres sí lloran y son capaces de expresar sus emociones.

«Las mujeres no se masturban». Las mujeres sí se masturban. El autotoque amoroso es la base del autoconocimiento físico.

«Parirás con dolor». Parirás con placer. En cuclillas y en el agua, acompañada por una matrona experta, por ejemplo.

«La menstruación duele». Cuando conozco y respeto mi ciclo menstrual siento los cambios de mi cuerpo y de mis emociones en cada fase sin dolor.

«La sangre menstrual da asco, es un deshecho». La sangre menstrual tiene células madre, fertiliza la tierra y regenera la piel y los tejidos.

«Los genitales huelen mal». Cada cuerpo tiene su olor propio que depende de varios factores, entre ellos, la alimentación.

Terapia Sexitiva, de Sergio Fosela, nos enseña que los miedos a mostrar nuestra sexualidad, nuestro placer y nuestra excitación tal y como la sentimos, provoca un olor característico a ocre (puede confundirse con el olor a pescado).

Recuerda que para cambiar patrones y creencias hay que potenciar el verdadero ser. Eso es amor propio, autoconocimiento y lealtad a ti. ¿Qué estás tolerando, soportando o permitiendo en tu vida por encajar? ¿Quieres salirte de ese molde?

Abraza tus emociones para crear realidad

Las emociones son energía en movimiento y viven dentro de nosotros el tiempo que se lo permitamos. Algo externo (un olor, una palabra, un gesto) puede detonar una emoción dentro nuestro y es nuestra responsabilidad identificarla, gestionarla y transformarla para crear realidad. Quien logra hacerse cargo de sus emociones está haciendo un gran trabajo para sí y para quienes le rodean.

El cuerpo tiene su propia sabiduría. La sabiduría de cada célula del corazón y de las tripas, nuestra intuición, es más rápida que la razón. Son nuestras emociones las que nos llevan a tomar decisiones en milésimas de segundo. Por eso es tan importante mirar hacia adentro y abrazar nuestras emociones.

Todas las emociones son necesarias y nos hacen humanos. De todas podemos aprender. Tal vez nos enseñaron a no llorar, a tragarnos el enfado, a callar. Eso es represión y enferma. Por algún lado tienen que salir todas esas emociones que han sido censuradas.

Huir de lo que sentimos no es la solución. Comer sin hambre y distraerse son las formas de huída y de consumo más usadas. Refugiarse en la comida, irse de compras, ver una película o la televisión es mucho más fácil que enfrentar ese malestar interno e intentar llegar a la causa.

¿Qué nutre mi malestar? ¿Cómo lo estoy alimentando para que siga vivo?

Si no lo has hecho aún, es hora de abrazar tu tristeza y más que llorar, llover. Sácala de ti en un espacio seguro. Abrázala y abrázate hasta la última gota. Permite que tu niño/a interior se exprese sin juzgar y en paz. Y recuerda que volverá a aparecer, como la lluvia. Y las lágrimas, como la lluvia, limpian.

Es hora de mirar a la cara a tu enfado y arder hasta que se consuma. Siente ese calor que te quema por dentro y respira. Escríbelo, desahógate y quémalo. Ese fuego te dice quién eres y cómo quieres vivir. Es una luz en el camino que te indica la dirección a seguir.

Escucha tu voz. La interna, que es la intuición y la externa que vibra y hace eco en el mundo. El sonido es creación. ¿Qué estás creando con tus palabras? ¿Qué persona quieres ser? Si sigues actuando como lo estás haciendo, ¿vas a convertirte en esa persona?

Acuarela: Eres un bosque, N.M. Parga

Escúchame bien, tu cuerpo no es un templo. Los templos pueden ser destruidos y profanados. Tu cuerpo es un bosque con árboles de robustas copas, dulces y perfumadas flores silvestres brotando por entre la madera. Tú volverás a crecer de nuevo, una y otra vez. No importa cuantas veces te hayan devastado. @arboloba

 

De corazón a corazón te pido: vuelve a ti. Escúchate. Conócete. Ámate.

Por favor comparte consciencia. ¡Muchas gracias!

Referencias:

Thich Nhat Hanh, Prendre soin de l’enfant intérieur. Reconciliation. Healing the inner child. Ed. Pocket, 2014.

N.M. Parga, Adiós, niña buena, Amazon, 2018.

Sexualidad: 5 curiosidades históricas

árbol de la esperanza

Óleo sobre lienzo, «Mujer, árbol de la esperanza», N.M. Parga 2017

La sexualidad humana es un tema amplio y complejo cuya comprensión, conceptos y costumbres van cambiando según la época, la cultura y la modificación de nuestra propia escala de valores.

Veamos algunos ejemplos en distintas épocas de la historia que nos muestran prácticas y expresiones distintas a las actuales y que tal vez no conozcas.

Sabías que…

Las sacerdotisas del templo de Ggantija en la isla de Gozo, Malta, iniciaban a los jóvenes en el arte amatorio 3600 años antes de Cristo. Y los sacerdotes iniciaban a las jovencitas. Eran clases prácticas de erotismo y sexo.

Vivían en comunidad pacífica y honraban a la naturaleza de distintas maneras. Una de ellas eran los rituales de fertilidad donde mujeres y hombres podían mostrar su sensualidad y tener relaciones sexuales con personas distintas a su pareja habitual. No se practicaba la posesión ni la exclusividad y el sexo fuera de una relación era permitido si así se acordaba.

Hoy, Malta es uno de los cinco países en el mundo que prohíbe y penaliza el aborto en cualquier caso. En la actualidad, hay algunas tribus en África donde estos rituales de fertilidad se siguen practicando.

Comportamiento viril, preferencias eróticas y nociones

La noción médico jurídica “heterosexual” es del siglo XIX (1868). Su origen tiene la función de establecer desde la clínica una orientación sexual contraria a otras consideradas patológicas. El objetivo era regular el sistema que une sexo y reproducción en el capital.

Antes del siglo XIX no se clasificaba a la gente por su orientación sexual. Por ejemplo, los antiguos griegos y romanos no catalogaban a la gente por sus preferencias sexuales. Y practicar el sexo con hombres y mujeres no estaba mal visto. Era parte de sus costumbres.

Sí diferenciaban lo que para ellos caracterizaba lo femenino y lo masculino. Miraban la forma de expresar los sentimientos, de moverse, de afrontar los conflictos, de ser dominante o sumiso. Y cualquier hombre «afeminado» era castigado con la burla y el desprecio por no cumplir con la idea de lo viril que debía ser un macho.

En cambio, un hombre «viril» podía mantener relaciones sexuales con otros hombres siempre y cuando estos fueran más jóvenes y actuaran como receptores. Ellos no lo consideraban una patología.

Y aunque tenían la costumbre de estas relaciones para pasárselo bien, solo podían casarse con mujeres, quienes administraban la casa y les daban hijos.

Hoy hay países donde se penaliza la homosexualidad, el adulterio, el aborto y la sodomía. Esta es una forma totalitaria de control sobre los cuerpos que se salen de la norma establecida.

Ahora nos complicamos con una cantidad de categorías y etiquetas en un intento por respetar la diversidad y buscar la igualdad y la equidad en la desigualdad de condiciones.

Ya no hablamos solo de hombre o mujer. Ahora toca tener en cuenta la identidad de género, el sexo biológico, la expresión del género y la orientación sexual.

Entonces una persona por su sexo biológico puede ser: hembra, macho o intersexual (hermafrodita).

Por su orientación sexual puede ser: heterosexual, homosexual o bisexual.

Por la expresión de género puede ser: femenina, masculina o andrógina.

Por su identidad de género, una persona puede estar conforme con su sexo biológico (cisgénero) o no estar conforme con su sexo biológico (transgénero). El término «transgenerismo» engloba las distintas identidades de género que no están conformes con su sexo biológico. En esta categoría entran los travestis. La tercera opción es sentirse identificada con ambos géneros o con un género no binario. Estos son los genderqueers o intergéneros.

Y aunque la expresión de la diversidad y el reconocimiento de la pluralidad son necesarios, todas estas nociones, como la de la diferencia sexual, han sido usadas por el aparato biopolítico para verificarnos, clasificarnos, aceptarnos, excluirnos y dividirnos.

¿Queremos seguir identificándonos con términos del siglo XIX?

¿Te has dado cuenta de las nuevas tendencias y neolengua?

El arte románico erótico

Por si no lo sabías, el arte medieval románico amoroso muestra un alto contenido sexual en las iglesias cristianas del siglo XII.

Sí, el arte religioso adornaba el exterior de innumerables iglesias con pinturas y esculturas eróticas e incluso explícitas. La mayoría de ejemplos se encuentran al sur de Cantabria y al norte de Palencia y Burgos, en España.

Tres hipótesis distintas dan una explicación a este hecho. La primera afirma que exponer escenas eróticas en el exterior de las iglesias era una forma de avisar contra los pecados de la carne y su correspondiente castigo.

La segunda teoría afirma que la sociedad medieval era más liberal que la actual en lo referente al sexo. Los conceptos morales eran distintos y la represión sexual era menor. Para ellos las escenas eróticas eran cotidianas, hacían parte de las costumbres normales y no tenían necesidad de ocultarlas.

Una tercera teoría sostiene que las escenas eróticas en el exterior de las iglesias tenían como objetivo estimular las relaciones sexuales y con ello contribuir al aumento de la reproducción. En esa época, la mortalidad infantil era muy alta y la esperanza de vida era muy baja. De alguna manera había que estimular el crecimiento de la población.

El masaje genital y la histeria

El masaje genital fue el remedio médico para aliviar el “útero ardiente” o «histeria femenina» desde la antigüedad.

Galeno, importante médico del siglo II, escribió que la histeria era una enfermedad causada por la privación sexual en mujeres particularmente pasionales. La palabra histeria viene del griego hystera que significa útero.

El tratamiento para calmar los síntomas era el masaje genital. Un médico o una comadrona masajeaba la zona genital de la mujer hasta que esta llegara al “paroxismo”, que en realidad era un orgasmo.

Cansado de masturbar manualmente a sus pacientes, el médico británico Joseph Mortimer G. patentó el primer vibrador electromecánico en 1870. Durante los primeros años, el vibrador solo tuvo una connotación médica. Después, con la aparición del porno, cambió el concepto de su uso y al entenderse como un objeto relacionado con el placer, se hizo menos visible. Casi tabú.

Es importante recalcar que fue en el siglo XIX cuando se planteó el conflicto entre el sexo como reproducción y como satisfacción. Y no para poner en valor el placer sino para condenar cualquier práctica sexual no reproductiva. En la época victoriana, la mujer «ideal» solo tenía sexo para reproducirse lo que hizo caer en picado la tasa de fecundidad. Este ideal influyó en la insatisfacción sexual de muchas mujeres, lo que aumentó la demanda de tratamientos contra la histeria.

La histeria era un diagnóstico donde caía cualquier estado que no se podía identificar fácilmente. Esto cambió e incluso la histeria desapareció como diagnóstico médico cuando el psicoanálisis profundizó en el estudio de la mente y en los trastornos de conversión.

Hoy existen expertos en masaje corporal completo con distintos enfoques. Unos se centran en el masaje con el fin de llegar al orgasmo y existen sitios donde puedes pedir masajes a la carta.

Otras personas tratan este masaje como una terapia, ya no contra la histeria, sino para sanar emociones de patrones inconscientes repetitivos que han cristalizado en forma de pequeñas bolitas en la zona genital e ingles. Los masajes ayudan a disolver estas tensiones, así como ayudan a identificar otros bloqueos propios y heredados.

¿Quieres saber más sobre este tema? En el capítulo 41 de Adiós, niña buena, Sara, la protagonista, explora esta posibilidad.

El origen de la palabra feminismo

La palabra feminismo fue inventada en 1871 por un especialista en tuberculosis francés que escribió un tratado sobre la feminización de los hombres que al sufrir de tuberculosis, pierden las características masculinas. A estos hombres les salían pechos, se les agudizaba la voz y se les caía la barba.

Así que la palabra feminismo aparece por primera vez como un significante médico sobre una patología de hombres tuberculosos en el siglo XIX.

Después, el hijo de Alejandro Dumas, un escritor sarcástico y panfletario, usa la palabra feminista (tuberculoso afeminado) para referirse a los hombres que defienden la causa y los derechos políticos de las mujeres de su época durante el movimiento sufragista en Francia.

Feminista era el hombre «afeminado» que defendía la causa de las mujeres en la esfera pública del siglo XIX, afirma el filósofo, investigador y catedrático transgénero Paul Beatriz Preciado autor del «Manifiesto contrasexual».

La palabra feminismo encierra la noción de un horizonte de transformación política y cultural. Sin embargo, la idea del feminismo también ha sido usada para enfrentar a mujeres y hombres, aunque todos hemos sufrido las consecuencias de una dominación feudopatriarcal.

Ahora la tendencia está cambiando hacia el transgenerismo y las teorías Queer. Se habla de «personas menstruantes, gestantes, lactantes» en lugar de mujeres. Los hombres, por mucho que se operen y se hormonen, no menstruan, no pueden gestar ni parir ni amamantar.

¿Es esta una nueva manera de invisibilizar a las mujeres?

Y ojo, desde organizaciones internacionales, se está fomentando la normalización de la pedofilia en centros educativos. La psicóloga clínica especializada en psicopatología Ariane Bilheran lleva años denunciándolo.

¿Te sorprende?

Son solo cinco ejemplos de costumbres, conceptos y expresiones de la sexualidad en distintas épocas y culturas que nos permiten relativizar un poco y entender que nuestras ideas y prácticas son social, política y culturalmente construidas.

Y te lo recuerdo porque se nos olvida la historia o nos la han contado de manera sesgada.

Somos el efecto de un borrado sistemático de los saberes subalternos sobre el cuerpo. —Paul Beatriz Preciado.

Te propongo que conectes con tu sabiduría interior y te preguntes qué te hace sentido, qué sientes verdadero, qué creencias falsas identificas y sueltas.

¿Qué opinas? ¿Lo sabías? ¡Déjame un comentario!

¡Gracias!

 

Referencias

Arteguías, el enigma del arte románico erótico.

Bilheran, Ariane, Préserver l’innocence des enfants – A. Bilheran avec le Dr Régis Brunod, 9-nov-20

Lichtenfels, Sabine, «Temple of love». Ed. Verlag Maiga. Alemania. 2011.

N.M. Parga, «Adiós, niña buena», Amazon, 2018.

Preciado, Beatriz. Presentación «La muerte de la clínica«. (Minuto 41- 47).

Tasso, Valéri, Mujerhoy.com ¿Por qué hay hombres «heteros» que se resisten al sexo anal?

Terapia de masaje genital, Innana massage

Una mujer que se ama a sí misma

Una mujer que se ama a sí misma

Mujer: somos la esperanza. Óleo. N.M. Parga

Nos hemos desvalorado con patrones de pensamiento heredados.

Nos han dicho que somos el sexo débil. Miden nuestra belleza en colores, kilos y tallas. Han dudado de nuestras habilidades intelectuales.

Nos han impedido el derecho al voto y el acceso a la educación. Nos es casi imposible llegar a puestos de poder. Nos pagan menos que a los hombres por hacer el mismo trabajo.

Nos acosan. Nos violan. Nos matan. Las leyes no nos protegen lo suficiente. Incluso durante una época se nos consideró seres asexuados, relegados a la satisfacción del macho y a la reproducción.

Y todavía la ablación es una práctica común en más de 32 países. Al año, tres millones de niñas sufren esta tortura. Lo peor, es que la realizan mujeres.

¿Por qué? ¿Para qué?

La potente sexualidad femenina

Algunas personas piensan que nos reprimen más a nosotras porque nuestra sexualidad es más amplia y potente.

Nosotras, a diferencia de los hombres, tenemos clítoris cuya única función conocida es la de proporcionar placer sexual. Nosotras no tenemos período refractario durante el sexo y podemos tener múltiples orgasmos sin perder energía.

Nosotras somos vehículo de vida porque gestamos a nuestros hijos y creamos proyectos vitales. Nosotras nutrimos el cuerpo y el alma. Amamantamos, primero. Alimentamos, después. ¡Hasta nuestra sangre menstrual es fertilizante!

Nosotras tenemos más inteligencia y fortaleza emocional. Nosotras ofrecemos nuevos puntos de vista para el desarrollo de la ciencia y las humanidades, como lo demuestra una larga lista de mujeres ejemplares. Y eso es muy valioso.

Somos valiosas. Deberíamos estar orgullosas de decir: «Soy una mujer, en un cuerpo de mujer y me encanta serlo».

Además, si mujeres equilibradas gobernaran no habría guerras. ¿Qué madre enviaría a la muerte, a la tortura y al sufrimiento en vano a un hijo propio o ajeno? ¿Qué mujer utilizaría el cuerpo de otra mujer como arma de guerra? *

Nosotras preferimos la colaboración a la competición. No tenemos que estar demostrando nuestra fuerza física, ni nuestro poder. Preferimos mostrar nuestras habilidades.

Pero nos educan y nos moldean para que seamos obedientes, para que traguemos entero y no intentemos salirnos de la norma. Nos educan para que nos creamos lineales olvidando que somos cíclicas. Y, ¿quién impone esas normas? Una minoría masculina que traza los parámetros para la mayoría. Hombres y mujeres.

Y aquí quiero recalcar que los hombres que aman a las mujeres (sean madres, hermanas, amantes, amigas, colegas…) están a favor de nosotras. No todos los hombres son depredadores, violadores, abusivos, etc.

Dejar de enfrentarnos es un paso necesario para recuperar nuestro poder en tanto que seres humanos. Somos complementarios y en este mundo dual todos tenemos polaridades femenina y masculina, por eso mi propuesta es el equilibrio, la armonía de la energía.

Cuidar los derechos de las mujeres no significa reducir los derechos de los hombres. Podemos vivir en equilibrio, equidad y paz.

Además de enfrentarnos nos reprimen o mejor dicho: nos enfrentamos y nos reprimimos. Y la represión disminuye el valor natural y vital que tiene la sexualidad. Reprimir la sexualidad es una forma de quitarnos poder. Es una herramienta de manipulación y de desvalorización.

La sexualidad es mucho más que el sexo y el sexo es mucho más que el coito. La sexualidad es tu propio modo de vivir el hecho de ser mujer/hombre/transexual, etc., tu manera de situarte en el mundo, mostrándote tal y como eres.

¿Te muestras tal y como eres?

Adiós, niña buenaEmpoderarse significa ponerse en valor e influir en el mundo. «El poder personal es la capacidad que tenemos como mujeres de ser capaces de crear la vida que anhelamos, a través de una elección consciente de aquello que deseamos experimentar».

Para conectar con nuestro poder personal hemos de liberarnos de miedos, mitos y culpas. Y eso es lo que hace Sara, la protagonista de Adiós, niña buena.

Sara decide deshacerse de límites, prejuicios y creencias. Decide aceptar su cuerpo y darse permiso para gozar. Decide expresarse con libertad y pedir lo que quiere. En el camino, aprende a conocerse mejor y a amarse a sí misma.

Paso a paso, Sara reflexiona sobre las relaciones de pareja, el matrimonio, la monogamia, la infidelidad y el poliamor para llegar a un nuevo equilibrio. Sara explora, entre otros temas, el masaje tántrico, los círculos de mujeres, el tantra, la terapia sexual de pareja, el cibersexo y los juegos de rol. Y lo hace desde la mirada curiosa de su niña interior.

Sara aprende que es necesario ser dueña y protagonista de su propio placer, de su vida. Es decir, ser responsable de su sexualidad. Empezar por ella. Ser su mejor amante. Eso implica conocer el propio cuerpo, los deseos, fantasías, necesidades, bloqueos y límites.

Y por supuesto, comete errores que son parte del aprendizaje, y vive experiencias placenteras y dolorosas que llaman su atención sobre la importancia de amarse a sí misma.

Una mujer que se ama a sí misma

Una mujer que se ama a sí misma, conoce sus límites, se respeta y se hace respetar. Se pone en valor y se compromete consigo misma. No acepta que la usen, humillen o maltraten. Se cuida. Se aprecia. Se acepta. Se da permiso para gozar. Toma decisiones y aprende de sus errores. Se hace visible. Se informa. Se forma. Crece en sabiduría. Cree en ella misma.

¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido con el conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido con la información? — T.S. Elliot.

Una mujer que se ama a sí misma sabe que no es una media naranja sino un ser completo y decide compartir o no su tiempo con otras personas llámense marido, pareja, hijos, amigos, padres, conocidos, compañeros de trabajo, etc. Una mujer que se ama a sí misma aprende del conflicto y se aleja de las personas y situaciones que le hacen daño cuando no las puede cambiar.

Una mujer que se ama a sí misma, en una sociedad de represión moderada como la nuestra, recupera el poder que ha ido cediendo en otras personas e instituciones. Recupera la confianza en sus propias capacidades, decisiones y acciones. Se responsabiliza de los propios éxitos y de los errores necesarios para el crecimiento y el aprendizaje. Aprende a gestionar sus finanzas lo que le da independencia.

Una mujer que se ama a sí misma se expresa con libertad, sin importar el qué dirán, y participa en el cambio social.

No podemos modificar lo que ya ha sucedido. Aunque sí podemos escoger la propia actitud ante cualquier circunstancia. **

Una actitud responsable, no guerrera. Luchar no es reivindicar. Creo que la lucha está sobrevalorada***. Nos enfrenta. Nos debilita. No es la solución. Hace parte del sistema jerárquico patriarcal, del divide y vencerás, del discurso bélico. Hace que pierdas el foco y que uses tu energía en atacar no en crear.

Lo que sí funciona es tejer redes de solidaridad y sororidad. Compartir los aprendizajes y hacer eco. Transformar desde la creatividad, la colaboración y la educación. Hacer valer los derechos adquiridos.

Se trata de recuperar nuestro propio poder, nuestra confianza e influir en el cambio de perspectiva a pequeña y gran escala desde hoy.

Dentro de ti tienes un reloj biológico que late y vibra para que veas lo esencial y practiques todo lo que significa ser una persona que —de verdad— se ama y se valora a sí misma.

Estas son algunas ideas. Me encantaría que compartieras en los comentarios otras formas de empoderamiento y amor propio. ¡Gracias!

Referencias

Parga, N.M. «Adiós, niña buena», Amazon, 2018.

Ruiz Ruiz, Isabel, «Mujeres». Colección de libros ilustrados.

Notas

* Se calcula que un 1-2% de la población es psicópata, de la cual el 50% son mujeres.

** Parafraseando a Viktor Frankl.

*** Creo que las palabras «luchar y lucha» podrían cambiarse por otros verbos y sustantivos más apropiados y enriquecedores. Las palabras que utilizamos son importantes y definen nuestra cosmovisión.

Las palabras: ¿el mejor estímulo sexual?

Las palabras son importantes, ¿lo sabías?

palabrasLas palabras tienen tono, volumen, temperatura, textura. Pueden acariciar o pueden herir. Pueden alegrar o entristecer, abrir o cerrar. Hay palabras que nos hacen temblar, que nos llegan al corazón. Hay palabras que nos encienden y otras que nos apagan. Hay palabras amorosas, respetuosas que nos acercan; otras cargadas de fastidio, desprecio y envidia que nos alejan.

«Gracias», «por favor», «me gustas», «lo siento», «te quiero», «¿por qué no?» son palabras llave. Abren puertas y almas.

La vida que albergan tus palabras te dice que tipo de persona eres […] Nuestra manera de hablar refleja nuestra manera de ser. —Luis Castellanos.

Al expresar tu amor y deseo, ¿te entienden?

Las palabras, cuando son habladas van acompañadas de miradas, gestos, movimientos, presencia corporal, olor, ruidos, pausas, atención o desinterés y todo esto comunica un mensaje que puede ser sincero o incoherente. Y muchas veces no nos damos cuenta de que decimos una cosa pero con nuestro cuerpo damos una información distinta. Cuando esto pasa, no resultamos creíbles y nos mal interpretan. El cómo nos expresamos, la comunicación no verbal, y el contexto influyen en la comprensión del mensaje.

A veces somos sinceros y no resultamos convincentes porque no nos estamos comunicando en el mismo nivel sensorial (visual, auditivo, kinestésico) de la persona con quien interactuamos. De nuestros cinco sentidos hay uno o dos con los que nos expresamos más y cuyos estímulos percibimos mejor.

Visual: Las personas más visuales necesitan ver para creer, y cuando hablan suelen decir: “ya veremos”, “qué panorama”, “no me digas que me quieres, demuéstramelo”, «lo veo claro», «sin sombra de duda».

El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada. —Gustavo Adolfo Bécquer.

Auditivo: Las personas más auditivas prestan mucha atención al tono, volumen y calidez de la voz. Dicen: «me suena», «te escucho». Necesitan oír una voz convincente que diga: “te quiero”, “me gustas”, “te lo recomiendo”, “perdóname”.

Kinestésico: Las personas kinestésicas necesitan el tacto, la velocidad, el movimiento, la temperatura y la textura en sus relaciones y aprendizajes. Se expresan a través de la experiencia en sí misma. Dicen: «esto huele mal», «es una razón de peso», «creo que no te sigo».

Los estímulos sensoriales están presentes en todos los ámbitos de nuestra vida. También en la sexualidad y el amor. Y a ti, ¿qué te hace sentirte amada/o?

Podría ser ver el interés, el deseo y el aprecio en la mirada o el comportamiento del otro. Pasar tiempo juntos y sentir que esa persona hace cualquier cosa para estar contigo. Que te diga que te ama de cierta manera. Sentir el contacto físico.

Podemos demostrar el amor y el aprecio con miradas, regalos, preparando una cena deliciosa. Con palabras, llamadas, mensajes de texto. Con caricias, masajes, besos, intimidad y sexo. Compartiendo tiempo juntos. Con tu presencia y atención.

A veces somos sinceros pero no nos hacemos entender. Un caso real:

Ana es auditiva. Necesita que le pidan las cosas de cierta manera. Su marido, Pedro, es kinestésico y habla poco. Prefiere la acción y el contacto. Por la noche, cuando ambos llegan del trabajo, Ana le da a Pedro un beso en la boca dos segundos más largo de lo normal. Pedro interpreta esto como una señal de ganas y le mete mano. Ella se siente agredida y le dice:

—¡Así en frío no, chico, es como si me estuviera metiendo mano el frutero. Pon música, enciende una vela, dime algo bonito. —Resopla—. ¡Parece que ya no me quieres!. —A él le molesta el comentario, se siente rechazado y responde de malas maneras.

—¡Claro que te quiero! —Y ella, por supuesto, no le cree del todo. Y si además a él le cuesta hablar, la relación se resquebraja.

¿Qué está fallando aquí? Falta expresar el estímulo adecuado para producir la sensación y facilitar la comunicación efectiva. ¿Te ha pasado? ¿Qué estímulos necesitas para creértelo?

Y uno de los estímulos más importantes y esclarecedores es la palabra.

Di lo que piensas, pide lo que quieres

Pedir lo que te gusta y escuchar lo que le gusta a tu pareja es clave para el placer de ambos y mejora la relación.

Imagina que estás en la peluquería. Te están lavando la cabeza y el agua está hirviendo. Puedes comunicarlo de diferentes maneras:

  1. Lo dices.
  2. Haces un gesto de dolor y te apartas.
  3. Lo dices, haces un gesto de dolor y te apartas.

¿Cuál crees que será más efectiva? La tercera porque utilizas todos los medios para reforzar el mensaje.

Lo mismo pasa en la cama cuando te molesta o te apetece algo en concreto. Susurrar cosas como: «Umm», «Aah», «Uy», «Oh», «Sí», «Uf» no es hablar y se presta a confusión. Recuerda que somos distintos y que también lo somos durante el sexo. Es mejor pedir lo que quieres en lugar de esperar a que tu pareja lo adivine.

Cuando hablas con tu pareja de lo que te gusta y de lo que no, puedes elegir expresarte de manera directa o indirecta.

Directa: «Creo que nos vendría bien hablar de nuestra sexualidad como hablamos de cualquier otro tema, las vacaciones, la repartición de tareas domésticas, etc.».  Es mejor comenzar por lo positivo, por decirle lo que más te gusta, lo que hace bien. Ya después y con cariño puedes comentar lo que te gustaría cambiar.

Indirecta: Por ejemplo, si quieres practicar el spanking. «He leído en una revista que cuando se azota el culo durante el sexo la intensidad del orgasmo crece, ¿por qué será?». Después de escuchar su respuesta podrías añadir: «Podríamos probarlo la próxima vez, a ver si es verdad».

Claves para verbalizar tus preferencias

Ten claro qué quieres decir, cuándo y cómo quieres decirlo.

Lo mejor es expresar lo que quieres en voz alta, de manera clara y con respeto. Si solo recurres a los gestos, gemidos o le pones la mano donde quieres que te toque, tal vez la otra persona no lo capte. Llama a las cosas por su nombre.

Es mejor hablar de estos temas en momentos tranquilos, sin interrupciones, sin enfados, sin cansancio. Puede ser después de ver una peli en casa, durante el desayuno o la cena un fin de semana, durante un paseo o un día sin prisa.

Es más fácil empezar con comentarios positivos. Después, dile lo que te gustaría hacer o lo que preferirías dejar de hacer. Por ejemplo: Me gustaría que me susurraras al oído lo que me vas haciendo. Me gustaría que me dieras un masaje por todo el cuerpo antes de. Preferiría que no me buscaras sexualmente después de una discusión. Preferiría que no me chuparas la oreja.

Cómo usar las palabras para subir la temperatura durante el sexo

Da instrucciones precisas

«Succióname más fuerte, así, sí», «prueba a ir un poco más rápido o más suave, mira de este modo —y en ese momento, sobre su mano, le haces el movimiento a la velocidad y con la presión que deseas—».

«Hazme, besa, acaricia, chupa…».

«Quiero tu… en mi… ahora».

Cuéntale cuánto te gusta y cómo te hace sentir

Nos encanta sabernos deseados y muchos nos sentimos inseguros con nuestros cuerpos.

Prueba con: «Mmm, me encanta»,

«qué sexi eres»,

«cómo me excita tu…»,

«quiero… contigo».

Habla sucio

Puedes decir palabras obscenas o subir la temperatura sin utilizar un lenguaje soez. Es una cuestión de gustos.

Practica a solas: Si nunca lo has hecho, es más fácil empezar por practicar a solas y en voz alta mientras te masturbas. Fíjate cómo te sientes y qué te excita. Irás soltándote y tomándote el pulso.

Literatura erótica: Otra opción es leer juntos alguna escena de una novela erótica. Hay toda una gama de estilos y de escenas: poética, sutil, explícita, pornográfica. Te recomiendo «Adiós, niña buena«, por supuesto.

Tantea: Puedes medir la temperatura inicial con una pregunta: ¿Qué quieres que te haga?

Empieza con frases sencillas y naturales. Utiliza tu propio estilo. Al comienzo usa palabras suaves y a medida que la cosa se pone más caliente vas subiendo el tono para decir y escuchar guarrerías. Si eso es lo que prefieres.

Describe lo que haces durante el sexo. Dile lo que vas a hacer o lo que está sucediendo como: «siento tus dedos dentro de mi cuerpo y me encanta».

También puedes relatar alguna fantasía que tuviste o un recuerdo de algo vivido juntos que te excita.

Ten en cuenta el factor sorpresa. Si siempre usas las mismas palabras y haces lo mismo, se convierte en una rutina y pierde su encanto.

Aclara los límites. Si una palabra te parece muy fuerte o si tu pareja está siendo brusca, díselo con tacto. «Prefiero que me digas…» o «me está doliendo…».

Recuerda que es mejor pedir lo que quieres y decir lo que prefieres antes de esperar a que la otra persona lo adivine o te mal interprete por no hablar.

La palabra es un estímulo sexual. ¿El mejor? Eso lo decides tú.

 

Referencias

De Béjar, Sylvia, Tu sexo es tuyo, Editorial Planeta, Barcelona, 2011.

Parga, N.M. Adiós, niña buena, Amazon, 2018.

Robbins, Tony, Poder sin límites, Penguin Random House Ed. Barcelona, 2015

Roca, Nuria; Sexual-mente, Espasa Libros, Madrid, 2007.

Traba, Raquel; Higón, Beatriz, Los placeres de Lola, Santillana Ediciones, Madrid, 2008.